El vértigo con el que cambian las comunicaciones, por causa principalmente de los adelantos tecnológicos, ha producido un fenómeno del cual no escapan las organizaciones: las audiencias se han atomizado tanto como la cantidad de posibilidades que hoy existen para amplificar un mensaje. Eso trae, de plano, un importante desafío a la hora de gestionar la información y es saber en dónde, cuándo y de qué forma se debe dar a conocer cualquier novedad al público de interés.
¿Es en la página web? ¿Bastará con el envío de un correo electrónico? ¿Mejor publicar en las redes sociales? ¿Qué tal si ensayamos por los grupos de WhatsApp? ¿Y si resulta más útil haciendo un ‘videíto’? ¿Será más seguro una combinación de todas las anteriores? El desconocimiento generalizado sobre los verdaderos efectos que un contenido pueda lograr, en un mundo sobresaturado de estímulos que compiten por capturar la atención, nos ha llevado a creer que las comunicaciones funcionan como una lista sobre pedido en un almacén.
Comunicar no es publicar por donde primero se nos ocurra, tampoco es ‘disparar’ mensajes para todos los lados, esperando tal vez que, como la botella en el mar, lleguen a algún destinatario, mucho menos ‘llenar la canasta’ a partir de supuestos que, por lo general, terminan convirtiéndose en desperdicio de esfuerzos. Para ello existe en instituciones como la nuestra un grupo de profesionales de la comunicación, en toda la extensión de la palabra, que se encarga de su gestión.
Este equipo trabaja bajo unos marcos establecidos por una estrategia que apunta a cultivar la buena reputación institucional, un intangible que genera confianza, estrecha el vínculo entre colaboradores y aporta mayor visibilidad. Esto es posible cuando asumimos con plena conciencia las características de cada canal y se establece una matriz que responde a las necesidades de cada audiencia. De lo contrario, se desestiman sus capacidades y se someten a cumplir funciones operativas regidas únicamente por el hacer. Recuerden que comunicar mucho no necesariamente es comunicar mejor.
Desde la Dirección de Comunicación Organizacional nos hemos propuesto reactivar nuestra campaña ‘Todos en sintonía’, dirigida a todos los colaboradores UNAB, con el ánimo de hacer pedagogía sobre un componente transversal y estratégico el cual, cada vez que surja una necesidad desde su área, se plantee estas dos preguntas: ¿Qué y para qué quiero comunicar? No lo olviden, no es la foto, es la historia que hay detrás de ella.






