El compás de Castroviejo se vuelve digital

Por Andrés Felipe Acosta Rodríguez

Periodista y especialista en Comunicación Digital y Medios Interactivos, con experiencia en redacción de contenidos para entornos digitales.

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Un instrumento clásico de la oftalmología fue transformado mediante la tecnología para mejorar la precisión clínica, reducir la subjetividad en la medición y apoyar decisiones quirúrgicas donde cada décima de milímetro es determinante.

Durante décadas, el compás de Castroviejo ha sido una herramienta esencial en la oftalmología. Su diseño simple, basado en dos puntas móviles y una escala milimétrica, ha acompañado a generaciones de especialistas en la medición de estructuras oculares como el diámetro corneal. Sin embargo, en un contexto clínico donde la precisión es cada vez más determinante, este instrumento tradicional también ha evidenciado una limitación y es la dependencia de la estimación visual del examinador para interpretar valores intermedios entre milímetros.

En procedimientos donde una variación mínima puede incidir directamente en el resultado visual del paciente, esa subjetividad se convierte en un desafío. A partir de esta necesidad concreta surgió una pregunta clave: ¿Es posible mantener la funcionalidad del compás de Castroviejo y, al mismo tiempo, incorporar tecnología que permita mediciones objetivas, reproducibles y más precisas?

La respuesta tomó forma en el compás de Castroviejo digital, un dispositivo que conserva la lógica mecánica del instrumento original, pero integra componentes electrónicos capaces de transformar el movimiento físico en una lectura digital en tiempo real, con precisión en décimas de milímetro.

“El compás de Castroviejo clásico tiene marcas cada milímetro, pero no subdivisiones. Entonces, cuando uno está entre 10 y 11 milímetros, el cirujano debe estimar si es 10.3, 10.5 o 10.8. Funciona, pero depende mucho del ojo del observador. En esta época nos pareció necesario pensar en algo más preciso, que no dependiera de esa subjetividad”, aseguró el oftalmólogo Alejandro Tello Hernández, doctor en Ciencias de la Visión y profesor de la Universidad UNAB.

Ese planteamiento clínico se convirtió en el punto de partida de un proceso de cocreación interdisciplinaria, en el que la medicina y la ingeniería biomédica dialogaron para traducir una necesidad asistencial en una solución tecnológica viable.

Ingeniería biomédica aplicada a la oftalmología

El reto no consistía únicamente en digitalizar una medición, sino en hacerlo sin alterar la ergonomía del instrumento, su facilidad de uso, y las condiciones exigidas para el entorno clínico. A esto se sumaba una exigencia clave, el dispositivo debía ser esterilizable y compatible con los protocolos quirúrgicos.

Desde el programa de Ingeniería Biomédica de la UNAB, el desarrollo implicó diseñar un sistema compacto que integra un sensor tipo encoder, capaz de registrar el desplazamiento del compás, un microprocesador, encargado de interpretar la señal, y una pantalla digital, donde la medida pudiera visualizarse de forma inmediata y clara.

“Tomamos la idea clínica y la llevamos a un prototipo funcional. El gran desafío fue compactar los componentes electrónicos en un espacio muy reducido y, al mismo tiempo, garantizar que el dispositivo pudiera ser esterilizable. Logramos un sistema que digitaliza la medición, es reproducible y cumple con los protocolos necesarios para el entorno clínico”, explicó Lusvin Javier Amado Forero, docente del programa de Ingeniería Biomédica.

El resultado fue un dispositivo que puede funcionar como instrumento autónomo o adaptarse a compases tradicionales ya existentes, ampliando así sus posibilidades de implementación sin requerir un cambio radical en la práctica médica.

La relevancia del compás de Castroviejo digital se hace especialmente evidente en procedimientos donde la exactitud milimétrica es crítica, como en la selección de lentes intraoculares fáquicos para pacientes jóvenes con miopías altas. En estos casos, el diámetro corneal es un dato fundamental para calcular el tamaño adecuado del lente, y pequeñas variaciones pueden traducirse en diferencias significativas en el resultado visual.
“Para el cálculo del tamaño de estos lentes, la exactitud del diámetro corneal es crítica. Una diferencia de décimas de milímetro puede influir en el resultado final. Contar con una medición objetiva y digital ayuda a tomar decisiones más seguras y consistentes”, señaló Tello Hernández.
Hasta el momento, el compás de Castroviejo digital ha sido evaluado en pruebas preclínicas, utilizando materiales inertes y ojos artificiales. Aún no se ha implementado en pacientes, un paso que requiere la aprobación de comités de ética y de entidades regulatorias como el Invima (Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos). Este proceso, común en el desarrollo de dispositivos médicos, forma parte del camino necesario para garantizar la seguridad y eficacia clínica de la tecnología.

“Todo dispositivo médico requiere un proceso riguroso. Este es un primer paso muy importante, porque demuestra que la idea funciona, que es viable y que tiene un potencial real de aplicación clínica”, afirma el oftalmólogo.

Este trabajo se enmarca en una alianza académica y científica entre la Universidad UNAB y la Fundación Oftalmológica de Santander, FOSCAL. La patente del “Dispositivo compás de Castroviejo digital para medición de diámetro corneal” fue concedida a la Universidad por la Superintendencia de Industria y Comercio, mediante la Resolución N.º 9767, con vigencia hasta el año 2042.