El director de cine colombiano, Víctor Manuel Gaviria González , fue uno de los invitados al Santander Festival Internacional de Cine Independiente, SANFICI, espacio que tiene el objetivo de convertirse en un lugar de convergencia del cine independiente mundial.

Víctor Gaviria nació en Medellín, se ha desempeñado como director, guionista, poeta y escritor. Sus largometrajes han ganado numerosos premios internacionales y han sido seleccionados en algunos de los festivales más importantes del mundo.  Ha sido director de varios cortometrajes y documentales. Es reconocido por La vendedora de rosas (1996-1998), una de las películas más premiadas del cine colombiano y con la que participó de nuevo en la Sección Oficial del Festival de Cine de Cannes. Obtuvo también reconocimientos como mejor película en los festivales de cine de San Juan de Puerto Rico, Denver, Santa Cruz y Eslovaquia.

¿Qué ha significado el cine en su vida?

El cine me ha servido enormemente, sobre todo, para poder conocer el entorno de mi ciudad, de Medellín.

Pues obviamente aprecio el cine como espectador y disfruto el placer que él da, porque es increíble la experiencia de las salas oscuras y las personas totalmente concentradas viendo un relato.

Pero como realizador me ha permitido dialogar con, no solo conmigo mismo, sino con la ciudad, con este país tan complejo, socialmente hablando. Los maestros que tuve, que fueron directores de cine y críticos de cine, siempre me hablaron de un cine social. Cuando yo estaba empezando no se hablaba sino de un cine con relación a la sociedad. Veíamos cine italiano y el americano en función del diálogo con la sociedad y para eso me sirvió.

¿Por qué es importante el cine en la sociedad?

Porque a veces hay tantas preguntas, tanta ignorancia que lo abruma a uno. Con el cine uno va encontrando comunidades, cultura, problemas, gente, es una cosa maravillosa. Es como salir a una calle donde uno se encuentra a todo el mundo.

Hacer cine, para mí, es la posibilidad de hacer relatos con lo que la realidad nos da. Entonces eso tiene el documental, que la realidad en cierto sentido se te muestra y tu tienes que ir al encuentro de esa realidad con una cámara y un equipo de trabajo. Y lo que es puesta en escena, es un proceso mucho más complejo de relatar, escribir y ya ahí es donde, me parece a mí, que uno muestra todas sus facetas: La de los actores, la fotografía, la cultural y el relato. Me parece que es una manera maravillosa para que la gente joven entre en el mundo de una manera mucho más profunda.

¿Qué se necesita para hacer cine?

En general, ahora todo el mundo supone que lo que uno necesita son las cámaras, parecería que es mucho más fácil hacer cine porque tienes acceso en cualquier celular a una cámara de buena calidad. Pero a mí me parece que lo que uno necesita es ver qué es el cine.

Y uno el cine lo entiende, no por uno mismo, sino en la medida en que uno empieza a ver unas películas. Empiezan esas películas a hablarle a uno, a contarle cosas. Los modelos de ahora, digamos que son distintos a los tuvimos nosotros en los años 70, que era el cine neorrealista, la nueva ola francesa, cine americano de los 70, esas películas. Lo que me empujó a hacer cine realmente fue el hecho de que llegara a Colombia el movimiento cinematográfico que se llamó El Nuevo Cine Alemán, se llamaba así en esa época.

Entonces yo acudía a todas esas funciones, llegaron 200 o más películas durante tres años. Con cada película sentía una gran envidia por esos relatos. Yo creo que lo que uno necesita es tener esa envidia, ver un modelo de lo que es el cine, el poder del cine, porque uno solo no lo descubre. Yo por lo menos no lo descubrí solo, sino viéndolo.

¿Por qué es importante que la UNAB apoye este tipo de festivales como SANFICI?

La universidad cuando se convierte en sede de un festival, lo interesante es que, en este caso, la gente acceda a ese cine que nunca ve. Y para el cual, de pronto, no están preparados.

La gente se ha formado en un cine comercial, de grandes presupuestos y en donde casi siempre son relatos, sinceramente, escapistas. Ese cine de super producciones que son relatos de poder, en donde se le promete al espectador acceder a una sociedad en donde va a ser poderoso y así son todas las historias.

Por eso es tan importante ver el otro cine, es un cine de humanidad, donde las personas se identifican porque ven que comparten los mismos problemas con todo el mundo. Y en ese sentido, es importante invitar a los jóvenes a que comiencen esos procesos de conocimiento, a ver esa otra historia del cine.

Tabla Técnica

Fecha 
Feb 11, 2019
Tipo 
Noticia