Con ritmos parranderos y románticos, el vallenato tiene su historia en Bucaramanga

Mar 1, 2007 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Jonatan Yúnez Carvajal
jyunez@unab.edu.co
Las emisoras locales imponen día a día temas viejos, nuevos y los llamados ‘de moda’ en el vallenato. Suenan en buses, bares, restaurantes y en las casas. Los bumangueses se identifican con las tonadas de acordeón, caja y guacharaca. “Los locutores se propusieron hacer de Bucaramanga una ciudad vallenata. La acogida de un gran público en este territorio se la debemos a este medio”, opina Edwin Rey, investigador musical.

Promotores musicales ven en Bucaramanga un territorio apropiado para hacer conciertos y posicionar canciones de nuevos artistas vallenatos. “Ellos ven la ciudad  como una  buena plaza para iniciar  la carrera de los artistas”, afirma Julio César Galvis, locutor vallenato que ha seguido de cerca este fenómeno en la ciudad.

Los inicios
El vallenato llegó a Bucaramanga a comienzos de 1977 cuando Rafael Orozco era cantante de El Binomio de Oro. En aquella época empezó a ‘pegar fuerte’ en las emisoras con su canción  La Creciente, la cual, le dio reconocimientos a la agrupación y tuvo por primera vez un espacio entre el público, que en ese entonces era acaparado por artistas como Pastor López y Vicente Fernández.

Otro elemento que fortaleció la acogida del vallenato fue la migración de estudiantes provenientes de Valledupar, Riohacha, San Alberto, entre otros, a la ciudad. Ellos llegaban a realizar sus estudios a la Universidad Industrial de Santander UIS, y se instalaban en el barrio San Alonso y San Francisco por cercanía a la institución.

“Las mañanas de los fines de semana iniciaban con el estruendoso sonido de las grabadoras hubicadas en la puerta de las casas, que acompañaban las rondas de amigos costeños mientras jugaban dominó y bebían cerveza. Obviamente los versos vallenatos estaban de fondo”, recuerda Juan Carlos Díaz, estudiante costeño de la época, que se quedó viviendo en la ciudad.

Las emisoras empezaron a tener espacios dedicados al vallenato, en los que durante una hora rotaban canciones de los artistas representativos de este género. Galvis afirma que no a todas las personas de la ciudad les gustaba este tipo de música, ellos llamaban a la emisora y decían “oye, por qué pones esa música de costeños, de negros, incluso con frases agresivas”.

Fue en ese entonces que se generó una rivalidad entre los seguidores de Rafael Orozco, que pertenecían a gente de estratos altos y los seguidores de Diomedez Díaz, gente de los sectores populares de la ciudad.

A finales del 78 se iniciaron las parrandas de costeños y la creación de escenarios vallenatos empezó a surgir con lugares como el Venado de oro y los salones en Sanandresito la Rosita, dos de los más concurridos.

“En los ochenta y noventa el vallenato estaba muy bien posicionado, ya era música que incluso amenizaba reuniones y la vida diaria de los bumangueses por su constante difusión en la radio”, explica Galvis.

El vallenato romántico ganó protagonismo, siendo el preferido por los bumangueses quienes se apegaron al estilo musical con letras de amor, dejando a un lado el  aire parrandero de éste. En ese tiempo inició la llamada “nueva ola vallenata”, con sonidos que se apartaron de los tradicionales, señala Rey.

Las mezclas 
“La lucha contra el  reggaeton no ha sido fácil, pero la diversidad de artistas nuevos vallenatos está dando la pelea por tener más seguidores”, afirma Édgar Martínez, músico local. Además, los jóvenes son los que manifiestan un mayor apoyo a las mezclas de ritmos porque en colegios y universidades se encuentran los apasionados por los nuevos sonidos y ellos son los que llenan conciertos y eventos programados por las emisoras, según explican los promotores musicales.

Otros, sin embargo, consideran que  “Bucaramanga no disfruta del vallenato tradicional y el fenómeno que vive de la nueva ola y su acogida, es simplemente un ritmo musical facilista, que no es igual a lo planteado por el vallenato romántico de tiempos atrás”, reitera el investigador musical.

Como en sus inicios, hoy día, los jóvenes costeños que vienen a estudiar a las universidades de la ciudad, reflejan su arraigo a su tierra y es el público que se ve con mayor frecuencia en los establecimientos que están a los alrededores de las instituciones educativas en los que esta música es protagonista.

Artistas como Kaleth Morales (ya fallecido) y sus hermanos Kanner y Keiner, quienes decidieron constituir el grupo K-Morales; Luis Fernando ‘Luifer’ Cuello; Silvestre Dangón; Peter Manjarrés, son algunos de los que más atraen de esa llamada ‘nueva ola’, en las emisoras vallenatas que se escuchan en Bucaramanga. Son esos artistas los que visitan dos o tres veces la  ciudad en un mes, para ofrecer un concierto promovido por alguna emisora o por empresarios particulares.

Es común ver volantes y afiches adheridos a postes, puentes peatonales y cualquier muro de la ciudad o repartidos en sitios cercanos a las universidades, a fin de promocionar estos eventos. Pero también es frecuente ver las filas de jóvenes a las puertas de las emisoras, esperando para ganarse una boleta de un concierto vallenato y hasta el incremento de cuñas radiales que pasan cada diez minutos y que hablan de la acogida al denominado fenómeno vallenato que se vive en la actualidad en Bucaramanga.

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