Doña Alejita

Feb 4, 2020 | La calle del medio

Doña Alejandrina Bohórquez, llamada por sus seres queridos y allegados como doña Aleja o Alejita es una mujer santa… Santandereana, verraca y luchadora que no se ha dejado quitar la sonrisa por las circunstancias de la vida.

Oriunda de Málaga, Santander, nació el 5 de mayo de 1954. De niña quiso ser enfermera por lo que solía frecuentar el hospital del pueblo pero se formó en secretariado y comercio en el SENA después de retirarse del colegio porque el estudio no le gustaba. Se casó y se dedicó a su familia y a la panadería pero después de varios años decide continuar su camino sola y con sus tres hijos, con los que emprende un negocio de tejidos y confecciones que vendía en los pueblos cercanos y hasta en Venezuela, pero la caída del bolívar y el arrecio de la violencia en toda la zona la obligaron a salir de repente con sus hijos a buscar nuevos horizontes.

Al llegar a Bucaramanga, hace ya una década, sus hijos se hacen independientes y ella retoma la panadería haciendo productos que puede vender en diferentes oficinas y clínicas de la ciudad. Entre los productos que hace de manera artesanal están las famosas tortas malagueñas, pasteles hojaldrados, pan de cereales, mantecadas, pandeyucas y pandebonos, entre otros, por lo general acompañados de un delicioso masato.

Su horario de producción suele ser de lunes a viernes sobre el medio día para salir a primera hora de la tarde a vender sus productos aún calientes. En las fotografías se captura parte de la elaboración de pasteles hojaldrados y pandeyucas, conociendo el paso a paso de cada producto.

Se deben tener listos todos los ingredientes con anterioridad al igual que los recipientes y espacios a utilizar; el horno debe estar precalentado y las latas limpias y “engrasadas”, la piña calada se debe preparar y dejar enfriar para las hojaldras hawaianas varias horas antes y esta se puede guardar en un recipiente con tapa en la nevera. El queso lo compra en la plaza Guarín y los demás ingredientes en Coopasan.

Suele transportar sus productos en un canasto tradicional que ha adecuado para llevarlos con seguridad y con un toque artesanal. Se ríe y dice que sus clientes le critican la forma de sus pandeyucas, pero le reconocen lo sabrosos que son porque los hace con mucho cariño. Y entre sus primeros comensales están sus dos lindos nietos. Doña Alejita, mujer verraca y de muchísimo valor para sus seres queridos.

Trabajo de aula del curso Fotografía y lenguaje visual, correspondiente al primer semestre del Programa de Comunicación Social de la UNAB dictado por el docente Ricardo Jaramillo
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