Al encuentro de mitos y fantasías

Oct 1, 2006 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Julián Ignacio Espinosa Rojas
jespinosa@unab.edu.co
Detrás de dos casas construidas en Bucaramanga se esconden misterios, ya sea por su estilo arquitectónico o por el temor a lo desconocido y se crearon leyendas que aún hoy se mantienen. La más recordada es la de la Familia de David Puyana, que por estar construida sobre una roca, alimentó imaginarios de un pacto con el diablo.

La segunda es la casa de Friederich Streithorst, un alemán que decidió construir un castillo en plena carrera 27 para recordar a su país y hacerle un regalo a su esposa Carmen Claussen.

Como si fuera la hora de los cuentos, 15  las presenta a sus lectores, dentro de este recorrido por la Bucaramanga que vive y sueña.

La casa de Don David

Ubicada en el barrio Cabecera del Llano en la carrera 39 con calle 44, es conocida porque dicen que allí se realizó un pacto con el diablo para que se pudiera construir la casona en un peñasco que ofrecía riesgos.

Otros más osados cuentan que el pacto se hizo para que los dueños de la vivienda obtuvieran riqueza y poder.

El sociólogo e historiador Emilio Arenas, quien se ha dedicado a estudiar lo que hay detrás de estos mitos, habla en su libro La Casa del Diablo de esta historia atribuida a trabajadores de la casa, quienes contaban que David Puyana, propietario de los terrenos, “hizo un pacto con el diablo para tener riqueza y buena suerte, a cambio de entregarle su alma al demonio cuando hubieran transcurrido 10 años.

El tiempo pasó y al cumplirse la fecha, el diablo regresó a cobrar su parte, pero la familia disfrazó a un chivo como humano, haciéndole creer que ese era don David, porque el diablo es un ser ignorante (de acuerdo con las creencias populares).

Finalmente, cuando el diablo se dio cuenta del engaño, regresó por el alma de don David pero fue demasiado tarde porque ya él había fallecido y se dice, desde ese entonces, que el alma le quedó perteneciendo a Dios y no al diablo”, explica Arenas.

Para conocer otra cara del relato, 15  consultó a la familia Moreno DeLuca, que vivió durante 3 años en la casa y dijeron que jamás sintieron ruidos y mucho menos pasos. En cambio, recordaron que el lugar es apacible y agradable para vivir.

¿Un castillo dónde asustan?
En la carrera 27, en una esquina al costado del Parque de Los Niños, está ubicada la casa que perteneció a los Streithorst, la familia de un alemán que llegó por negocios a Bucaramanga, pero se enamoró de la ciudad y se quedó. Él quería recordar parte de su país y por eso se dio a la tarea de hacer una construcción diferente. 

La casa fue construida entre 1920 y 1933 a imagen y semejanza de una vivienda típica alemana y como regalo de matrimonio. Ellos tuvieron dos hijos y desde entonces, han pasado cuatro generaciones más. Friederich murió a los 33 años y un tiempo después, la casa fue vendida. En la actualidad es una sede de la Universidad Antonio Nariño.

Juan Federico Streithorst, uno de sus descendientes y quien ahora vive en Bogotá,  afirma que en esa casa no ocurre nada extraño, ni que le pertenece al diablo o tiene fantasma propio.

“Creo que la gente confunde relatos. Lo que muchos dicen sobre una ventana que no se deja reconstruir, un alma que asusta y demás creencias que rodean al lugar, le pertenecen a otras leyendas, pero no a la casa donde vivimos nosotros. Todo eso hace parte del folclor popular”, explica. 

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