En medio de clases, laboratorios y proyectos académicos, Yudy Mariana Alfaro Wisaquillo, profesora del Programa de Gastronomía y Alta Cocina de la UNAB, también dedica parte de su tiempo a un emprendimiento que lleva consigo una profunda historia familiar. Se trata de “Café David Alfaro”, una marca de café especial nacida en las montañas del Huila y creada para honrar el legado caficultor de su padre.
La historia comenzó hace dos años, cuando su padre murió sin alcanzar a ver su primera cosecha de café que había sembrado con dedicación, amor y la suerte sobre el grano especial que cosecharía. Ante esta situación, su familia tomó una decisión que cambiaría el rumbo del proyecto. “Mi papá enfermó y falleció, él no alcanzó a ver su primera cosecha de café entonces mi mamá decidió dedicarse a eso y volver a la finca” afirmó la docente.

Como ingeniera agroindustrial, Mariana decidió analizar la calidad del café que estaba produciendo su familia, “le pedí a mi mamá que me diera unas muestras del café para analizarlas. Pensé que tal vez podía ser de muy buena calidad o tener características especiales, y efectivamente resultó ser un café especial. Fue una sorpresa porque nadie sabía qué tipo de café había sembrado mi papá ni la calidad que podía tener. Todo fue fruto del amor y la dedicación con los que realizó ese trabajo”.
Ese hallazgo dio origen a Café David Alfaro, una marca que hoy comercializan en diferentes ciudades del país y que cuenta con puntos de entrega en Bucaramanga, Ibagué y Neiva, además de clientes en distintos lugares del mundo, gracias al trabajo conjunto de su madre y sus hermanas. Aunque el emprendimiento lleva el nombre de su padre, Mariana destaca que es un proyecto liderado por mujeres.
Actualmente, se comercializan dos variedades de café especial: Catimor Amarillo y Bourbon Rosado, cultivadas en una finca ubicada en Campoalegre, Huila, a más de 1.700 metros sobre el nivel del mar. Las condiciones climáticas de la zona y el cuidado durante el proceso de cultivo permiten obtener un café con características únicas que ha sido bien recibido por expertos y consumidores.


“Para mí, hoy el café es una representación del poder femenino en el campo. Hay muchas mujeres caficultoras. Siempre pensábamos que eran los hombres los que cultivaban, pero la labor que hace la mujer campesina es gigante” expresó Yudy.
Un café con historia
La tradición cafetera viene de varias generaciones atrás. Su abuelo, hoy de 94 años, continúa trabajando en la finca y ha sido una inspiración para todos. De él heredaron una costumbre que cobra significado especial. “Mi abuelito siempre apartaba los mejores granos para él. Los tostaba en la casa y guardaba su café en un tarrito para el consumo diario. De hecho, todavía lo sigue haciendo”.
Con el tiempo, la familia descubrió que producían un café que había llegado mucho más lejos de lo que se imaginaban. Mariana cuenta que encontró registros de un intermediario que comercializaba el café de sus abuelos en Australia y Corea del Sur como un café especial. “Cuando vi que estaban comercializando café Wisaquillo, encontré en redes sociales una fotografía de mi abuela y de un tío. El intermediario la había publicado con el mensaje: ‘Aquí están los Wisaquillo, los productores de este espectacular café’”, afirma.
Ese hallazgo le permitió confirmar que el café que su familia había cultivado durante años tenía una calidad excepcional, aunque hasta entonces nadie lo había reconocido como un café especial.


Además de mantener vivo el legado de su padre, este emprendimiento le ha permitido descubrir habilidades que no sabía que tenía y aprender de los desafíos que implica construir una empresa familiar. Por eso, anima a quienes tienen un emprendimiento o sueñan con crear uno a dar el primer paso y perseverar en el proceso. “Lo importante es empezar y quitarnos esos sesgos que tenemos”, concluyó.
Orgullo Colombiano
Mariana destaca la importancia de valorar uno de los productos más representativos del país y reconocer el trabajo que hay detrás de cada taza. Asimismo, invita a conocer y apreciar la diversidad de cafés que se producen en las diferentes regiones de Colombia. “Realmente no hay uno mejor que otro. Todos son diferentes, todos son muy buenos y tenemos una calidad excepcional”, comentó.
En el marco del Día Nacional del Café Colombiano, la historia de este proyecto pone en evidencia cómo el café también puede convertirse en un legado familiar. Hoy, mientras continúa formando estudiantes en la UNAB, también sigue construyendo un proyecto familiar que nació en las montañas del Huila. Un emprendimiento que honra la memoria de su padre y mantiene viva una tradición que espera transmitir a las próximas generaciones. Cada bolsa de Café David Alfaro refleja años de dedicación, pasión y esfuerzo familiar.







