
Por Xiomara Karina Montañez Monsalve
Editora Ciencia Abierta. Comunicadora Social y Periodista, magíster en Ciencia Política y especialista en Educación para las Nuevas Tecnologías.
Santander tiene una producción literaria constante, pero históricamente ha sido invisible frente a otros circuitos comerciales como Bogotá y Medellín. Hoy, la región se enfrenta a la transformación de los esfuerzos individuales de autores y editoriales, de cara a los retos comerciales y de posicionamiento.
El ecosistema editorial de la capital santandereana atraviesa una etapa de transición hacia la profesionalización y la articulación colectiva de distintos esfuerzos y estrategias que impulsan escritores, editoriales independientes, promotores de lectura, así como la Universidad UNAB con Ulibro y el proyecto ‘Libros Nuestros’. Según Camila Botero Santos, directora de UNAB Cultural, este último se gestó con el fin de trascender las actividades y escenarios dispuestos en la ciudad a un plan de trabajo colectivo.
“Nos dimos cuenta de que, seguramente y gracias a las becas y estímulos que se han entregado en la ciudad en los últimos años y que, además, han impulsado la publicación de libros, se han fortalecido las editoriales independientes, trazando un camino para dejar atrás la desarticulación histórica del sector”, asegura Botero Santos.
Esto ya ha dado sus primeros frutos. La página web de Ulibro diseñó un directorio con 12 editoriales independientes de la ciudad y que, con el apoyo del programa de Literatura Virtual, aspira a fortalecerlas. Además, se realiza un diagnóstico del sector que se publicará a finales de 2026, para conocer quiénes son los autores, editores, ilustradores y comercializadores, entre otros agentes, y entender cómo operan y fortalecer sus vínculos regionales.
Del ‘autor orquesta’ a la cadena de valor
Una de las realidades es que, en la mayoría de los casos, el escritor asume todas las tareas relacionadas con la publicación. Es por esto que, con “Libros Nuestros”, se impulsa que los autores fomenten prácticas o filtros de calidad, tales como la corrección de estilo, la edición y el diseño de impresos, por mencionar algunos.
Para el equipo del proyecto, el modelo de gestión plantea que se reconozca que un porcentaje de la producción se debe destinar para contratar otros perfiles profesionales y así tener una mayor capacidad de impresión y distribución. “Los recursos públicos siempre han sido muy escasos, y parte del sector cultural y editorial ha dependido en su totalidad de dichos recursos. Es por esto que en Santander, se deben crear modelos de gestión más sostenibles, y para esto es importante que se reconozca al mismo sector y que se genere confianza. Los estímulos son una sola fuente de financiación, debemos encontrar nuevos financiadores”, manifiesta Botero Santos.
Barreras comerciales
La falta de relacionamiento comercial es otro de los retos a superar. Este año, durante la Feria del Libro, se desarrollarán mesas de trabajo con colegios, cajas de compensación y empresas para que conozcan y compren lo que se produce en la ciudad. Asimismo, se requiere superar obstáculos administrativos, como la falta del Número Estándar Internacional del Libro (ISBN), otorgado por la Cámara Colombiana del Libro, y que es requisito indispensable para la identificación y registro de una publicación editorial y que le permite acceder a los beneficios establecidos por la ley.
La región ya produce textos de alta calidad técnica que pueden competir a nivel nacional, especialmente en los géneros poesía, libro ilustrado y literatura infantil y juvenil, comenta la directora de UNAB Cultural. No obstante, estas publicaciones no circulan en instituciones educativas, un público objetivo y que las consume.
“Al final de 2025 hicimos una reunión con colegios, invitamos a rectores y algunos bibliotecarios, llevamos alrededor de 15 libros para que los conocieran y la verdad quedaron impresionados de su calidad, no sabían que teníamos títulos hechos en Santander. Si bien es triste que estos autores no sean reconocidos en el ámbito local, también fue interesante conocer que esto se debe a que muchas editoriales no tienen la capacidad de producción para cumplir con la demanda de los colegios”, añade Botero.
La incidencia institucional
Para Isaías Romero, escritor y columnista cucuteño e integrante del proyecto, el apoyo desde lo institucional (alcaldías, gobernación y empresa privada) es aún incipiente. Si bien se entregan recursos a los autores, estos no existen para las editoriales.
