En el aula no solo se enseña a leer o a escribir. En el caso de Alba Gisela Afanador Díaz, se enseña a pensar, a argumentar y, sobre todo, a creer en la propia voz y el poder que esta tiene.
“Soy maestra por vocación”, menciona. Y no es una frase repetitiva. Desde quinto de primaria supo que su vida estaría ligada a la enseñanza, una decisión que hoy ya suma más de 36 años de trayectoria, 21 de ellos en nuestro Instituto Caldas, donde lidera el Área de Lengua Castellana.


Su impacto va más allá del aula
Hace 13 años creó el Concurso Intercolegiado Departamental de Oratoria, una apuesta que al día de hoy reúne decenas de instituciones y ha logrado consolidar semilleros de oradores en Santander, logrando reconocimiento y destacando la importancia de la oratoria en los jóvenes. Lo que empezó como una iniciativa académica se convirtió en un espacio cultural que promueve el pensamiento crítico y el poder de la palabra.


“Yo soy una convencida de que la palabra tiene poder”, afirma. Y ese principio ha guiado cada uno de sus proyectos: desde la revista estudiantil ‘La Caldera’ hasta la preparación de estudiantes para las Pruebas Saber, donde el Instituto Calda ha destacado, posicionándose entre los mejores colegios a nivel nacional.
Su trabajo ha sido reconocido a nivel institucional. Fue postulada en cuatro ocasiones al Reloj Solar, uno de los reconocimientos más importantes de la UNAB en la trayectoria profesoral, distinción que recibió en 2021. Un logro que, según cuenta, marcó su vida como maestra.


Sin embargo, para Gisela, los verdaderos premios tienen nombres propios. Son los estudiantes que regresan años después a agradecerle; destaca un joven que atravesó media ciudad para contarle que había logrado ingresar a la universidad de sus sueños. O quienes hoy son ingenieros, abogados y grandes profesionales, que alguna vez encontraron en sus clases el impulso para descubrir sus capacidades. “Verlos triunfar no tiene precio”, dice con mucho orgullo.
En su trayectoria también ha enfrentado retos. La pandemia puso en duda la continuidad del Concurso de Oratoria. Pero lejos de detenerse, logró adaptarse y avanzar para mantenerlo vivo. “No paramos, seguimos adelante y lo logramos ante la adversidad”, recuerda.


“Enseñar a leer y escribir es enseñar a pensar”, afirma. Afanador Díaz cree en una educación que no solo transmite conocimiento, sino que transforma personas. Para ella, enseñar a hablar es una herramienta para la vida.
Fuera del aula, es una mujer que disfruta caminar, la naturaleza, el cine independiente y la música clásica. Pero, sobre todo, valora el tiempo con su hija, con quien comparte su día a día, conversaciones y los momentos que más disfruta fuera de clase.
Después de tantos años, su mayor propósito sigue intacto: formar seres humanos críticos y capaces de transformar su entorno. Y si tuviera que dejar un mensaje, lo tiene claro: “Atrévanse. Porque en la palabra siempre, hay poder”.






