De los salones del D a la Fiscalía General de la Nación

Mar 9, 2009 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez

En los días en que el estudiante de la Facultad de Derecho de la UNAB, Luis González León, faltaba a clase por quedarse en ¿La Rectoría¿ o en ¿Magará¿ con amigos como Mauricio Rodríguez, jamás imaginó que dos décadas después no sólo sería invitado como conferencista a este claustro universitario, sino que desempeñaría cargos de tal importancia como la dirección de la Unidad Nacional de Justicia y Paz de la Fiscalía General.

¿Nunca pasó por nuestra mente que pudiéramos llegar a tener un puesto público o que podíamos ser los que íbamos a orientar los destinos de este país¿, reconoció González León el pasado 20 de febrero ante unos 130 estudiantes y docentes de la UNAB que fueron a escucharle en el Auditorio Menor.

¿Un sueño es superarnos, es hacer algo por el vecino, es la realización de un hombre. Los sueños se cumplen con honestidad, trabajo, tesón, pertenencia y entrega a las metas que cada uno se proponga. ¡Nunca renuncien a ellos!¿, dijo.

Según González León, ¿no nos debe dar miedo a entender que esta sociedad la construimos siempre basándonos en que no queremos que nos pase lo del vecino, pero sí queremos ayudar a que el vecino supere las desgracias que tiene. Porque cuando nos olvidamos de eso y nos centramos en sólo mirarnos a nosotros, esa sociedad nunca va a salir adelante¿.

Él no olvida aquel 23 de diciembre de 1989 cuando recibió el diploma de abogado y que su primer cargo fue el de inspector de Policía en Malpaso, donde empezó a enterarse de la cruda realidad de este país en el que hay gente que se acuesta sin probar bocado y ¿donde hay mamás que toleran que a sus hijos los violen porque el papá es el que trae lo del diario¿.

Allí aprendió que lo que vale en la vida es escuchar y tomar decisiones, no por toda la cantidad de normas que se esbozan en un aula, sino por principios tan simples como ¿darle a cada quien lo que le corresponde. Ser justos¿.

Recordó entonces a profesores como Laureano Gómez Serrano y Osilda Ramírez Ramírez, quienes le hicieron perder el poco pelo de su cabeza cuando lo ponían hasta las cuatro o cinco de la madrugada a repasar preceptos del Derecho o artículos de la Constitución.

¿Cuándo empieza uno a valorar la Universidad?, se preguntó. ¿Cuando está en la vida solucionando problemas y tiene que tomar las decisiones en ese preciso instante¿, dijo.

En su opinión, la gran diferencia que tiene la UNAB con respecto a los demás centros de educación superior de Colombia, es que ¿aquí se aprende a tomar decisiones, a extraer en este momento cuál es el problema jurídico que se está enfrentando y de inmediato traer las tesis para solucionarlo¿.

Señaló que en otras universidades de la región y del país también hay estudiantes brillantes, ¿pero podemos pasarnos todo un día y no son capaces de encontrarle el problema a un tema. Y si no son capaces de extraer el problema, menos van a ser capaces de llegar a una solución y lejos están de llegar a la solución que corresponde¿.

González León, experto en Derecho Administrativo y Criminología, aseveró que un profesional del Derecho no puede jamás dejar de estudiar, ni de conocer otros pensamientos y que ¿otros ya dieron los debates que estamos dando y ya solucionaron los problemas que tenemos¿.

¿Ustedes -les insistió González León a los estudiantes- tienen la responsabilidad de pacificar este país, para que sus hijos no sufran lo que están sufriendo los nuestros: la falta de oportunidades¿.

Sin entrar en detalles de aquella época en que fue uno de los organizadores de una de las dos únicas huelgas que ha vivido la UNAB en más de medio siglo de historia, González León pasó al capítulo de la Ley 975 de 2005, más conocida como Ley de Justicia y Paz, de cuya aplicación él es el encargado.

¿Esta es una Ley que marcó la diferencia no sólo en Colombia sino en el mundo para solucionar los conflictos, porque antes de ella en Centroamérica o Suráfrica -por ejemplo- a los perpetradores de crímenes de lesa humanidad les dijeron que contaran los hechos que cometieron y les dieron el perdón y el indulto. Pero eso hoy día no lo permite la comunidad internacional. La primera ley que no perdona a estos criminales es la 975 de Colombia¿.

