Don Armando

Jun 25, 2007 | Institucional

Por Lus Ernesto Ruiz Cardozo
Miembro de la Junta Directiva de la  UNAB

Así lo llamamos, con respeto y cariño. Ya se marchó al oriente eterno y dejó una hermosa heredad: el trabajo intenso y honesto, el respeto por el bien y el honor ajeno, el honor de la palabra, la reciedumbre de su carácter, la transparencia total de sus actos y muchos más en el trasegar de su existencia. Fue un hombre de empresa y como tal dejó su impronta a través de su existencia; se acercó a las necesidades de la gente, no fue indiferente en el compromiso social en su paso por la vida.

Santander y el país extrañarán su presencia, porque siempre asumió las responsabilidades del momento, no solo en sus negocios; lo hizo en la política, donde nunca fue esquivo a asumir el compromiso por su partido y por su patria; pero sobre todo, se entregó de lleno a su más preciada labor, la de ayudar a educar a la juventud colombiana, cuando se comprometió, al lado de su entrañable amigo Alfonso Gómez Gómez, en la creación del Instituto Caldas, el cual se transformó en una prospera e importante institución de educación superior: la Universidad Autónoma de Bucaramanga, en donde en Cámara Ardiente ayer se le dio su último adiós.

Tuve la oportunidad de conocerlo desde hace muchos años, en mi corta travesía como funcionario público: en Planeación Municipal y como gerente del Instituto de Crédito Territorial, recibí su consejo y compartimos muchas actividades en el crecimiento de nuestra área metropolitana; le agradecí por siempre el haberme vinculado a su obra en la UNAB. Nos hará mucha falta y lo extrañaremos por siempre.

Hizo camino al andar y será el faro para que éste permanezca siempre recto y en la ruta que él se propuso; al lado de muchos que ya lo precedieron, pero que como él, dejaron las bases sólidas de una edificación que no se derrumbará.

Santander sentirá el vacío de su ausencia. Siempre estuvo en el lugar de vanguardia, precisamente acompañado de ese recio carácter y ese curtido ejemplo de lucha, para que Santander estuviera en el lugar que se merecía y que sus tareas se desarrollaran en el bien común de todas sus gentes. Hoy más que nunca faltará su oportuno consejo.

Hoy descansa en el regazo de Helguita, su compañera de siempre quien partió desde antes a ese viaje a la eternidad, donde todos los justos descansan después de caminar por este mundo, dejando el más grato recuerdo de vida. Paz en su tumba y el abrazo fraterno a todos sus familiares.

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