Camila Botero destaca que se promueve un borrador de Acuerdo Municipal de Fomento Cultural para los cuatro municipios del área metropolitana (Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta), con miras a la creación de un programa público de fomento cultural, y que durante el segundo semestre del año será presentado a los Concejos Municipales del área. Esta iniciativa busca, entre otras cosas, que el apoyo a la lectura y la escritura no dependa de la voluntad política del funcionario de turno, que se institucionalice convocatorias públicas con criterios claros y una visión metropolitana que elimine barreras geográficas para los autores.
“Los reconocimientos económicos suelen ser excluyentes; por ejemplo, las becas de Bucaramanga a menudo no permiten la participación de autores que residen en municipios vecinos como Floridablanca y Girón. Se entregan, pero no se hace a través de convocatorias públicas, en algunos casos, solo por resoluciones. Creo que el problema es la falta de voluntad política, de darle continuidad a los programas públicos en cultura y poner a gente idónea en los cargos que se requiere”, concluye Botero Santos.
Los libros deben circular
Según Isaías Romero, mediador de lectura en los santanderes, los primeros hallazgos del diagnóstico revelan la existencia de cerca de 150 promotores de lectura en Bucaramanga. Además, en 2025, en ambos departamentos se imprimió, en promedio, un libro por semana, un volumen elevado para una región con debilidad en bibliotecas públicas y escaso presupuesto estatal. En este contexto, predomina la autopublicación, una práctica positiva que garantiza la autonomía del escritor, pero poco conveniente por la falta de filtros de calidad. “El autor obtiene el estímulo y considera no pagar un ilustrador, un corrector de estilo, que los hay. Prefiere el ahorro, especialmente, para poder sacar adelante su libro”, destaca Romero.
También se han identificado editoriales que surgen de la unión de varios autores que comparten temáticas y publican bajo un mismo sello, pues los estímulos les exigen lanzar sus obras y no existen recursos para crear empresas editoriales. Por otra parte, las universidades y colegios desean adquirir autores regionales, pero encuentran que muchos libros carecen de ISBN o que las editoriales no cuentan con facturación. “Lo cierto es que la falta de circulación de los libros afecta a todo el ecosistema”, precisa el autor.
Tejer la red del libro en la región
¿Por qué es difícil para los autores locales entender que no son los únicos protagonistas a la hora de producir y publicar un libro? Para Carlos Díaz Consuegra, autor ilustrador, esto es un tema de percepción. Explica que, al crear, el autor tiende a pensar que “su trabajo lo es todo”, sin entrar a reconocer que la tarea de hacer un libro no es cosa de dos o tres personas, sino de grupos colectivos y comunitarios donde todos pueden colaborar.
Para él, se debe entender que el libro “no es algo que uno hace para vender y recuperar el dinero de la impresión, o ver qué tan exitoso llega a ser”. Si su producción es de calidad puede llegar a otros países, a librerías, catálogos de entidades que le dan valor en distintas partes del mundo. Es por esto que, para definir una cadena de valor y trabajar desde la gestión colectiva, hay que explorar las tensiones que se presentan entre la creación y la comercialización de libros en Santander.
“Nuestra intención con ‘Libros Nuestros’ es dimensionar el sector editorial, no seguir pensando que el libro es una resistencia a ser parte de un sector de la economía o creer que es ajeno al crecimiento de un país por el hecho de pensar que no está hecho para todas las personas”, dice Díaz Consuegra.
Además, asegura que hacen falta campañas alrededor de los beneficios de tener un libro en todos los espacios, ya que no hay apoyo estatal. “Si hubiera incentivos sinceros hacia la lectura, la gente se daría cuenta de que los libros son útiles, divertidos y espacios de conversación”, señala el ilustrador.
Finalmente, invita a dejar de ver todo como una competencia. “Cuando voy a ferias internacionales, yo llevo proyectos de otros ilustradores locales conmigo; si ellos venden un libro, la escena se fortalece y eso es lo que realmente importa. Si la escena en Bucaramanga se solidifica y se vuelve tendencia, todos ganamos visibilidad”.
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