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  Marzo 01 de 2006
No hay que creer en ellas, pero que las hay?
Brujas en Bucaramanga <br>

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Brujas en Bucaramanga

No hay un dato exacto del número de lugares destinados a la hechicería en la ciudad ni cuánto dinero mueven. Personas de todas las edades y estratos acuden a ellos para buscar soluciones a problemas sentimentales o económicos. Rece para estar protegido y luego lea esta crónica.

Por Yurany Arciniegas Salamanca
yarciniegas2@unab.edu.co

El recorrido por la hechicería criolla puede iniciarse en el Centro Metropolitano de Mercadeo, en pleno centro de Bucaramanga. En el cuarto piso, en un pasillo angosto rodeado de locales pintorescos, se venden velones y velas de colores, imágenes religiosas de porcelana de tradiciones cristiana, negra e indígena que están junto a jabones a los que atribuyen poderes mágicos. Tras el kariakito morado y el champagne de caron, esencias que por 3.000 pesos prometen regresar el ser amado o atraer fortuna, llegan personas que van en busca de salud, dinero o amor. O las tres juntas, si hay algún rezo o pócima que tenga semejante poder.

Una mujer observa una vitrina y un hombre bajito, de unos 50 años, moreno y canoso que dice llamarse Orlando Araque, se para a su lado.

•  ¿Estas esencias son efectivas?

•  le pregunta ella.

•  No. Esas dicen que atraen el amor pero eso no sirven pa' nada.

•  Entonces, ¿qué sirve?

•  Lo mejor es hacerse un trabajo con tabacos. Se fuman como novenario a nombre de la persona que quiere para que se desespere y regrese a su lado.

•  Ella se sorprende pero su curiosidad hace que siga preguntando.

•  ¿Y quién me puede hacer eso?

•  Yo lo hago.

•  ¿Y cuánto cuesta?

•  Uy, eso está como caro. ¿Quién más podría leerme el tabaco?

•  Mercedes, una prima mía, pero ella cobra caro.

•  ¿Como cuánto?

•  Entre $120.000 y $150.000.

•  ¿Y por qué cobra más?

•  Porque ella le pone más mística, gasta más tiempo.

Orlando le dice dónde encontrar a Mercedes y 2 horas más tarde está allí. Se trata de un parqueadero amplio, destapado, al costado de la carretera vieja que conduce al barrio Mutis. No hay un sitio donde alguien pueda vivir. Sólo se ven unos hombres descargando camiones de una conocida marca de gaseosas.

•  ¿A quién busca?

•  pregunta uno de ellos.

•  A Mercedes.

•  Siga al fondo

•  le contesta el tipo.

Camina por el suelo de barro seco y algunos la observan hasta encontrar un cambuche pequeño. Dos mujeres están sentadas fumando. Una de ellas es Mercedes, de pantalón pescador, camisa verde y una pañoleta sobre su cabeza. La otra es una cliente.

•  ¿Cómo supo de mí? ¿Quién le dijo que me podía encontrar acá?

•  interroga con cierto tono de desconfianza.

•  Orlando, un señor que vi en la plaza, pero acordé encontrarme acá con alguien que la quiere consultar dice ella para justificar su presencia allí sin tener que pagarle.

•  No ha llegado nadie más, pero siga.

Ella espera en un mueble viejo que reemplaza los cojines por láminas de cartón, mientras la cliente de Mercedes sigue fumando. Allí las personas acuden para prevenir problemas o buscar soluciones mediante la lectura de cartas, tabaco, tarot o el uso de hierbas, velas, velones, santos...Es un lugar feo en el que todo huele a tabaco.

•  Ese hombre vuelve

•  le dice Mercedes a la cliente.

•  ¿Vuelve con su esposo?

•  le pregunta la mujer que espera en un intento por entrar en la conversación.

•  ¡Ah, sí claro!, pero eso todavía nos falta.

•  ¿Sí? ¿Qué falta?

•  Hay que seguir con el novenario, para luego enterrar una foto de él en una maceta.

La joven en el sofá queda atónita, trata de disimular su escepticismo y le dice: ¿Es costoso?

•  Multiplique, son 9 caramelos diarios (así le dice a sus cigarros) a 2 mil cada uno y son 2 semanas (252.00 pesos).

La recién llegada detiene la conversa­ción para contestar su celular y se marcha tras decir que no llegó quien esperaba.

Este lugar no está a simple vista y para llegar a él hay que tener la referencia precisa. Sin embargo, encontrar a los adivinos no es difícil. ?¿Problemas? ¿Duda de su pareja o cree que le engaña? Conquístela ligándola a sus pies en 3 días. Regreso ser amado, no importa la distancia. Si no prospera en los negocios o no le rinde el dinero, visíteme?. Anuncios como éste aparecen a diario en la prensa y tras ellos hay un negocio que nadie controla y que, así muchos digan no creer en cosas del ?más allá', sigue fuerte entre la sociedad bumanguesa.

