40 mujeres rurales provenientes de veredas de Bucaramanga y municipios aledaños conforman la «Universidad para la mujer rural», un programa de capacitación integral gratuito creado por la UNAB para impulsar sus capacidades de liderazgo. Esta iniciativa surge a propósito de la declaración del 2026 como el Año Internacional de la Mujer Agricultora y de la institucionalización del Día departamental de la mujer rural establecido en mayo pasado.

Formación para empoderar a mujeres rurales
A través de la ordenanza 016 de 2026 aprobada a finales de mayo, la Asamblea Departamental estableció el 15 de octubre como el Día departamental de la mujer rural, campesina y de la pesca en Santander. La propuesta de institucionalizar esta fecha fue iniciativa de Diana Jiménez Becerra, diputada del departamento para el periodo 2024-2027, que ha impulsado proyectos para reconocer la labor de las mujeres rurales de la región.
Como parte de este logro, la diputada estableció una alianza con el área de Transformación Social de la UNAB para que desde la academia se creara un programa formativo especial para mujeres rurales. Es así como nació «Universidad para la mujer rural», creado además para unirse a la intención de las Naciones Unidas (ONU) de declarar el 2026 como el Año internacional de la Agricultora.
Esta alianza dio paso a una convocatoria a la que se inscribieron más de 150 interesadas, de las cuales fueron seleccionadas 40 mujeres que viven en veredas de los tres corregimientos de Bucaramanga y en zonas rurales de Girón, Floridablanca, Lebrija, Rionegro, Los Santos y Tona. Cada sábado, las mujeres asisten a las instalaciones de la UNAB para recibir clases con profesores voluntarios de la UNAB. Para muchas de ellas esta representa la primera vez que ingresan a una universidad.
Con este programa, la UNAB busca adherirse al propósito de la ONU para este año: destacar el importante papel que cumplen las mujeres desde el campo para la seguridad alimentaria a través de su capacitación en herramientas que impulsen su bienestar y sus proyectos productivos.

Historias cosechadas en el campo
Mejorar sus habilidades de liderazgo fue una de las principales motivaciones de Olga Lucía Cabrera para participar en este programa, aunque ser lideresa es una capacidad que parece natural en ella. Vive en la vereda Angelinos del Corregimiento 1 de Bucaramanga, ubicada a más o menos dos horas del casco urbano. Allí se desempeña como edil de su corregimiento, como vicepresidenta de la Junta Administrativa Local (JAL) y además lidera a un grupo de 60 mujeres campesinas emprendedoras de la zona.
A pesar de que debe salir con más de dos horas de anticipación de su vereda para llegar a tiempo a las clases en la UNAB, vio esta convocatoria como una oportunidad no solo personal, ya que solo pudo estudiar hasta séptimo bachillerato, sino también para adquirir herramientas que fortalezcan la actividad económica de su comunidad que gira alrededor de la producción de maracuyá y cacao.
«Estas clases son muy importantes para la zona rural, especialmente por el tema del liderazgo. Es admirable que la UNAB se enfoque en estas cosas y para nosotras son de mucha utilidad porque podemos llevar ese conocimientos a nuestros sectores donde tenemos tantas falencias en educación. Por eso fue que yo quise postularme. Ha sido magnífica esta oportunidad, nos tratan como si fuéramos alumnos pagando un semestre normal. Nos hemos sentido muy acogidas y eso nos da mucha alegría por tener la oportunidad de capacitarnos siendo mujeres del sector rural porque muchas veces nos sentimos aisladas», afirmó Olga.
La Platanala es el nombre de la vereda de donde proviene Carmen Cecilia Rondón, otra de las estudiantes. Esta queda en La Tigra, un corregimiento del municipio de Rionegro que queda a cuatro horas de Bucaramanga. Aunque ha vivido toda su vida allí, el reciente ingreso de grupos al margen de la ley la obligó a salir de su finca hace dos meses. Para ella, este programa es una oportunidad para capacitarse y algún día volver al campo a aplicar todo lo aprendido.
«Estoy muy agradecida porque uno no sabía que la universidad tenía este tipo de programas para la comunidad. Yo hice una tecnología y hasta ahí pude llegar, y uno piensa que nunca va a poder llegar hasta acá porque es costoso, pero ahora tenemos esta oportunidad. Para mí y por lo que he vivido, la mujer es la base de la sociedad y más en el campo. Allá es uno quien cosecha y prepara los alimentos, y además hace las labores domésticas. Entonces, las mujeres son base para la familia, la sociedad y también para la economía de una comunidad», aseguró Carmen.

Este programa hace parte del proyecto «Dejando Huellas» de Transformación Social UNAB que se enfoca en el desarrollo de capacidades integrales y en el fomento de liderazgo transformador. Además de este nuevo grupo, el área ha creado programas de formación integral para mujeres taxistas, en contextos de prostitución y con diagnósticos de cáncer. En total han sido más de 60 mujeres capacitadas desde 2025.
«Es una formación integral que va desde el ser hasta la construcción de colectivos, y también incluye la creación de proyectos que ellas puedan ejercer en sus territorios. Tenemos una misión y un propósito muy claro: que a través del conocimiento empoderemos a estas mujeres. Ellas tienen unos saberes ancestrales maravillosos, y nuestra intención es poder concretar acciones tangibles para mejorar su calidad de vida y que ellas, a su vez, mejoren la calidad de vida de las comunidades donde viven porque muchas de ellas son lideresas de los lugares donde habitan», concluyó Doris Barreto Osma, directora de Transformación Social.