Realizando un repaso de lo acontecido en el mundo, pero también en Colombia mismo con procesos como el que se dio con el movimiento guerrillero M-19, que concluyó con su desmovilización, González León enfatizó que con la Ley 975 no se perdonan crímenes, y los responsables deben pagar cárcel, entregar todos sus bienes y contar toda la verdad ¿para que tengan derecho a que por esa verdad se les de una pena disminuida por los crímenes cometidos¿.

Esta es la entrevista exclusiva que González León le concedió a Vivir la UNAB antes de abordar, presuroso, una camioneta blindada rumbo al aeropuerto.

¿Cómo un muchacho de San Vicente de Chucurí ha escalado tanto hasta convertirse en la mano derecha del Fiscal General de la Nación? ¿Cómo ese joven que subía a pie desde la 33 a clases en el Bloque D, ahora no puede ser desamparado por los escoltas?

Pues uno a veces no se la cree que a esta altura esté andando con un esquema de seguridad, con carros blindados y que maneje una unidad de 1.080 personas, que esté uno encargado de construir la aplicación de una ley como la Ley de Justicia y Paz, que no solamente tiene encima los ojos de Colombia sino del mundo entero.

Porque es que ésta es la primera ley que existe en el mundo, y por ella los perpetradores de los delitos más graves van a pagar pena y tienen que contar la verdad de sus hechos, darles la cara a sus víctimas y entregar sus bienes. Es la primera ley en el mundo que les demanda estas exigencias. Entonces uno siente un orgullo enorme ser de un pueblito como San Vicente y de volver aquí a mi UNAB. Poder ver a los estudiantes y saber que hace veinte años era uno igual que ellos. Estar uno sentado escuchando a alguien que venía de Bogotá, y diciendo: ¿allá se llega con palanca y por ser amigo de un político¿.

Yo llegué allá por el trabajo, porque no tengo amigos, ni palancas, sino que la vida me ha dado la oportunidad que hombres como Luis Camilo Osorio y Mario Germán Iguarán me hayan permitido acompañarlos en sus gestiones como fiscales generales.

 ¿La Ley 975 cómo les garantiza los derechos a las víctimas?

Con la Ley 600 el fiscal se encerraba en un cuarto, con el defensor y el perpetrador, sin que nadie más interviniera. La víctima no aparecía para nada y hasta la sentencia estaba ausente en el proceso. Sólo hasta 2002 se dijo que las víctimas en el proceso penal no sólo tenían un interés económico patrimonial sino también el interés de la verdad y la justicia.

Con la Ley 975 en un escenario está rindiendo versión libre el perpetrador, y en otro escenario -por teleconferencia en tiempo real- están las víctimas observando lo que pasa, interrogando, haciendo valer sus derechos.

Con Justicia y Paz los fiscales no se quedaron en los escritorios esperando a que las víctimas les vinieran a contar los hechos, sino que salimos a buscarlas y a la fecha hemos ido a 160 municipios. En esa tarea vamos acompañados por la Defensoría del Pueblo, las personerías y la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, y ya hemos recibido 187.000 víctimas que nos están contando cómo fueron violentadas por los miembros de los grupos armados.

En este momento tenemos más de 400.000 hechos que creemos que fueron cometidos por grupos al margen de la ley.

 ¿Cómo hace una víctima que está en una vereda de El Playón para saber que su perpetrador se acogió a la Ley de Justicia y Paz?

Esa información está en la página de Internet de la Fiscalía, así como en la radio, la televisión y la prensa con edictos emplazatorios con la foto, los alias y el nombre del perpetrador, para que las víctimas los puedan reconocer. Premiamos el derecho de las víctimas a saber sobre el derecho de los criminales a su buen nombre.

También vamos con megáfono en mano y por pueblos y veredas avisando que estamos en versiones libres para que asistan a unas salas especialmente acondicionadas, vean, nos digan quién de ellos los afectó y nos ayuden a saber qué hizo cada uno de los que está rindiendo versión libre.

Al día de hoy en nuestras diligencias de versión libre se han presentado 35.000 víctimas y han intervenido. Con orgullo decimos que eso no había pasado en este país nunca. Nuestra ley ha sido para las víctimas, así nos digan que ha sido para los perpetradores.

Van 19.800 hechos confesados, la mayoría de ellos -el 87 por ciento- estaban en la etapa primaria en la impunidad.

