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Ciudad
  Abril 09 de 2007

Habla el científico Emilio Yunis: 'Hay que desterrar la 'malicia indígena''
Emilio Yunis Turbay es un científico nacido en Sincelejo (Sucre) que combina su investigación genética en los laboratorios con la indagación por la naturaleza de los colombianos.
/FOTO PASTOR VIRVIESCAS GÓMEZ
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Habla el científico Emilio Yunis: 'Hay que desterrar la 'malicia indígena''

Afirma que Colombia optó por un proceso de blanqueamiento de la raza y dice que santandereanos o antioqueños no le pueden echar la culpa de lo que son a los genes sino a la historia y la cultura.

Por Pastor Virviescas Gómez
pavirgom@unab.edu.co
Si la palabra desoxirribonucleico le cuesta trabajo a muchas personas, Emilio Yunis Turbay en cambio está familiarizado con el ADN, las pruebas de paternidad, la clonación y la genética, ciencia de la que es su padre no sólo en Colombia sino en Latinoamérica.

Este médico sincelejano, aparte de encerrarse días enteros a investigar en su laboratorio del barrio La Soledad de Bogotá, se ha dedicado a indagar las raíces de los colombianos, a quienes sin sonrojarse los clasifica como ladinos, un sinónimo de aprovechados, avivatos y quienes únicamente piensan en encontrar atajos.

Yunis, autor de los libros Por qué somos así y Somos así, cuestiona el carácter parroquial de los habitantes de este país, defiende la clonación terapéutica, habla de los fundamentos y posibilidades ilimitadas de la ciencia y dice que, a su pesar, sí será posible obtener la inmortalidad. También manifiesta que existe la forma de establecer la identidad de los miles de restos óseos que cada día se encuentran en fosas a lo largo y ancho del territorio nacional, pero que se requiere ante todo de la voluntad para conocer la verdad.

Yunis, fundador del Instituto de Genética de la Universidad Nacional, fue uno de los invitados a la Feria Ulibro 2007 de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB.

Una de las mayores obsesiones del ser humano, ha sido la búsqueda de la inmortalidad. ¿Es posible encontrarla o no es más que una vana ilusión?
Desafortunadamente la ciencia y la tecnología de hoy van a hacer que el hombre sea inmortal, pero esa inmortalidad estará ligada sólo a segmentos de la sociedad, que tienen el poder económico, porque es costoso y si nosotros por ejemplo en Colombia no tenemos acceso a la salud básical, mucho menos la población estará en capacidad de cubrir todo lo que implica ese recambio genético, celular y de órganos que significa lo que llamo ‘la búsqueda de la inmortalidad’. En mis libros digo que sí se va a lograr, no que yo lo quiera.

Después de la clonación de la oveja Dolly y la definición del genoma humano, ¿se puede afirmar que la ciencia no tiene límites en este terreno?
Ni en éste ni en otros. No creo que sea abusivo decir que la ciencia todo lo conocerá, a pesar de que haya pensamientos provincianos, dogmáticos, para tratar de bloquearlo, pero históricamente se puede decir que desde que el conocimiento afloró (año 1500, aproximadamente) y desde cuando comienza la investigación científica seria, el conocimiento ha sido incontenible y todo parece que va a culminar con que el ser humano, por intermedio de la ciencia y la tecnología, todo lo conocerá.

En el campo de la Medicina y la Biología, fue un hito el descubrimiento del genoma, pero en cierto sentido es equivalente la oveja Dolly y el fenómeno de la clonación, porque a pesar de que no se conozca absolutamente todo el funcionamiento del cuerpo humano y de todos los genes, las clonaciones, particularmente la clonación terapéutica con toda esta historia de las células madres es una historia que va a venir de manera progresiva, aunque todavía en Colombia no la hay, a pesar de decirse mentiras como la de que a fulanito le aplicaron células madre y miren cómo se curó. Eso vendrá poco a poco.

