El ruido enloquece a los bumangueses

Nov 1, 2006 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Mayerly Cely Martínez
ccely@unab.edu.co

Uno de los problemas que enfrenta la capital santandereana es el ruido, los vehículos de transporte, el comercio, las actividades de construcción y la industria manufacturera, son los principales responsables del alto grado de decibeles (por encima de 60 que es lo normal permitido) que tiene que soportar el oído humano.

La administración municipal adelantó una campaña contra el ruido en el centro de la ciudad, en favor de una mejor calidad de vida. Además, realiza controles para verificar que los grados de decibeles que se escuchan sean los permitidos por la ley, asegura Hernando Vesga Díaz, coordinador de Saneamiento Básico de Bucaramanga.

“Se han sellado establecimientos comerciales que no cumplen con la ley, que funcionan en diferentes sectores de la ciudad y que no manejan niveles acústicos apropiados”, manifestó.
Sin embargo, el ruido continúa en la ciudad y la queja de sus habitantes es constante, especialmente quienes viven alrededor de establecimientos comerciales ubicados en zonas residenciales, como en el caso de Nora Santamaría, residente del parque Las Palmas.

 “Aquí es insoportable en la noche con todos esos lugares nocturnos, discotecas, bares y restaurantes, hasta las dos de la mañana nos tenemos que aguantar el ruido, y cuando no son ellos, son los carros que se parquean en la zona o toda esa gente que los fines se semana se hace en ese parque y es insoportable el alto volumen de sus conversaciones y de la música que escuchan”, afirma.

Pero el problema no es sólo en el sector de Cabecera, otra de las zonas que se ve afectada por los altos ruidos es la que se encuentra ubicada en sectores aledaños a las universidades, especialmente la Industrial de Santander.

“Yo llevo más de diez años viviendo en este sector y el ruido es terrible, después de las seis de la tarde son motos, pitos de carros y el alto volumen de equipos de sonido de todos esos establecimientos nocturnos, aquí no hay paz en las noches”, comenta Alicia Restrepo, habitante del sector frente a la UIS. 

En el centro de la ciudad también hay quejas no sólo de quienes laboran en el área, sino de quienes van a diario por negocios y otras actividades.

 “Yo llevo trabajando aquí en la 36 con 17 casi 15 años en un almacén  y  es una locura, el ruido es espantoso, no sólo el del tráfico, sino el de los vendedores ambulantes, los de minutos de celular, el de los negocios y hasta los parlantes que algunos emplean”, asegura Rodrigo Arenas.

Ante estas denuncias Hernando Vesga Díaz, explica que: “Los controles están siendo aplicados, en estos sectores y en muchos otros y hay sanciones fuertes para quienes las infrinjan,  además  los propietarios de los establecimientos saben hasta que nivel pueden llegar porque se han cerrado unos 17 sitios, desde junio pasado, por tener exceso de ruido en sus ambientes”.

Proteja el oído de los lugares ruidosos

El sentido del oído es un don valioso,  sin embargo, se va perdiendo a medida que se  envejece. La sociedad moderna, con la gran variedad de sonidos y ruidos que la caracterizan, acelera este proceso.

El  médico Carlos Barragán, indica: “Alrededor del 75 por ciento de la pérdida auditiva que padece un ser humano se debe al trato que ha dado a los oídos a lo largo de su vida, y no sólo al envejecimiento. 

La exposición intensa a sonidos fuertes, aunque sea breve, puede perjudicar los delicados mecanismos del oído interno. No obstante, la pérdida auditiva suele producirse por el efecto acumulativo de trabajos, aficiones y diversiones ruidosas”.

En el entorno en el que se vive cada vez más personas sufren agresiones acústicas de diversas intensidades, desde el estrépito de los automóviles, autobuses y camiones de la calle, hasta el constante estruendo de las herramientas eléctricas del lugar donde trabajan.

A  veces se agrava el problema subiendo el volumen de los aparatos de sonido,  como escuchar música  a través de los auriculares de un reproductor portátil de discos compactos.
Un oído normal y sano, sólo percibe los sonidos cuyas frecuencias están comprendidas entre 20 y 20.000 ciclos por segundo.

Es necesario tener en cuenta tres factores: la duración del sonido, su frecuencia (tono) y su amplitud (intensidad).

La duración se refiere al periodo en que un sonido es perceptible. La frecuencia se mide en ciclos por segundo, o hertzios, explica  el médico Barragán.

Una conversación normal tiene una intensidad de alrededor de 60 decibeles. El audiólogo Mario Augusto Mendoza  dice:

“Cuanto más tiempo se permanezca expuesto a sonidos superiores a 85 decibeles, mayor será la pérdida auditiva, y cuanto más fuerte sea una emisión sonora, con mayor rapidez se dañará nuestro oído”.

Algunas precauciones

Es importante cómo escuchamos, y no qué escuchamos. El audiólogo Mendoza recomienda: Si utiliza auriculares estéreos, no suba tanto el volumen que no pueda oír lo que sucede a su alrededor.

Si el equipo de sonido del automóvil o de la casa está tan alto que es imposible hablar a un volumen normal, es señal de que puede afectar los oídos.

Es aconsejable usar tapones para los oídos u otras formas de protección siempre que se esté en un entorno ruidoso y más si se labora en él. Los padres deben recordar que los niños son más sensibles al ruido que los adultos; por tanto, deben tener presente el peligro que representan los juguetes ruidosos.

Aunque parezca increíble, algunos sonajeros emiten sonidos de hasta 110 decibeles.  Es recomendable hacerse ver por un médico periódicamente para que garantice que todo su sistema auditivo está trabajando y evitar al máximo lugares donde los ruidos son excesivamente fuertes.

Cómo funciona el aparato auditivo

La oreja, parte carnosa del oído externo denominada también pabellón auricular, tiene una forma concebida para captar las ondas sonoras y dirigirlas a través del conducto auditivo, por donde llegan enseguida al tímpano.

Las ondas hacen que el tímpano vibre y, a su vez, vibran los tres huesecillos del oído medio. Las vibraciones pasan entonces al oído interno, constituido por un laberinto membranoso lleno de líquido encerrado en una cavidad ósea.

Las vibraciones se desplazan por el fluido que hay en la parte del oído interno con forma de espiral, denominado caracol, que contiene las células ciliadas.

El fluido del caracol activa la parte superior de dichas células, las cuales convierten las vibraciones en impulsos nerviosos. Estos se transmiten al cerebro, donde se descodifican e interpretan como sonidos.

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