El humanista de trazos enérgicos y pensamientos incisivos

Dic 1, 2005 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Paola Hurtado
periodico15@unab.edu.co
A las 3 de la tarde del pasado 28 de noviembre, el maestro Mario Hernández
Prada dio fin a la batalla que lidió durante varios años contra
sus problemas de salud. Un accidente cerebro-vascular le generó una trombosis,
le quebró la salud y lo mantuvo obligado a utilizar una silla de ruedas.

Nació en Piedecuesta pero residió largo tiempo en Bogotá.
En 1962 regresó a Bucaramanga y revolucionó el arte regional con
una propuesta que mezcló lo figurativo con lo abstracto y logró
plasmar en su obra la esencia de estas dos corrientes.
Al lado de su ya fallecida esposa, Blanca Guillén, formó una familia
de 4 hijos, de los cuales 2 siguieron sus pasos en el arte: Clemencia, quien
más adelante se convertiría en su más ferviente alumna
en el campo de la pintura, y Diego, que escogería la comunicación
social como profesión sin dejar atrás su pasión por la
música.

Hernández Prada siempre se definió a sí mismo como un
humanista de trazos enérgicos y pensamientos incisivos.

¿Cómo llegó a pensar que podía dedicarse
al arte y además vivir de éste?
Así lo resolví y la verdad lo hice sin pensar, es decir,
sin darle muchas largas al asunto. A mí me tocó vivir de esto
porque así lo quise y si hubiera pensado en qué hacer pues finalmente
no habría hecho nada; eso fue metiéndole la ficha y en contra
de lo que dijera el mundo.

Cuando tomó la decisión de ser pintor, ¿qué
perseguía, cuál era su ambición?
Yo quería ser el mejor en lo que hago o hacía, quería
ser el mejor del mundo, no tenía otra alternativa. Uno es el mejor o
no es nadie.

En el momento en el que empieza a crear, ¿qué hace antes
de materializar su idea, en qué piensa?
Pensaba en muchas cosas, siempre tuve muchas cosas en mi cabeza y éstas
me decían lo que tenía que hacer. Cuando le hablo de cosas me
refiero a ideas pensadas porque yo, antes que nada, sé pensar y no me
gusta referirme a cosas repostadas, todo fue hecho con reflexión. Yo
pinto sobre el mundo y mis ideas salen del mundo mismo y de la vida. Son cosas
que no son repensadas.

Sus cuadros tienen aspectos que hacen que puedan ser identificados
como una obra de Hernández Prada, entre ellos el manejo del color. ¿Por
qué esa fuerza en el color?
En parte porque desde que era muy pequeño me acostumbre a ver
el mundo así como es, tal cual. Al pasar esto al lienzo me convertí
en un interprete del mundo, al menos el mío. Naturalmente tenía
que pintarlo con colores vivos, específicamente los primarios porque
así veía yo mi mundo, lleno de colores que lo mostraran vivo.

Por otra parte, la figura humana y las expresiones son los temas centrales
de muchas de sus obras.
Alguien me dijo una vez, a propósito de un personaje de un cuadro
mío: “Qué serenidad”. Y justamente así quería
que fuera sentido. Eso siempre ha sido con la intención de transmitirle
al mundo sentimientos y emociones que lo reflejan en su naturaleza.

Quienes conocen su obra saben que a usted le apasiona el hombre, el
contexto social y que contextualiza lo cotidiano. ¿Cómo se cataloga,
figurativo o abstracto?
Mis obra muestra al hombre en su contexto como usted lo dice. Y en
ese sentido puedo decir que es figurativa pero en ellas también trataba
conceptos abstractos, intangibles: trato de mostrar la transición entre
lo figurativo y lo abstracto, no soy un artista estático. Pero en ocasiones
ese tipo de cosas nacen sin ser planeadas, es decir, tal vez lo he logrado en
algunas ocasiones pero no me detengo a pensar mucho en ello; a veces es bueno
que esas cosas no puedan ser controladas.

¿Para quién pinta Hernández Prada?
Yo pinto para el mundo, para quien quiera pensar mis obras y también
lo hago para mí.

¿Qué diferencia su obra de la de otros pintores santandereanos?
A mi no me preocupa mucho lo que hagan los demás, es irrelevante en mí
como artista. Sólo me intereso por lo que debo hacer yo en el mundo.
Es importante lo que haga yo, Hernández Prada. Sin embargo, ni yo mismo
sé cuál es la diferencia, eso se lo dejo a los demás. Como
quien dice, que lo averigüe Vargas, yo para qué.

Si ubicamos el arte dentro del contexto actual, encontramos que se
ha transformado por muchos aspectos que están inmersos en el desarrollo
del hombre a través del tiempo, ya sea por las nuevas tecnologías
o por la influencia de los medios de comunicación. ¿Cuál
cree que será el desarrollo del arte en un futuro, ahora cuando el arte
no es una unidad irrepetible sino algo efímero?
Sí, el arte antes no era algo efímero porque simplemente
las cosas se veían desde otro punto de vista, era visto como algo estético
para ser pensado. Ahora, como todos están pendientes del negocio y de
la platica entonces el sentido estético se pierde entre miles de mensajes
que aborda el consumismo y la comercialización. Yo no me preocupo porque
jamás lo vi como negocio, nunca lo tuve [risas]. Ese tipo de instalaciones
como las subastas son vías para cerrar negocios, no son más.

¿Qué será del arte en una sociedad en la que no
hay tiempo para la contemplación?
Pienso que el arte es creado más que para ser contemplado, para
ser pensado. Lo importante es pensar la obra, como dice una de mis píldoras
conceptivas: “Crítico de arte es todo ser consciente ante el espectáculo
de la naturaleza”. Lo que trato de afirmar es que uno se convierte en
crítico desde que la misma materia que nos conforma nos ayuda ha aprender
a observar el mundo, y aunque suene sencillo no lo es.

Por lo pronto sólo queda esperar qué tanto tiempo nos queda
para pensar el arte como reflejo de la naturaleza misma. El arte es para quienes
les gusta pensar y si no tenemos tiempo para pensar, estamos perdidos.

"El arte es para quienes les gusta pensar y si
no tenemos tiempo para pensar, estamos perdidos"

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