Clímaco Urrutia al tablero

May 31, 2010 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez

Uno de los primeros personajes que los colombianos vieron a color en la televisión fue Clímaco Urrutia, encarnado por el actor bogotano Jaime Santos, un cachaco chirriado que puso a reflexionar al país. Más de tres décadas después, Urrutia estuvo en la UNAB invitado a la celebración del Día del Docente, y aceptó esta entrevista con Vivir la UNAB.

¿Yo no soy orador de masas, sino de mesas¿, dijo este comediante quien por estos días recibe un homenaje en el Teatro Nacional, de Bogotá, junto a Carlos ¿El Gordo¿ Benjumea.

Quienes se lo encuentran en la calle y lo reconocen, le siguen llamando doctor, pero él admite que en Colombia ¿a cualquiera se le dice doctor y cualquiera es doctor. Lo difícil es decirle a alguien señor, y que lo sea¿.

Urrutia sigue improvisando, irónico,  negándose a morir en las páginas de la historia de la televisión y el teatro. Solo espera que su epitafio diga: ¿Aquí yace y hace bien¿.

 ¿Clímaco Urrutia sabe dónde quedó Jaime Santos o se extravió en un bus ¿Directo Caracas¿?

Ahí hay un contubernio muy raro que es como para siquiatras o sexólogos, porque hay una simbiosis genética, sicológica y burocrática. Clímaco absorbió a Jaime, aunque afortunadamente ya no tanto. Clímaco nació en 1974 como un charlista bogotano de una generación y una casta en vía de extinción: ese cachaco que era muy amable y con anécdotas, pero inepto, que vivía a costilla de sus apellidos. Simpáticos pero a veces se ponen cansones y soban mucho porque están casados con el poder y el gobierno, sin importar si son conservadores o liberales. Los Urrutia pertenecen a esa casta de a quienes mandan de cónsul general en Amberes, donde se realizan dos visas al año y un pasaporte porque se le perdió a un turista y además no lo saca él porque para eso delega en la secretaria del consulado. (Alfonso) Gómez Méndez definía al diplomático como ¿puro descanso, tregua política y repliegue táctico¿.

Yo, Jaime Santos, me meto en este personaje y viene coyunturalmente una campaña en la que hay que definir el candidato del liberalismo entre Carlos Lleras Restrepo y Julio César Turbay, frente a Belisario Betancur y otros. Yo tengo relación con Lozano Simonelli y me meten a ¿atajar al turco¿ -Turbay- que con el clientelismo en la Costa estaba cogiendo mucha fuerza. Había que crecer a Lleras y debilitar a Turbay, lo cual físicamente era muy jodido porque para crecer a Lleras¿ entonces se buscó una estrategia de división por zonas y que después renunciara el que sacara menos votos, apoyando al otro. Pero nos falló, no sin antes acusarme de turbayista, porque coincidencialmente yo usaba corbatín y anteojos cuadrados de marco negro y eso proyectó la imagen de Turbay que era precaria, por la de un Clímaco que es antropólogo, sociólogo, musicólogo, historiador, periodista¿ según la necesidad y según el caso. Si se necesita economista dice dos palabras y cuarenta mentiras, pero la gente no sabe qué es lo cierto y se crea la confusión entre el público. Entonces, sin quererlo, le hice el favor a Turbay de mostrarlo como otro.

 ¿En algún momento Jaime y Clímaco se sientan a dialogar?

Él es muy creído y dice que yo vivo a costillas de él. Eso a mi me molesta a veces, pero tenemos el mismo hijo, quien ha heredado todo y hasta le dicen que es Urrutia Santos. Felipe tiene 39 años y es un mamagallista consumado. Desde chiquito se ventilaba en la casa el mamagallismo con todo el mundo, y yo tengo que hablar en mi casa como Clímaco porque en la calle todo el mundo me decía ¿adiós, doctor Urrutia¿ y si yo contestaba simplemente hola, la gente iba a decir ¿qué tipo tan creído¿. Entonces yo me volteaba sinsabor cómo se llamaba esa persona y le decía: ¿ala chino, pero si sigues siendo el mismo. ¿Cuánto hacía que no nos veíamos?¿ y eso le encantaba a la gente. La terminología que usa Urrutia la aplicaba en mi casa, donde él entraba primero y después yo.

