El duende que se convierte en príncipe

Ago 30, 2011 | Institucional

En 1889  había una vez un pequeño duende llamado Eisir, quien vivía en una cueva de una gran montaña. Esta extraña criatura era de color blanco luminoso, su carácter era alegre, travieso y divertido; no causaba daño a nadie, por el contrario,  ayudaba a todos los seres de la naturaleza.

El pequeño duende iba a un lugar y  a otro, pero principalmente visitaba los jardines, pues las flores eran sus mejores amigas.  Eisir jugaba con ellas, se les aparecía y desaparecía con gran rapidez.

Una mañana  de invierno, el duendecito visitó el jardín y vio las flores;  estaban muy tristes porque la lluvia no las dejaba florecer, sus pétalos caían y poco a poco se deshojaban; el duende preocupado lloraba sin consuelo, iba y venía de un lado a otro…

De pronto, pensó que él podía salvarlas y fue así como con ayuda de otros duendes amigos puso un frondoso árbol muy cerca de las flores para que éste los protegiera de las fuertes lluvias. Las flores se fueron recuperando y volvieron a  florecer;  todas ellas estaban felices, especialmente Shayka,  una joven y bella flor. Ella y el duende se enamoraron.

Las demás flores hicieron una gran fiesta y todas pidieron como deseo convertir al duendecito en el “príncipe de las flores”. Eisir, feliz se convirtió en un joven apuesto quien se casó con Shayka quien también se convirtió en princesa. Felices vivieron en un hermoso castillo rodeado de flores de diferentes colores y tamaños.

Por: Angie Nicole Salcedo Gómez 5°B

 

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