
Por Luis Fernando Rueda Vivas
Director Dirección de Comunicación Organizacional UNAB. Periodista con Maestría en Comunicación Digital y Especialización en Periodismo Electrónico.
La Universidad UNAB, en alianza con la Clínica FOSCAL, impulsa la formación y la producción de evidencia científica para transformar la atención de estas patologías.
Un ACV, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una urgencia médica que se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo al cerebro, ya sea por una obstrucción causada por un coágulo (accidente isquémico) o por la rotura de un vaso sanguíneo que provoca una hemorragia (accidente hemorrágico). En cualquier caso, cada minuto cuenta: desde la aparición de síntomas como pérdida repentina de la visión, alteraciones del equilibrio, debilidad en los brazos, parálisis facial o dificultad para hablar, hasta la llegada a un centro médico.
Esta última decisión puede ser crucial tanto para el abordaje como para la recuperación del paciente. En medio de la angustia, es frecuente acudir al servicio de urgencias más cercano, lo que no siempre garantiza la atención oportuna. “Es importante reconocer en cada ciudad dónde está el centro de excelencia en ACV, porque pasa que, al ver a un familiar paralizado, lo llevan al hospital más cercano y allí no pueden hacer mucho”, explica el médico radiólogo intervencionista Daniel Eduardo Mantilla García, coordinador de la especialización que ofrecen la Universidad UNAB y la Clínica FOSCAL, orientada a formar neuroradiólogos en un país que no supera el centenar de especialistas en esta área.
Hasta el momento, diez hospitales en Colombia están certificados como centros de excelencia por la Organización Mundial del ACV (WSO, por sus siglas en inglés), tras cumplir criterios que evalúan de manera periódica factores clave en el pronóstico de los pacientes. “Debemos llevar un control riguroso sobre los tiempos de atención. Trimestralmente, la WSO revisa que se cumplan los parámetros, y cada dos años realiza visitas para validar esos procesos. En FOSCAL contamos con este reconocimiento desde hace cuatro años”, agrega Mantilla.
Aunque la red es aún incipiente, el programa de segunda especialidad médico-quirúrgica en radiología intervencionista busca que cada ciudad cuente, al menos, con un centro que tenga tres especialistas altamente capacitados en patologías neurovasculares, como los aneurismas cerebrales.
Una nueva evidencia científica
El desarrollo de centros especializados en el tratamiento de aneurismas en Latinoamérica sigue siendo fragmentado. Mantilla advierte que la región suele depender de evidencia proveniente de Europa y Estados Unidos, mientras la investigación clínica local es limitada.
Esto llevó a que el médico santandereano se inquietara en conversaciones académicas con otros colegas sobre la necesidad de generar conocimiento nuevo, aceptando la dirección de la tesis doctoral internacional, Complicaciones relacionadas con el tratamiento de aneurismas intracraneales menores de 5 mm: un análisis multicéntrico de 1.519 casos en América Latina, un estudio observacional retrospectivo entre los años 2017 y 2023 aplicado en ocho centros hospitalarios. Se trata del primer análisis de este tipo en la región, con potencial de aplicación en todo el continente.
El estudio, a cargo de la médica Alejandra Jaume, del Servicio de Neurología del Hospital Maciel y Centro de Intervencionismo Vascular de la Clínica Americana, en Montevideo (Uruguay), logró confirmar que el tratamiento endovascular tiene menor probabilidad de presentar complicaciones que causen una discapacidad neurológica permanente comparándolo con el tratamiento quirúrgico. La relación es de 6 a 11 por cada 100 pacientes.
Existen efectos clínicos adversos en el momento de la cirugía y luego, sobre todo en las primeras 48 horas hay riesgos clínicos de posoperatoria temprana, o posoperatoria tardía en el mes siguiente, y eso cambia según el tipo de tratamiento. “Normalmente el paciente después de cirugía endovascular va 24 horas a la Unidad de Cuidados Intensivos para esa vigilancia postoperatoria. Después pasa otras 24 horas a hospitalización convencional, en donde debe estar activo, caminar, retomar sus actividades de la vida cotidiana, y tres días después de la cirugía, cuando hacemos cirugía endovascular, el paciente regresa a su casa para retornar a su vida normal”, afirma el especialista .
Los aneurismas de menos de 5 mm tienen menor riesgo de ruptura. Sin embargo, en la práctica clínica está demostrado que el 30 % de las personas que llegan a un servicio de urgencias con una hemorragia tenían un aneurisma con esa característica. “Es ese subgrupo de pacientes que es interesante observar porque el riesgo, tanto del tratamiento como del seguimiento, es necesario compararlo para poder evaluar, por un lado, a quiénes se les puede romper un aneurisma pequeño, y dos, si vamos a realizar una cirugía para evitar esa ruptura, que sea una operación segura y eficaz, pues los riesgos de un tratamiento no deben superar los de la historia natural de la enfermedad”, agrega.
Otro aspecto importante que evidenció la investigación tiene que ver con la formación de especialistas que alcancen una experiencia adecuada, al demostrar que quienes operan más de diez pacientes al año por un aneurisma cerebral a través de cirugía endovascular, tuvieron menos complicaciones en el tratamiento, lo que refuerza la necesidad de concentrar conocimiento especializado y fortalecer la formación médica en la región.
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