Chagas, enfermedad olvidada y peligrosa

Jul 9, 2007 | Institucional

Por Ricardo Jaramillo P.
Durante más de siete años investigadores médicos de la UNAB han seguido de cerca la vida de un grupo de personas con enfermedad de Chagas. Los avances de este trabajo están condensados en un proyecto con un nombre atractivo para la región: Chicamocha, cuyos avances ya son conocidos en los ámbitos médicos nacional e internacional.
¿Chicamocha es el acrónimo de Cardiovascular Health Investigation from Colombia to Assess the Markers and Outcomes of Chagas' disease (Investigación en salud cardiovascular en Colombia para determinar los marcadores y desenlaces de la Enfermedad de Chagas) y es un proyecto de largo plazo en el que se sigue a personas que donaron sangre (que es una manera de identificar la infección por el parásito Tripanosoma Cruzi que ocasiona la enfermedad de Chagas) entre el año 1997 y 1999, para averiguar qué pasa con su función cardiovascular a través del tiempo¿, explicó Juan Carlos Villar Centeno, director del grupo de investigación en Cardiología Preventiva del Centro de Investigaciones Biomédicas de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNAB.
Señaló que al comparar las personas que tenían infección por T-Cruzi con las que no la tuvieron, ¿podemos aprender de qué manera se desenvuelve el pronóstico de las personas con infección comparadas con las que no, y una ventaja adicional de eso es que se puede aprender también de cómo las personas que no tienen infección desarrollan enfermedades cardiovasculares¿.
Y para continuar con los avances de la investigación, durante la primera semana de julio el grupo invitó a la ciudad a la bioquímica e investigadora Elsa Beatriz Velásquez, directora del Laboratorio de Desarrollo Diagnóstico del Departamento de Investigación del Instituto Nacional de Parasitología de Argentina, para ¿refinar el diagnóstico de la infección por T-Cruzi, dado que la infección de la que hablábamos de los donantes de sangre, se confirma con unos métodos que son aún imperfectos¿, sostuvo Villar.
La investigadora le explicó a Vivir la UNAB porqué este mal es considerado como una de las ¿enfermedades olvidadas¿: ¿Como es una enfermedad de las personas más humildes, a las grandes compañías farmacéuticas no les interesa o no les conviene económicamente desarrollar medicamentos para enfermedades como Chagas, leismaniasis o la enfermedad del sueño, sino para otras que inciden en grupos poblacionales con poder adquisitivo más alto¿.
Velásquez afirmó que el panorama de erradicación de la enfermedad en Latinoamérica es oscuro. ¿La primera medida que la lógica determinaría hacer, sería erradicar al insecto transmisor (conocido en Colombia como ¿pito¿), pero eso es imposible porque en países como Brasil, declarado libre de insectos transmisores, aún hay varias especies en la zona selvática. Así que los métodos de prevención deben centrarse en detectar la enfermedad en los pacientes mediante controles periódicos y lo ideal es que sea relevada esta enfermedad haciéndoles los análisis serológicos correspondientes a todos los niños y a todas las mujeres embarazadas, entonces en esos momentos uno podría estar atento al recién nacido para tratarlo¿.
Otro problema que ofrece la enfermedad, es que hasta el momento no hay una cura definitiva y el Beznidazol, medicamento que más contrarrestaba la acción del parásito, ya no es producido comercialmente.
¿El problema de la falta de medicamentos es en toda América, porque la empresa que producía el Beznidazol (fármaco con acción tripanomicida que disminuye la duración y gravedad de la enfermedad aguda) renunció a seguir fabricándolo y le dio la patente a Brasil. La gente se sigue muriendo por Chagas, los niños mueren por Chagas y hay que conseguir que Brasil empiece a producirlo y que sea accesible para el resto de países¿, señaló Velásquez.
Sostuvo que mientras eso sucede, ya hay grupos de investigación que trabajan en la obtención de otras medicaciones porque el uso del Beznidazol debe ser estrictamente controlado debido a que la frecuencia de efectos colaterales es muy alta.
¿Será cuestión política, pero los gobiernos se tienen que comunicar y conseguir que esta medicación se produzca en masa. Por ahora, a los enfermos hay que tratarlos con cuidados paliativos y esperar que no pase a mayores. A lo más que se llega muchas veces es a aminorar los síntomas determinados por dicha lesión, que persistirá durante toda la vida de la persona enferma¿, afirmó la investigadora.

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