Discursos que inspiran antes de la guerra

Feb 28, 2011 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Luis José Galvis Díaz.
lgalvis@unab.edu.co

Inglaterra, un país acostumbrado a guerras y batallas a lo largo de más de 20 siglos, muchas de ellas provocadas por ellos mismos al invadir a otros países, otras tantas incitadas por sus numerosos enemigos, ha tenido momentos gloriosos en ese largo camino de enfrentamientos por el globo terráqueo.
Pero en algunas ocasiones, por encima de sus cañones, barcos y uniformes, lo que más ha quedado en el recuerdo de la historia han sido los intensos discursos de sus líderes que tanto ánimo dieron en esos momentos de contienda. Uno de ellos fue el dado por Enrique V en la batalla de Agincourt en 1415 que inmortalizó William Shakespeare en la obra que lleva el mismo nombre del rey inglés. El otro discurso, menos lejano, fue dado por Winston Churchill en junio de 1940, acerca de la impensable rendición de Inglaterra ante el ataque alemán, en la hora más oscura que ha vivido Inglaterra ante un ataque que prometía la devastación total de la isla.
Esos dos discursos inspiraron a los soldados y también a los civiles en el caso de Churchill, que los avocó al más grande sacrificio por defender su tierra. Acerca de las palabras adecuadas en el momento más preciado, trata la película inglesa “El discurso del rey” nominada estos días al premio Oscar de la Academia como mejor película además de otras nueve nominaciones. El logro del rey Jorge VI al vencer su tartamudez para dar el discurso de aliento a su pueblo cuando le declaró la guerra a Alemania por invadir a Polonia en septiembre de 1939, es muy pequeño comparado con lo obtenido por Churchill y Enrique V, pero la película no narra ningún acontecimiento de la guerra más cruenta de la que haya tenido noticia la humanidad, sino que es un relato intimista acerca de cómo un hombre de la más alta estirpe por una jugarreta del destino recibe la corona de rey y debe enfrentar sus mayores temores, para dar un discurso que inspire a su nación a luchar incansablemente.
Esta es una película hecha para ennoblecer la figura de los monarcas que tanto ha sostenido Inglaterra a pesar de los grandes cambios políticos, con tal de tener en la cima y también en las murmuraciones, a la familia real más famosa de todo occidente del planeta.  Y la película cumple con su cometido  de ser un relato que humaniza, es decir, muestra las debilidades de un hombre que no había sido designado para ser rey, pero que llega a este cargo en el momento más difícil para su nación, y ante la cual debe responder con la entereza y claridad de unas palabras que demuestren la grandeza de su posición. Su tartamudez es su mayor enemigo y para llevar a cabo esta lucha personal, su esposa Elizabeth (Helena Bonham Carter) obtiene los servicios de un ortodoxo terapista australiano para ayudarlo.
“El discurso del rey” tiene un cúmulo de cualidades, como su guión que se enriquece con sus refinados diálogos, las actuaciones de Colin Firth y Geoffrey Rush en un entrañable duelo de clases sociales y nacionalidades que se convierte por los constantes roces en una entrañable amistad, la ambientación de los años treinta del siglo pasado con su vestuario, maquillaje y arte, aunque esto más que una cualidad era una obligación, y en especial los momentos de tensión que se transmiten con los silencios y titubeos del nuevo rey, que le dan mayor emoción a la superación del defecto que tiene este monarca.
Jorge VI no salvó a Inglaterra por este discurso, pero sí fue el representante que los inglses esperaban oír en el momento justo para darles el coraje de iniciar el enfrentamiento a Adolfo Hitler y su máquina de guerra.  “El discurso del rey” es una película recomendada para revivir un drama un tanto desconocido detrás de las cortinas de la corona inglesa, esta vez sin enfatizar en los escándalos.
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