Daniel, ingeniero a los 19 años y con apenas 4,72 de promedio

Ene 26, 2009 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez

El promedio general acumulado de 4,72 da una pista de las calidades de Daniel Forero Gómez, quien el pasado 19 de diciembre recibió su título profesional de ingeniero de sistemas y con él la distinción Magna Cum Laude debido a su alto rendimiento.

Ante un Auditorio Mayor ¿Carlos Gómez Albarracín¿ abarrotado de directivos de la UNAB, graduandos y padres de familia, Forero Gómez fue el escogido para dirigir las palabras en nombre de todos los hombres y mujeres que ese día concluían sus estudios de pregrado o posgrado.

Con apenas 19 años y medio de edad y luciendo un vestido de paño de ¿adulto¿, Daniel deslumbró por su elocuencia y juventud.

No sólo nunca perdió una materia, sino que por obtener el mejor puntaje en las pruebas del Icfes en 1993 y distinguirse como el mejor bachiller del Seminario Conciliar San Pío X, de Floridablanca, se hizo merecedor y conservó la beca a la excelencia académica que la UNAB le otorgó para cubrir el 100 por ciento de toda su carrera.

Desde que con la orientación de su abuela Ana María aprendiera a leer a los tres años de edad, Daniel ya anunciaba la cosecha de logros que le permitirían terminar el bachillerato a los 14 años.

En su paso por la UNAB, se desempeñó además como monitor en el Laboratorio de Telecomunicaciones y su práctica académica la realizó con una empresa española de consultoría, desarrollando el proyecto ¿Sistemas de medición y facturación de terminales de mercancías, para la Ferroviaria de España¿. Su proyecto de grado ¿Validación de una red de sensores inalámbricos para el control de la calidad del aire en la zona industrial de Bucaramanga¿, fue elogiado por la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb.

Un título complejo que se traduce en la aplicación de sensores inalámbricos en un tema de actualidad e interés mundial como las emisiones atmosféricas, pero sin conformarse con el simple monitoreo de monóxido, sino también de sulfuros, nitratos y material particulado. Así que con una estación pequeña y automatizada, su proyecto permite comprobar en tiempo real la calidad del aire que se está respirando en la zona industrial de la capital santandereana. Una cajita que se puede montar en un poste de energía o en la azotea de un edificio, con la que no solo se recogen las muestras, sino que se envían de inmediato a un nodo de largo alcance donde se generan reportes y alarmas, el cual puede estar conectado a un servidor con acceso web que incluso deje que el público consulte la información.   

 Inquieto y amigable

Vivir la UNAB dialogó con esta promesa de la ingeniería, quien empezó dedicándole este triunfo a su madre María Mercedes, a su tía María Eugenia y a la memoria de su abuela, quien en todo momento le brindó una sobredosis de comprensión, aliento y cariño.

Recuerda que su primer contacto directo con la UNAB se dio el día en que funcionarios de Mercadeo atendieron con amabilidad la visita de su colegio y quedó impresionado con el plan de estudios, con la acreditación de Alta Calidad que ostenta la Facultad de Ingeniería de Sistemas y por las facilidades que le brindaba la Institución para apuntarle a una beca. Aunque, advierte, ya estaba al tanto de la tradición e importancia de la Universidad porque su progenitora estudió aquí Derecho.

Daniel, que en los primeros semestres era con frecuencia confundido con un colegial extraviado, subraya que ¿no pude haber hecho mejor elección. Lo mejor fue haber escogido a la UNAB¿.

Inquieto desde pequeño por la tecnología informática, ¿ya más grande¿ en el bachillerato con las clases de computadores pudo explorar los lenguajes de programación y descubrió que su futuro se orientaba hacia esa área del conocimiento.

Su primer computador, que guarda con nostalgia, fue un clon que él mismo armó, ¿con una pantalla de rayos catódicos que pesaba más que la torre¿ y que valía más que un portátil de última tecnología de los que hoy se consiguen hasta en los supermercados.