El futuro se hace progresivamente y la combinación de clonación, células madre, diagnóstico genético, va a llevar seguro a la inmortalidad del hombre.

¿La genética humana tiene límites éticos o que cada quien se encierre en su laboratorio a ensayar una pata de rana, un cerebro de atleta?
La época tiene algo particular con relación a otros momentos históricos y es que nunca antes se habían tenido tantas herramientas a disposición de la ciencia y la tecnología como ahora. Pero hay otro ingrediente importante, y es que antes no se tenían elementos para discutir lo que puede hacer el hombre en una sociedad ilustrada, del conocimiento; no en una sociedad parroquial, sin ver otras dimensiones posibles.

Hace unos años se pensaba que hacer quimeras humano-animal era imposible y era un desastre moral y ético incomparable. Pero las academias de ciencias de Estados Unidos, el Gobierno de Gran Bretaña, todas las estructuras que más o menos pueden pensar a propósito hoy concluyen algo que era evidente: uno puede hacer quimeras humano-animal, que siempre serán temporales, nunca llevarán a ponerle los cuernos de una cabra al humano. De eso no se trata, porque además biológicamente es imposible que se desarrolle.
 
Las quimeras humano-animal van a ser sólo experimentales y durarán a los sumo 15 días porque tienen como finalidad poder derivar en un embrión de un animal -un óvulo de una vaca o una coneja al cual se le introduce el núcleo de una célula humana- células madre humanas, embrionarias sin que se trabaje con un embrión humano, evitando así parte del problema ético y moral de las religiones.

Usted caracteriza al colombiano como un ser ladino que está buscando el atajo por dónde colarse. ¿Por qué los antioqueños se creen raza distinta? ¿Los costeños no son tan corruptos? ¿los santandereanos son orgullosos? ¿Por qué somos así?
Primero debo decir que esa frase de que los costeños no son tan corruptos hay que ponerla en un contexto general, porque toda Colombia es un territorio de la corrupción.
Este es un país fragmentado por la geografía tan bella que tenemos, que no une, sino desune. Todavía hay territorios y cordilleras infranqueables.

La geografía fragmenta al país y la sociedad y la historia hicieron una sociedad dividida que regionalizó la raza y puso a los negros en una parte, los mulatos en otra, los indígenas en otra, hizo regiones desequilibradas y a los ciudadanos les dio categorías, de acuerdo con un escalafón nacional.

Algunos territorios como Santander fueron de poblamiento mucho más tardío; no fue el mismo que tuvo todo el núcleo central de la región andina. Aquí la base indígena desapareció casi por completo y llegaron pobladores blancos.

Santander con esa herencia alemana, no porque hubiera venido una gran población, sino que bastaron dos docenas de jóvenes, buen mozos, regando de espermatozoides la región para hablar de herencia alemana y ésta es del grupo de (Geo von) Lengerke, no la que vino con la Conquista con guerreros como (Nicolás de) Ferderman y (Ambrosio) Alfinger.

Colombia regionaliza la raza, hace regiones aisladas y cada una construye sus valores ideológicos. Los santandereanos hablan de la raza comunera y todavía se lamentan del Estado Federal de Santander, los antioqueños hablan de la raza paisa y los costeños dicen que ellos mostraron la entrada de la civilización, la música y las letras, los chocoanos quedan en nada porque son ciudadanos de séptima categoría en Colombia y a los pastusos los tenemos en niveles sumamente bajos. Por eso hay un contraste entre un federalismo natural y un centralismo impuesto.

¿Cómo nos miran los países desarrollados?
Es algo increíble, porque además el nivel de discusión y análisis es sumamente limitado y parroquial. Si volvemos por ejemplo al tema de inmortalidad, nuestro nivel de discusión es primario, porque mientras el mundo está viviendo una crisis demográfica generalizada, que debería tener una significación particular para Colombia y ser un tema de debate ahora que se habla del Tratado de Libre Comercio por tener una población grande, lo cual debería llevar a considerarla como un activo, ninguna de esas cosas se debate.