Comúnmente los llaman brujas o brujos pero la mujer de este aviso, igual que Mercedes, no tiene la apariencia de aquellas de los cuentos infantiles ni forman parte de la ficción sino de la realidad urbana. Ellos no consideran correcto decirles así sino que se hacen llamar ?síquicos' pues afirman que predicen o ven el pasado y el futuro.

   
En espera de una bruja

En otro punto de la ciudad, en una casa del barrio Kennedy, Doris Ballesteros, quien trabaja con hechicería, atiende a 2 mujeres en el segundo piso de su residencia. Afuera, en un patio, se respira un fuerte olor a cigarrillo, característica común en esos sitios.

Las tejas de aluminio sostenidas por palos de madera protegen de los fuertes rayos de sol a otras 6 personas que esperan para entrar a ?consulta', término empleado con frecuencia, como quien va a ser atendido por su médico de cabecera: 4 mujeres entre 30 y 40 años, un joven delgado de unos 20 y un travestí rubio, gordo, con pinta playera .

?¿Había estado aquí antes? ¿Por qué viene??, pregunta una mujer al joven sentado a su lado. ?Creo en ella y me ha ido bien últimamente?, dice de manera tímida mirando al bolso que tiene sobre las piernas.

Doris atiende en un cuarto con altar, santos y velas encendidas que rodean re­cipientes de vidrio en el suelo. Es morena, robusta, de regular estatura, con rostro de facciones delicadas y acento costeño. Afirma que tiene un don innato y de tradición en su familia: ?Muchas personas piensan que es mentira, pero es real. Que no todos los que practiquen este oficio sean honestos es distinto... Lo importante es que uno se com­prometa y cumpla, sé que muchos roban, usted va y pierde la plata?, indica.

En Colombia no existe ley alguna que prohiba este tipo de prácticas y en Bucaramanga no hay denuncias de estafa por alguno de esos sitios. Doris Ballesteros

Señala que una vez agentes de la Policía llegaron a su casa porque los vecinos se quejaron del olor que salía. ?Ellos no pueden hacer nada porque yo no hago algo malo, acá vienen hombres, mujeres, gays, gente pudiente o sin dinero y a ninguno he estafado?, dice.

El mago de las leyes

En el barrio El Carmen, Jorge Santander, un abogado nacido en Venezuela hace 25 años, moreno y robusto, se dedica desde niño a la hechicería. Atiende todos los días de 30 a 35 personas y dice que en Bucaramanga, a diferencia de otras ciudades, la mayoría de sus clientes son hombres y el 80% acude por problemas amorosos: ?Aquí vienen per­sonas de todos los estratos económicos y como muchos también tienen problemas jurídicos, yo los asesoro y complemento mis dos oficios?.

No quiso revelar todos los precios por hacer rituales para el amor, la suerte o el dinero, pero afirma que la lectura de cartas o tarot cuesta 5.000 pesos y leer tabacos y cartas $12.000. Asegura que de eso no puede sobrevivir porque sus precios no son tan elevados: ?Yo no soy como otros que piden $300.000 o $500.000 por un trabajo?.

Una mujer de 52 años, blanca, cabello negro y de regular estatura, quien pidió que no se revelara su nombre, acudió donde una bruja con la esperanza de que sus ritos ayu­daran a que su hijo, capturado y enviado a la cárcel Modelo, saliera pronto del penal. ?Me pidió dinero para unos velones y unas oraciones. Gasté unos 150.000 pesos, pero él sigue allá. Es triste, uno se siente enga­ñado y por eso dejé de ir?.

Brujas y brujas reconocidos hay varios en la ciudad. ? La Guajira ', así se hace llamar una mujer que ofrece sus servicios esotéricos en la sección de clasificados de Vanguardia Liberal y quien pese a publicar con frecuencia su foto en el diario no quiso dar una entrevista. Cobra 5.000 pesos por consulta, $10.000 por una lectura de cartas y por un ?trabajo' para solucionar algún problema de suerte, $95.000.

Doris Ballesteros dice que en ocasio­nes sí puede vivir de eso y que para ella no está mal porque le responde a sus clientes: ?Hay un doble interés. Ellos vienen para que uno les ayude y uno espera un pago por su trabajo, todo no se puede hacer gratis?.

La sicóloga Olga Patricia Torres afirma que la principal razón por la que algunos buscan sitios de hechicería es la inseguridad para resolver sus propios asuntos: ?Temen a la respuesta objetiva que le puede dar un profesional en relación con sus problemas personales y van a esos sitios, pero en ello influye la educación, la cultura o la angustia de cada persona?.

Verdaderas o falsas las predicciones, consejos y efectos de lo que hacen los he­chiceros, muchas personas acuden a ellos y se aferran a sus ritos como si se tratara de palabra divina. Esos personajes conviven en esta urbe, aunque al exterior de sus casas pasen desapercibidas, pues no tienen las características físicas con las que algunos han estado acostumbrados a relacionarlas en películas y cuentos de hadas. Brujas y brujos más comunes de lo que cualquiera creería.


 

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