Muere la voz de la paz del Magdalena Medio

Sep 13, 2010 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Su deceso se produjo el miércoles 25 de agosto, a las 10 de la noche en la ciudad de Bogotá. El cáncer se lo llevó y con ello a uno de los hombres más polémicos dentro de la iglesia Católica, “el vocero de las comunidades ante los principales actores de la violencia política en esta parte del país”, como lo manifestó el sociólogo Ubencel Duque.
Monseñor Prieto nació el 27 de marzo de 1941, en la capital de la República. Fue ordenando sacerdote el 14 de agosto de 1.965. Ocupó el cargo de capellán del Sena, vicario parroquial, auditor, notario de la Curia Diocesana y párroco de Facatativá.

El 16 de noviembre de 1993 fue nombrado obispo del puerto petrolero. A su llegada encontró una ciudad sitiada por la confrontación entre grupos guerrilleros como el Ejército de Liberación Nacional (Eln), Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y las fuerzas del Estado.

Según el director de la Corporación Desarrollo y Paz del Magdalena Medio (Cdmm), Libardo Valderrama, en la década de los noventa se vivió una de las épocas de mayor violación de los derechos humanos, derivada de las luchas entre guerrillas y paramilitares. Pero esta situación no impidió que Jaime Prieto manifestara sus pensamientos e iniciara procesos de reivindicación de los derechos.

“Fueron los tiempos más difíciles del Magdalena Medio, cuando las grandes masacres y los desplazamientos llevaron a que la gente bajara la cabeza, se silenciaron las voces. Pero la voz de Monseñor sonó para defender la vida, para pedir a los hombres y mujeres que se respetaran la vida y se garantizara la posibilidad de vivir con dignidad en este territorio”, dijo Valderrama.

Fue gracias a esa postura que lideró la puesta en marcha del Programa Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, un proceso que hoy está en cerca de 30 municipios y que ha gestado planes de desarrollo a partir del liderazgo comunitario.
“Para nosotros es una gran pérdida. Gracias a su lucidez logró que este proyecto mantuviera sus cauces. Sus orientaciones permitieron guiar las cosas que debíamos hacer para garantizar que el desarrollo y la paz fueran posibles para los hombres y mujeres del Magdalena Medio”, agregó Valderrama.

Además de obispo, Prieto fue Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social de Colombia, de la Junta Directiva Corporación Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, de la Comisión Episcopal de Seguimiento del Proceso de Paz con el ELN, Coordinador General del Congreso Latinoamericano de Doctrina Social de la Iglesia en Chile. Recientemente estaba trabajando en la promoción del Grupo Motor binacional, en la frontera colombo–venezolana.

Ubencel Duque, manifestó que las noticias sobre la muerte de Monseñor no tomaron por sorpresa a los trabajadores de derechos humanos en la región, pues un par de meses antes había enviado una carta donde manifestaba la decisión de mantener un silencio frente a los hechos de la realidad nacional para “dedicarse a la oración y tener un encuentro profundo con el Creador”. 

“Para nosotros como pueblo del Magdalena Medio es una pérdida grande, pues no vamos a contar con sus orientaciones, acompañamiento, voz profética y contundente frente a las violaciones de los derechos humanos. Era una luz que orientaba las acciones de las comunidades para la exigibilidad y el goce de sus derechos. El reto que tenemos los que contamos con su acompañamiento, es que ese legado que dejó, que ayudó a construir sea para nosotros un panorama para seguir los caminos de verdad y justicia”, agregó Duque.

Por su parte, los dirigentes de la Unión Sindical Obrera (US0) manifestaron que Jaime Prieto fue un hombre de grande luchas, que estuvo al lado del movimiento obrero, campesino, estudiantil y popular por la defensa de los derechos humanos, la promoción  de la mujer y las minorías. “Buscó siempre el diálogo como camino para la solución de conflictos armados y sociales, fue la voz de quienes no tenían voz”, dijo el presidente de la USO, Germán Alfredo Osman.

De igual forma, la Corporación de Periodistas del Magdalena Medio (Corpemag) expresó que la ayuda de Monseñor al gremio periodístico fue permanente. De ello se destacan procesos de capacitación emprendidos desde la Diócesis de Barrancabermeja para cualificar el trabajo de los comunicadores de la región, con la puesta en marcha de varios diplomados y talleres.

“Quienes tuvimos la fortuna de escuchar sus orientaciones, enseñanzas y sabiduría sabemos que la muerte de Monseñor se constituye en un pérdida irreparable no sólo para su familia y la feligresía, sino también para quienes ejercemos el ‘oficio más bello del mundo’ y por ende, requerimos de permanentes cuestionamientos constructivos, como los que acostumbraba a hacernos este jerarca católico”, expresó la directora de Corpemag, Blanca Isabel Herrera.

El papel de Prieto fue fundamental para generar procesos ciudadanos en el Magdalena Medio. Según los conocedores de su trabajo, tenía como prioridad la construcción de un sujeto social y político, es decir, personas empoderadas y participando en los ámbitos políticos y sociales del país, para lograr una mayor equidad.

Para él fue importante que la tierra estuviera en manos de los campesinos. Por tal motivo realizó varios proyectos de granjas agrícolas en Facatativá y en Barrancabermeja.

A través de la Pastoral Social generó procesos de presupuestos participativos en más de una decena de municipios del Magdalena Medio; también apoyó la iniciativa de la gente de las comunas de Barrancabermeja en constituirse como territorios de no violencia. Estos proyectos fueron financiados en su gran mayoría por Cáritas y organizaciones internacionales que él mismo gestionaba.

En materia de comunicaciones, apoyó la creación de las emisoras comunitarias del Magdalena Medio. Junto al padre Francisco de Roux, logró el apoyo de la Unión Europea para poner en marcha el primer Laboratorio de Paz realizado en Colombia.

Quienes lo conocieron de cerca manifiestan que aunque era ‘rolo’, parecía más santandereano que cualquier otro, “porque siempre era frentero y uno sabía cuáles eran sus pensamientos, y por ser sociólogo siempre fue abierto a los cambios, a que en Barranca existiera trabajo y oportunidades para todo el mundo”.

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