Por ejemplo mi hijo estaba en el colegio y pierde seis materias de siete. Un día mi esposa Clemencia me dice que le pida la libreta de calificaciones y hablando como Urrutia le digo: ¿Qué es esto, caballero? Esto es insólito, mi querido amigo. Esto no se puede concebir en un ser humano. No voy a permitir que en mi casa haya zánganos. ¿Cómo es posible que me pierdas seis materias?¿. Él, que me miraba en silencio, me respondió: ¿Usted de qué me habla si perdió las elecciones¿, y se fue orondo. Se contagió y el ¿urrutismo¿ se volvió patrimonio familiar.

 Clímaco nace hace 35 años como un crítico de la burocracia, del clientelismo y de la corrupción, pero estamos en el año 2010 y si uno acabara de aterrizar en este país encontraría que estamos peor.

Claro, un poquito peor.

 ¿Entonces qué ha cambiado en este país?

¡Nada! Absolutamente nada ha mejorado. Parcialmente algunas cosas. Tanta publicidad que se le hace a la Seguridad Democrática y eso es mérito del Ejército. Lo que pasa es que Uribe sí pone a trabajar a los militares, porque las armas se las dio (Andrés) Pastrana. Uribe los puso a marchar y eso se le reconoce, pero lo que se ha logrado con la Seguridad Democrática es vaina del Ejército, que ya existía antes de Álvaro Uribe, pero por otro lado la embarran con los ¿falsos positivos¿ -ejecuciones extrajudiciales-. Y así es todo¿ en la salud ni se diga, y José Obdulio (Gaviria) dice que no hay desplazados, sino que son turistas. ¿Vive Colombia, camina por ella¿. Hay cuatro millones de desplazados, según José Obdulio buscando fincas para comprar.

 ¿Qué habría sido de Colombia si el candidato Clímaco Urrutia hubiese sido elegido Presidente de la República?

Ningún problema. Cuando mi candidatura, que se me olvidó inscribirme, el periodista Elkin Meza me entrevistó y le dije dos días antes de elecciones que si el problema más grave en ese momento era la subversión, yo acabaría en un día con la guerrilla creando el Instituto Nacional de Subversión, INS. El 8 de agosto, porque el 7 estaría en una rasca la hijuemadre, sacaría el Decreto 001 nombrando empleados públicos a todos los subversivos y al sentirse empleados públicos pues no trabajan.

El segundo y último decreto que haría sería renunciar esa misma noche del 8 de agosto, porque qué más me iba a poner hacer. ¿Yo renuncio y lo que me interesa es quedar con sueldo de ex presidente¿. Habría sido presidente por un día y punto. No se habría afectado el país y por el contrario habría ganado mucho porque se acababa la subversión.

 Si Clímaco no se hubiese tomado la vida como una mamadera de gallo, ¿ya se habría suicidado o estaría absorbido por el sistema?