Hemos sacado 1.870 restos humanos de las fosas que hemos encontrado por información de los perpetradores y de las víctimas. Por ADN hemos identificado 526 cadáveres y los hemos devuelto a sus familias. En nuestros laboratorios tenemos 500 cadáveres esperando los resultados de ADN y tenemos más de 4.000 fosas comunes para ir a exhumar y a ver si encontramos los restos de otros seres humanos que están desaparecidos.

Toda la Ley 975 es para las víctimas y en primer lugar para los desaparecidos. Cuando llegamos al Putumayo había 19 casos de desaparecidos denunciados; hoy día pasamos los 1.100 casos de desaparecidos en ese departamento desde que empezamos a ir porque la gente ha empezado a contar lo que ha pasado y a señalarnos dónde están las fosas. Al punto que ya hemos recuperado 292 cadáveres.

La realidad de la barbaridad que han cometido los grupos armados al margen de la ley en Colombia muchos la saben pero todos la queremos omitir. La sociedad es pasiva, lenta y cómplice con su silencio, permitiendo que estos monstruos crecieran y llegaran hasta donde llegaran. Y no es un patrimonio exclusivo de uno de los grupos armados, sino de todos, que tienen el mismo actuar: desaparecen, hacen las mismas masacres, extorsionan, secuestran¿ todos tienen el mismo modus operandi. Todos somos culpables en este país por lo que nos ha pasado, y lo peor aún: todos podemos ser culpables por lo que nos puede volver a pasar, porque ahí están las llamadas ¿Águilas Negras¿ y el renacer de otros grupos que si nos descuidamos pueden crecer y ser peores que los que se están extinguiendo. Y ahí siguen las Farc y el ELN.    

 ¿Está tan convencido de las bondades de la Ley de Justicia y Paz como para meter por ella las manos a la candela?

Ésta es una ley que tiene muchas bondades, como usted lo dice, pero no depende solamente de la ley, sino también de los perpetradores porque aquí la verdad la dan ellos. A nosotros nos corresponde una labor enorme, que es establecer si dijeron la verdad.

Pero independientemente del final de esta ley, los resultados que ella ha dado no los hubiese dado la justicia normal de este país en muchas décadas. Me refiero a que haber recuperado al día de hoy dos mil cadáveres y haber ya identificado quinientos y entregado a sus familias; estar a punto en los laboratorios de identificar a otros quinientos; tener más de  cuatro mil para ir a recuperar; haber esclarecido más de diecinueve mil hechos que estamos dando el debate de la verdad¿ eso era imposible creer. Entonces sólo lo que ha dado la ley hasta el momento ya por sí solo son ganancias.

No permitamos que hacia el futuro haya una ley menos fuerte que la Ley 975 y debemos unirnos todos para que no se les perdonen los delitos de lesa humanidad a sus perpetradores. Tenemos que ser implacables con los violadores de los derechos humanos y en el futuro ser más fuertes en las penas que se apliquen para la solución de conflictos. Que aquí no pase lo que pasó con el M-19, con el Quintín Lame y con todos los grupos con los que hubo perdón y olvido. De aquí en adelante en cualquier proceso de negociación con los grupos armados debe haber responsabilidad penal y patrimonial para tratar de que no se siga repitiendo en Colombia lo que nos sucedió en el pasado.

No queremos ver, como lo vi en Bosnia, un cementerio con 50 ó 60 miembros de la misma familia enterrados uno tras de otro, y que esos sean interpretados como actos de no repetición en la sociedad. Lo que queremos es a nuestras familias vivas, disfrutando, pudiendo cada uno desarrollarse.

 ¿La impunidad sigue campeando en Colombia o hasta cuándo reinó?

La impunidad sigue en Colombia y faltará muchísimo para que sea derrotada.

 ¿Cuál es el caso de barbarie causada por los paramilitares que más horror le ha despertado?

Una fosa donde encontramos a una mujer esqueletizada y en su vientre observamos un niño de ocho meses. A lado estaban su papá y su mamá. Eso es una barbarie. Hemos encontrado narraciones sobre víctimas a las que torturaron empezando por quitarle un dedo, luego otro, luego la lengua para que no gritara, lo fueron poco apoco desmembrando y al final le quitaron la cabeza y jugaron fútbol con ella.

 ¿Santander escapó a este capítulo de terror?

No, Santander es un protagonista de esta horrible noche. Desafortunadamente para los paisanos todos los grupos armados al margen de la ley, como subversión o paramilitares, han dejado centenares de víctimas y lo han hecho bajo la barbarie más intensa que se pueda imaginar un ser humano.

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