Bajo las alas de la muerte

Feb 24, 2011 | Institucional

POR: SILVIA RUEDA 11°B
Colombia se ha caracterizado por ser un país sin memoria, dice José Alejandro Castaño; en la época de Pablo Escobar y los Rodríguez Orejuela quinientas veintinueve personas eran asesinadas mensualmente; habían alrededor de ciento veinte entierros semanales en Medellín; además, en la ciudad de la eterna primavera, lloraban a veinte personas diarias, asesinadas en su mayoría por esta inescrupulosa guerra que no excluía a ricos, pobres, niño, mujeres, jóvenes ni ancianos.  Paradójicamente, Medellín se caracteriza por ser una de las mayores ciudades en Colombia con inversiones que “benefician” a su comunidad.

 

En su urgencia de promover el deporte y la educación crearon una de las bibliotecas más grandes de Colombia: la biblioteca España; actualmente existen dos canchas de rugby, una de ellas es propiedad de los paisas; también cobija el edificio inteligente, el parque de los pies descalzos, las esculturas del maestro Botero y muchas más maravillas que sus alcaldes han hecho para ellos. Entonces ¿Qué pasa en Medellín?, ¿Por qué los jóvenes teniendo estas maravillas culturales prefieren asesinar que estudiar? Si Medellín es una ciudad promotora de educación ¿Por qué niños de trece años se convierten en sicarios?
 San Javier, más conocida como la comuna trece, es una de las más violentas de Medellín; esta comuna está compuesta por diecinueve barrios todos situados en las laderas nororientales; el corazón es uno de los barrios que proporciona la mayor cantidad de muertes; todos los niños y jóvenes que habitan en estas zonas ven la violencia como su único futuro; en mi opinión, estas criaturas inocentes rodeadas de muerte deberían tener mayores oportunidades de estudio; por otra parte,  los pocos colegios de San Javier, considerada zona roja, son monopolizados por vendedores de droga y sicarios que buscan reclutar jóvenes ya que estos no pueden ser encarcelados ni juzgados por la justicia y su mano de obra es más barata que la de un adulto; realmente, rodeados de tanta sangre, viendo como sus hermanos, padres y madres son asesinados ya sean fusilados o destrozados a puñaladas, todas sus oportunidades y esperanzas, todos sus anhelos, sus ilusiones y sus sueños son acogidos por las alas de la muerte.

Por otra parte, el Estado no se atreve a llegar a lo más bajo de Medellín; considero que la violencia en las comunas radica en la ausencia de éste, la falta de apoyo económico e inversiones en el sector, la escases de proyectos y centros educativos, de servicios de salud, de programas sociales que alejen a jóvenes y niños propensos a ser parte del cuerpo de  sicarios; debido a esta falta de apoyo, autoridades como la Policía Nacional quedan sin opciones para combatir estos atroces índices de violencia; gracias a leyes como que un menor debe ser tratado y juzgado como tal, sin importar el delito cometido, en la gran mayoría de los casos, estos jóvenes criminales quedan en libertad; también, si estos delatan a sus jefes o delincuentes, de mayor rango, también quedan exonerados de toda culpa; ¡Qué gran apoyo que brinda el Estado para combatir la violencia en las comunas!

Finalizar esta guerra, que afecta a muchas personas tanto económica, física y sicológicamente, es una misión casi imposible, pero si el gobierno les brindara apoyo económico, financiara las microempresas, creara oportunidades de trabajo,  mostrándoles  a los jóvenes que existen diferente

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