La huella del Caldas

Jun 21, 2006 | Institucional

Hace mas o menos 14 años para algunos, 15 para otros y 16 para los que ya tienen cédula, todos pasamos por un cambio bastante dramático, de comer y dormir todo el día cómodamente en nuestras casas, tuvimos que ir al colegio para, además de hacer exactamente lo mismo, dedicarnos a la vida académica.

Fue en el Caldas donde comenzó para todos nosotros un nuevo mundo lleno de mordidas, rasguños y descalabradas en el peor de los casos. Desde un principio, algunos de nuestros padres escogieron al Instituto Caldas como nuestro nuevo sitio para vivir, otros llegamos luego de haber probado en otras instituciones, quizás porque no estábamos conformes con ese colegio o porque ese colegio no estaba conforme con nosotros. La verdad, es que ahora estamos aquí reunidos para darnos cuenta de que ya es hora de dejar de dormir, comer y hacer tareas de vez en cuando y salir a lo que es la vida verdaderamente.

Ninguno de nosotros sabe si realmente está preparado para asumir lo que viene, de pronto hubiera sido bueno, antes de emplear el tiempo en simulacros de emergencias, haber hecho un simulacro de lo que iba a ser nuestra vida luego de dejar el Instituto Caldas. No habría estado mal que nos hubieran separado por un buen tiempo y nos hubieran ilustrado un poco para que el día en el que tenemos que decir hasta luego no nos fuera a dar tan duro. Pero no, primero la seguridad a los sentimientos y es por esto que muy pocos sabemos a ciencia cierta lo que será de nosotros luego de la noche de graduación.

Fueron 14 años de colegio para la mayoría, y sin importar cuantos de estos los pasamos en el Instituto Caldas, en el largo o corto tiempo que estuvimos, éste se encargó de formarnos de la mejor manera y de hacer de nosotros verdaderas personas, fue en el Instituto Caldas donde conocimos a nuestros mejores amigos, donde desde temprano le íbamos diciendo a la o el que se nos cruzaba por delante que lo amábamos sin saber lo que eso significaba. Fue en el Instituto Caldas donde tuvimos nuestras más aguerridas peleas, para después de dos días convertirnos en amigos incondicionales de quien nos había golpeado. Fue también en el Instituto Caldas en donde aprendimos del cuidado de mascotas con Caldín y sus amigos y también del respeto por todos los demás.

El 30 de junio tal vez sea la última vez que estaremos reunidos, y tal vez la última vez que nos veamos con muchos, pero es importante que todos sepamos que siempre debemos sentirnos orgullosos de ser ex alumnos del Instituto Caldas, y que cuando nos encontremos en unos años en alguna reunión de la promoción 2006 del colegio y veamos que algunos están casados y que hablan orgullosamente de sus hijos o que otros han recorrido el mundo o que algunos son reconocidos profesionales o que simplemente otros siguen comiendo y durmiendo como si el tiempo no hubiera pasado, recordemos lo felices que fuimos en el Caldas y la huella tan inmensa que dejó este colegio junto con todos los que formaban parte de él en nuestras vidas.

jrojas7@unab.edu.co

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