No, dentro del sistema no. Yo tuve que salir del país durante mucho tiempo, primero a estudiar en Checoeslovaquia pedagogía teatral y regresé al país con un fervor revolucionario romántico, con Jorge Alí Triana, y le poníamos cuatro o cinco años para que cambiaran todas las estructuras socioeconómicas en Colombia. Yo fui muy iluso. Mi tesis de grado fue la fundación del Teatro Popular de Bogotá, TPB, en 1968 y creí que íbamos a arreglar el país, por lo menos la cultura o el teatro, pero nada se hizo. Y empezó luego el desencanto de pisarnos las mangueras entre nosotros mismos, pero no tuve la fortaleza de irme para otro país porque soy un romántico y ese es un defecto terrible. Este país duele, pero uno no lo puede dejar. Y después me tocó dejarlo sin querer hacerlo, en menos de cinco horas, porque la situación se puso muy grave en 1999 y me avisaron que salía ya o me ¿quebraban¿. Salí con mi hijo a medir calles en Estados Unidos y mi esposa se quedó tratando de arrendar el apartamento y vender los dos carros. Allá me encuentro con que era yo el que seguía en turno porque Jaime Garzón y Jesús Antonio Bejarano ya habían sido asesinados. Cuando me di cuenta estaba manicruzado tratando de hablar inglés y tomando Coca-cola, sin saber qué camino coger. Mi hijo se iba a casar, pero no quiso dejarme solo, y hasta lo grité un día en Nueva York. Le dije: ¿¡no me siga más!¿, y él callado detrás de mi y mi mujer llorando en Bogotá. Así se fue macrodimensionando esa tragedia familiar por dejar yo Colombia, pero si no la dejo no estaría aquí en la UNAB. Diez años después encuentro una Colombia peor que la que dejé.

Yo no volví a ver telenovelas porque no me pierdo la mejor que es la del Congreso de la República, que es una farsa, una tragedia, y cómo la gente aguanta y cree. ¿Qué puede uno sentir cuando ve ese gran dramatizado del Congreso cuando esa noche del referendo reeleccionista de Álvaro Uribe ve a dos ministros cogidos de la mano con un senador, gritando como Pambelé, que ese es el triunfo del poder popular sobre el Estado de Derecho? Para no hablar de lo que sucede en la Procuraduría o en la ¿Casa de Nari¿.

 ¿Para quiénes era incómodo Clímaco Urrutia?

Yo sé hasta con nombres propios, pero mejor reserva del sumario.

 ¿Todos generales o había coroneles también?

¿También me estás ¿chuzando¿? No fregués. ¿Trabajas en el DAS?

 ¿Cuál es expresión más cachaca que puede representar a un ¿rolo¿?

El eslogan de mi campaña: ¿¿Cuándo almorzamos?¿. Con eso dices todo. El cachaco es muy simpático, pero es doble, hipócrita y meloso. Por ejemplo yo te encuentro en la calle y ni sé cómo te llamas, pero te digo: ¿¡qué alegría de verte! ¿Y en tu casa qué tal? Oye, tenemos que hablar. ¿Tienes una tarjeta? ¿Cuándo almorzamos? ¿Me llamas o te llamo?¿, y nunca más. El bogotano es meloso, no es el francote de estas tierras.

 ¿Cómo ve a Colombia el próximo 7 de agosto?

A este juego de la democracia no le jalo más. Hay una esperanza con Antanas (Mockus) y su propuesta de legalidad, que es no es más que aplicar la Constitución de 1991 en salud, educación, economía, derechos humanos, en todo. Ser legales, pero nosotros somos ilegales en todo sentido. No voy a atacar directamente a (Juan Manuel) Santos, porque él es consecuente de un sistema que ha venido pudriéndose cada vez más. ¿Cuál voluntad de las mayorías? ¿Cuál democracia?

 ¿Qué les recomendaría Clímaco Urrutia a ¿lagartos¿ de la talla de un Barreras o un Rivera?

Que dicten un curso de teatro, porque son de una elocuencia eminente.

 ¿Algún día en Colombia ¿política¿ dejará de ser sinónimo de ¿pajarilla¿?

¡Estamos condenados! Los programas de gobierno todos son muy buenos, porque nadie va a escribir estupideces, sólo se diferencian en la redacción. El candidato Clímaco Urrutia nunca hizo una plataforma política porque el papel aguanta todo. ¿Qué es una plataforma? La misma etimología lo dice: es la forma de ganar plata.

 

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