De la ética a la polémica

Sep 13, 2010 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Después de regresar impresionado de su visita a la Casa del Libro Total,  Savater le demostró a Abad que puede tener tres potrancas en su finca antioqueña, pero que de caballos él sí es una enciclopedia andante, como quiera que ha asistido a los últimos 35 derby que se realizan en Exxon (Inglaterra), a los cuales asiste lo más granado de la aristocracia europea, estrellas y estrellados.

¿Quién iba a imaginar que este ser que no cree en Dios, al que se lo pelean las universidades para que dicte conferencias por los euros que quiera cobrar, es el mismo hombre de barba blanca y sombrero que cada año acude con religiosa puntualidad al hipódromo para no perderse detalle alguno de la mítica prueba?

Con la boca hecha agua y no precisamente por el güisqui con un cubo de hielo que se estaba tomando por cortesía de un anfitrión que no reparó en el precio del licor, el autor de “Ética para Amador” -un libro de consulta obligatoria en las aulas de clase iberoamericanas- le hizo entender a Abad que el Derby de Kentucky es una carrerita más, casi como comparar el sagrado Wembley con el tierrero de la Cancha Marte.

Agitando las manos como un pelícano que intenta levantar el vuelo, Savater confesó su pasión por todas las novelas que escribió un ex jinete de la reina Isabel, de cuyo nombre el periodista no ha podido acordarse.

Savater admitió que es un apostador infalible y no porque siempre acierte, sino porque en cada carrera tiene una respuesta de por qué no ganó. Aunque no todo ha sido adversidad para este aclamado autor que recuerda con satisfacción aquel día en Windsor que con ‘miserables’ dos libras esterlinas le hizo fuerza al animal menos favorito, cumplió su sueño de arrasar con las arcas y se llevó una millonada con la que le prometió a su esposa comprarle un yate para regresar a Londres.

Entrado en el calor de la conversación y con Abad y los demás contertulios absortos, Savater pasó a contar que el destino no le deparaba otra opción que ser notario, como su padre, pero que pudo más la influencia de su madre, una maestra de escuela que esperaba con avidez cada novela de Agatha Christie y el aviso de la librería en San Sebastián (País Vasco) de que la respectiva traducción ya había llegado.

Así fue como Savater -de 63 años de edad- creció en un mundo de libros y tiras cómicas, mientras su padre lo llevaba de pantalones cortos a presenciar las carreras. Quizás por eso Savater, después de salir de la cárcel de Carabanchel a donde el dictador Francisco Franco lo mandó por considerarlo un ‘elemento peligroso’ para sus intereses, probó sin suerte ser comentarista hípico. Ese día el mundo de los caballos perdió a una promesa, pero la literatura y la filosofía ganaron el autor consagrado que es desde hace mucho rato.

Antes de atender esta entrevista exclusiva con 15, un Savater más familiar -terminándose su segundo trago- relató el susto que se llevó la noche del pasado martes 31 de agosto cuando el avión que lo traía de Bogotá intentó aterrizar en eso que algunos presuntuosos apodan “Aeropuerto Internacional de Palonegro”.

Él, que no usa estampas de vírgenes ni talismanes sino solo dos anillos gruesos que envidiaría Linterna Verde, narró la angustia de verse a pocos metros de la pista en una noche borrascosa y tener que tomar altura porque los tres intentos fueron abortados.

Allí, en la cabina del pájaro metálico, Savater descubrió sus dotes de psic

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