El adiós a Don Armando

Jun 25, 2007 | Institucional

Ha emprendido el camino a la eternidad, un hombre grande en todo el sentido de la palabra, que deja una huella imborrable en la entraña misma del Departamento y en todas las personas que tuvieron que ver con su atrayente personalidad, puesta siempre al servicio de los más caros intereses de su región.

Armando Puyana se ha ido para siempre y con él una personalidad sin par, que desde muy temprana edad entendió que había recibido un legado muy importante de su estirpe y asumió el compromiso de forjar una empresa llamada a establecer los senderos del progreso, a través de la expansión urbana de Bucaramanga y su Área Metropolitana, para hacer de esa urbe la ciudad más importante del Oriente Colombiano, con una clara connotación en el escenario nacional.

Y allí, desde la empresa Urbanas, comenzó a atraer capitales, a reunir talentos, a adquirir tierras con sentido de desarrollo futurista y a proyectar la ciudad en las dimensiones que exigía una gran capital.

Después de estructurar un sinnúmero de barrios con nuevas formas arquitectónicas, se adentró en el campo de los centros comerciales en Cabecera y Cañaveral, impulsó el Centro de Ferias y Exposiciones, y posteriormente, cuando entraba en la etapa final de su existencia, sorprendió al país entero con una urbanización de las más connotadas dimensiones en el Alto de Ruitoque, construyendo además para lo que muchos es, el mejor campo de golf de Colombia, acompañado también de un complejo turístico. Allí contemplaba orgulloso desde el balcón de su casa, el desarrollo de lo que alguien llamó ¿El segundo piso de Bucaramanga¿.

Pero Armando Puyana entendió también desde muy temprano, que si se quería hacer algo grande por la región, había que dar un gran impulso al factor educativo, para conseguir la formación del talento humano, que pudiera estar en condiciones de proyectar el desarrollo de la región, y al lado de Alfonso Gómez Gómez, Alejandro Galvis Galvis y otros patriarcas de la época, fundaron primero el Instituto Caldas y posteriormente la Universidad Autónoma de Bucaramanga, una institución educativa del más amplio prestigio, que ha formado miles de personas, incorporadas todas ellas en las más diversas actividades por todos los rincones de Colombia. ¿Mi orgullo grande está en la UNAB¿, solía repetir con marcada satisfacción.

Fue también un gran impulsor del civismo y de la congregación de esfuerzos para trabajar de una manera constante por Santander. Se le veía en la Cámara de Comercio, en la Fundación Prosantander, de la cual fue cofundador, en Camacol, en los clubes sociales y en todos los sitios en donde creía que su presencia y su aporte intelectual eran útiles. Engendraba un liderazgo nato que hacía que su voz no solo fuera respetada, sino acatada.

Fue amigo de todos los presidentes liberales y conservadores que conoció, quienes en muchas oportunidades le ofrecieron dignidades que rechazó en su momento, por considerar que su presencia estaba en los campos que manejaba, los cuales no podía descuidar, ni mucho menos refundir en actividades ajenas a su talante.
Armando Puyana fue toda una institución en Santander; su nombre estará asociado siempre al progreso y al liderazgo, y lo que significa para nuestro departamento su pérdida, tal vez nadie podrá cuantificarlo por ahora. Reunía talento, capacidad de trabajo, carácter, entrega por los suyos y una gran tenacidad para actuar frente a las adversidades. Pasará mucho tiempo seguramente para que una persona de sus dimensiones vuelva a surgir.

Paz en la tumba de un gran colombiano que cumplió con creces la responsabilidad de su existencia y que será ejemplo para las actuales generaciones, y también para las que están por venir.

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