La Universidad obtuvo la patente de invención para el dispositivo compás de Castroviejo digital para medición de diámetro corneal, un desarrollo tecnológico realizado con el apoyo académico y clínico de la Fundación Oftalmológica de Santander, que moderniza uno de los instrumentos más tradicionales de la oftalmología y busca mejorar la precisión en procedimientos donde cada décima de milímetro es crítica.

Este instrumento ha sido utilizado por décadas en la práctica oftalmológica para medir estructuras oculares como el diámetro corneal. Sin embargo, su lectura depende de la estimación visual del especialista, lo que introduce un componente de subjetividad, especialmente cuando se requieren mediciones intermedias entre milímetros.
Desde esta limitación clínica surgió la idea de digitalizar el instrumento, integrando tecnología electrónica que permitiera obtener lecturas objetivas y reproducibles. El proyecto se desarrolló de manera interdisciplinaria entre la Especialización en Oftalmología UNAB – Foscal y el programa de Ingeniería Biomédica, con la participación activa de docentes y estudiantes.
“El compás de Castroviejo clásico tiene marcas cada milímetro, pero no tiene subdivisiones. Entonces, cuando uno está entre 10 y 11 milímetros, el cirujano debe estimar un aproximado. Funciona, sí, pero depende mucho del ojo del observador. En esta época nos pareció necesario pensar en algo más preciso, que no dependiera de esa subjetividad”, explicó el oftalmólogo Alejandro Tello Hernández, doctor en Ciencias de la Visión, docente UNAB y uno de los inventores.
¿Cómo funciona el compás de Castroviejo digital?
El dispositivo incorpora un sensor tipo encoder, convierte el movimiento rotativo o lineal en señales eléctricas digitales, un microprocesador que interpreta la señal y una pantalla digital donde la medición se visualiza en tiempo real, con precisión en décimas de milímetro. Puede funcionar como un instrumento autónomo o adaptarse a compases tradicionales ya existentes, lo que amplía su aplicabilidad clínica.
Desde el componente ingenieril, el reto fue miniaturizar y proteger los componentes electrónicos sin afectar la ergonomía ni la esterilización del instrumento. “Tomamos la idea clínica y la llevamos a un prototipo funcional. El gran desafío fue compactar los componentes electrónicos en un espacio muy reducido y, al mismo tiempo, garantizar que el dispositivo pudiera ser esterilizable. Logramos un sistema que digitaliza la medición, es reproducible y cumple con los protocolos necesarios para el entorno clínico”, señala Lusvin Javier Amado Forero, docente del programa de Ingeniería Biomédica de la UNAB.



El impacto clínico del dispositivo es especialmente relevante en procedimientos donde pequeñas variaciones en la medición pueden cambiar el resultado visual del paciente, como en la selección de lentes intraoculares fáquicos utilizados en pacientes jóvenes con miopías altas. “Para el cálculo del tamaño de estos lentes, la exactitud del diámetro corneal es crítica. Una diferencia de décimas de milímetro puede influir en el resultado final. Contar con una medición objetiva y digital ayuda a tomar decisiones más seguras y consistentes”, aseguró Tello Hernández.
Por el momento, el dispositivo ha sido evaluado en pruebas preclínicas, utilizando materiales inertes y ojos artificiales, con resultados satisfactorios en términos de precisión y funcionamiento. Aún no se ha probado en pacientes, ya que el siguiente paso requiere la aprobación de comités de ética y entidades regulatorias como el Invima.
“Es muy gratificante ver cómo una idea que surge de una necesidad real en la práctica clínica se convierte en un prototipo funcional y luego en una patente. Esto demuestra que cuando la academia, la investigación y la clínica se articulan, pueden generarse soluciones concretas para el sector salud”, concluyó el oftalmólogo.
La patente reconoce como inventores a Alejandro Tello Hernández, Lusvin Javier Amado Forero, Mario Fernando Morales Cordero, Daniela Andrea Vargas Tavera, Juliana Valentina Castilla Ríos y Valentina Rodríguez Torres, reflejando el trabajo colaborativo entre docentes y estudiantes.
La patente fue concedida por la Superintendencia de Industria y Comercio mediante la Resolución N.º 9767, con vigencia hasta el año 2042, tras comprobar que el dispositivo cumple con los requisitos de novedad, nivel inventivo y aplicación industrial.