La mente ladina se termina circunscribiendo a la discusión de los problemas, en la medida de lo que le dan sus ojos y los consejos comunales de Gobierno son una visión de lo parroquial, de la inmediatez del problema, pero no una visión para proyectar al país.

Colombia tiene 160 mil kilómetros de carretera, de los cuales sólo 15 mil son la red primaria y de ella apenas está en buen estado un 50 por ciento, la red secundaria es muy pobre y la terciaria ni se diga. Falta comunicación entre municipios y regiones, lo cual da territorios aislados, débiles en educación, salud e infraestructura y fácilmente presas de cualquier tipo de delincuencia, como la de matones armados que establecen su ley.

¿En esta Colombia que se gasta un grueso de su presupuesto en helicópteros, fusiles y militares, hay espacio para hacer ciencia?
Toda la vida dije que eso era así, pero hace años estoy pensando lo contrario. En el mundo no hay un solo país que haga investigación científica si no tiene excedentes económicos. Los desarrollos científicos son lujos para la sociedad, que tiene primero que nutrir, educar, darles salud a sus pobladores y si tiene excedentes económicos junto a una dirigencia capaz que mire hacia el futuro, logrará que esos excedentes se inviertan para producir más.

El problema serio de un país como éste es que la dirigencia debe saber, si no tuviera una mirada parroquial, que sólo puede crear excedentes económicos con la ciencia y la tecnología. Ella es la que genera los recursos.

Si no hacen agroindustria y desarrollos tecnológicos, por ejemplo en Santander con la piña, el café o el cacao, mirando las potencialidades reales de la región, se quedarán celebrando los 150 años del Estado Federal de Santander y defendiendo la raza comunera, y ojo que no estoy en contra de los valores regionales, que deben permitir el acceso a la universalidad.

Piense que está examinando a un colombiano promedio en su laboratorio. ¿Qué tanto tiene de indígena o de mestizo?
Eso es posible, pero con este agravante que es necesario decirlo: los genes no determinan la historia ni la cultura. La cultura no está en los genes; se construye a partir de una dotación biológica que tenemos pero afortunadamente el cerebro es mucho más que los genes. El cerebro como vehículo de la cultura, de la mente, de la creación, del conocimiento, es mucho más.

El colombiano en términos generales tiene una base de 65 por ciento de herencia caucasoide, un 20% de herencia indígena y un 15% de base negra, pero eso tomado globalmente porque de una región a otra el cuadro varía. Tenemos el contraste si miramos a Chocó y lo comparamos con Santander son como el reverso de la situación.

Mientras allá hay un aporte negro asombrosamente mayoritario, aquí hay una aporte caucasoide mayoritario, porque esta es de las regiones que se conciben como blancas, entre otras cosas, porque en Santander no hubo minería y las zonas petroleras vinieron después.

Que se sepa la verdad
Emilio Yunis dice que se puede conocer hoy mismo la identidad de quienes están en la fosa común del Palacio de Justicia o de los cientos de muertos del 9 de abril.

En su concepto, lo primero que tendría que hacer el país, los gobernantes y las autoridades judiciales es partir de la base de que Colombia necesita de una manera irreductible acceder a la verdad en todo momento y para todas las cosas.

Colombia tiene la estructura científica y los laboratorios para ese campo. Pero lo que se requiere es el convencimiento de que se debe buscar la verdad, no sólo en el Palacio de Justicia y el 9 de abril, sino que en estos días calculaban que podía haber 30 mil desaparecidos en Colombia.

Eso supone un trabajo gigantesco para adoptar la verdad y para que las cosas se digan no ladinamente, ‘usted quiere unos huesos, coja estos’, sino ‘si a usted le secuestraron o le desaparecieron un hijo o su marido, los estudios están demostrando que estos son los restos de esa persona’.

Esa labor tendría una gran recompensa: enderezar la justicia, habituarnos a la verdad, crear estructuras científicas poderosas que nos permitan dar un salto enorme.


 

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