En el salón y en la casa, su siguiente paso fue sumergirse en el mundo de las nuevas tecnologías, así las conexiones se realizaran vía módem y por lo tanto resultaran lentas como ellas solas. Hasta convertirse en un ingeniero de sistemas en la UNAB, pensando en cambiar el concepto que se tiene de una persona que simplemente programa o, de forma errónea, ¿el que arregla computadores¿, para proyectarse como un generador de soluciones tecnológicas ya sea en sistemas de información, telecomunicaciones o desarrollo de software.

Las telecomunicaciones y el diseño de bases de datos le llaman la atención pero fácilmente se dejaría tentar por especializarse en gerencia de proyectos de software, ¿para no sólo estar detrás de una pantalla programando, sino también dialogando con los clientes, ofreciéndoles soluciones¿. Daniel es consciente de que no vive en un mundo cerrado, ¿sino para un entorno en el cual se va a aplicar la solución que uno desarrolle tecnológicamente¿.

A pesar de que la materia más baja que dejó fue Ingeniería del Software II con el profesor y tocayo Daniel Arenas Seleey, en 4,1, manifiesta su afecto y dice que no fue culpa del docente. ¿La materia es dura, pero es un tema muy bacano¿, responde con la misma sonrisa que esbozó el día del grado cuando Arenas se le acercó a felicitarlo y de paso tomarse una foto con su pupilo. ¿En 5,0 -señala- dejé Cálculo, Álgebra, Investigación de Operaciones y ¿otricas¿¿.

Formó parte de un grupo de ¿pilosos¿, en el que ninguno de sus integrantes salía con excusas a la hora de hacer un trabajo o investigar un tema. ¿Si alguno no podía ir a clase, le informábamos y lo nivelábamos. Entre todos nos ayudábamos para estar siempre al día y llevar los trabajos a buen término¿, dice, y recuerda su ¿parche¿ conformado por Pablo Santamaría, Pedro Hernández, Fabio Vergel, Alex Díaz, Joan Jaimes, su socio de tesis, Rafael Jaraba, y las únicas tres compañeras: Melisa Figueroa, Lina Vecino y Diana Moreno. En los cinco años en la UNAB, asegura, jamás pidió que lo apuntaran en un informe y menos intentó hacer copia.

Pero este joven sabe que la vida no son sólo números, y por esa razón complementa su conocimiento con la lectura de ciencia ficción, pero también de revistas y periódicos. Su tiempo libre igualmente lo invierte en un ¿picadito¿ de microfútbol, viendo dibujos animados como Los Simpsons y comedias y hablando con sus amigos de barrio en Floridablanca, con quienes tiene la costumbre de hacer una tertulia semanal o al menos tomarse un café y caminar.

Atrás quedarán los días en que compañeros y profesores le preguntaban: ¿¿cuántos añitos tiene?¿ y ¿me dejaba consentir¿. Ya con 19 años no es tanto, aunque no faltó quien al mandar a hacer sus tarjetas de grado le preguntara de qué colegio se hacía bachiller.

Consciente de que el diploma de universitario apenas se trata de un primer paso en la vida de un profesional, Daniel ya está ocupado en la creación de su propia empresa en sociedad con unos primos matemáticos y abogados. Se llama ¿Park Center¿, la cual se centrará en el suministro de soluciones tecnológicas y administrativas. Arranca con el proyecto de gestión de parqueaderos, sencillo de manejar por parte de operarios y usuarios, con lectores de código y pagos digitales.

Su ambición es grande y sueña con expandir su portafolio desde la creación de portales y aplicativos para escritorio, hasta soluciones de consultoría. No le llama la atención la meta de ser empleado, entre otras razones porque no quiere que quien vaya a ser su jefe les corte las alas a sus ideas. ¿Dueño de mi propia empresa tengo más libertad para arriesgarme, para tirarle lápiz a cosas que se pueden hacer y para sacarle más jugo a innovaciones que ya están aplicando en otros lugares¿, concluye.

Y remata: ¿Le agradezco a la UNAB que no sólo se preocupó por formarnos profesionalmente y por llenarnos de conocimientos técnicos, sino porque también se interesan en la formación personal de los estudiantes. Es una formación integral que nos diferencia de las demás universidades de la región¿. Su anhelo es que la UNAB no desfallezca en fortalecer cada vez más la investigación.

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