El viento está a favor de Santander

Sep 1, 2006 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Julián Espinosa Rojas
jespinosa2@unab.edu.co

Santander es conocida por muchos como tierra de deportes extremos y por su
diversidad geográfica, brinda posibilidades para practicar parapente, canotaje y rappel,
además del fútbol y del patinaje.

Desde hace unos dos años también se ha empezado a destacar la navegación a vela, tanto en
torneos nacionales como internacionales en Bogotá, Cali y Cartagena y así surge una
alternativa para quienes les gusta mezclar el deporte con sol, aire y agua.

Navegar en un bote o barco de vela puede ser una agradable recreación,
además permite realizar competencias profesionales, dependiendo de la intensidad
con la cual se practique.

Este ejercicio consiste en ubicar el barco, según la dirección del viento y así tratar de que la
vela tenga más potencia.

Samuel Hormiga López, estudiante de Cultura Física, Deporte y Recreación de
la Universidad Santo Tomás de Aquino y deportista que representó a Colombia en el Campeonato Suramericano Clase Sunfish 2006, explica que para la práctica de este deporte no es indispensable saber nadar, debido al uso obligatorio de chaleco salvavidas para el principiante.

Hormiga dice entre risas que “lo peor que a uno le puede pasar es mojarse”, al referirse a los riegos del ‘barquito’.

La práctica del deporte de vela se encuentra divida en diversas categorías,
según la forma del velero, que pueden tener un valor aproximado de 3 a 4 millones de
pesos.

Una de éstas categorías es la optimis, considerada ideal para principiantes, entre
los que se encuentran niños de 7 a 15 años; es la más conocida y que atrae más público.

La segunda categoría es el sunfish o avanzados, en la que se toma en cuenta el tamaño mayor del velero y está reglamentada por la Federación Colombiana
de Vela.

Dentro de esta división se realizan competencias llamadas regatas, en las cuales se usan banderas y señales acústicas para manejar la puntuación, de acuerdo con la posición que
se logre ocupar en la misma.

El paseo se convierte en profesión

“Algunos creen que no hay nada divertido en este deporte. Todo el mundo lo ve como un barquito soplado por el viento, nada interesante”, manifiesta Mary Angélica Sorzano, una practicante de 13 años que apenas comienza su entrenamiento.

“Yo pensaba así, hasta que me dio un día por subirme en un bote de vela, por probar.
Desde entonces subo a La Mesa de los Santos todos los domingos para entrenar”,
dice.

Con menos de un año de experiencia náutica, ella afirma que la navegación a
vela es apasionante y que las personas no deberían juzgar sin conocer primero. “Uno se desconecta del mundo, se siente libre…es algo que me gusta hacer. Por esto es que hay que probar las cosas antes de juzgarlas”,
agrega.

Los profesionales de este deporte en Santander, comenzaron su carrera por coincidencia, del mismo modo que Sorzano, al irse de paseo al Club Náutico Acuarela o al Club Campestre Casa de Campo, ubicados en la Mesa de los Santos, en donde se ofrecen cursos para el manejo de vela desde hace algunos años, como recreación para los visitantes.

No obstante, gracias a estos espacios, la navegación a vela ha logrado surgir en Santander, a tal punto que ya hubo participación en el torneo internacional de Cartagena y en el suramericano de Bogotá.

Ahora, Colombia busca arrebatarle el puesto del mejor de Suramérica en vela a Perú, indicó Sorzano. Quienes practican el deporte recomiendan comenzar con un paseo en vela, que cuesta $5.000.

Pero, si se quiere aprender con instructor tiene un costo aproximado de $40.000 el curso durante un fin de semana. La garantía es que se aprende sin importar el tiempo empleado, lo único necesario es tener la voluntad suficiente para que los resultados se puedan dar.

Santander: hormiguero de navegantes

Son siete los santandereanos que representaron al departamento en el Campeonato Suramericano de Vela, en la modalidad sunfish, que se realizó entre el 25 y 27 de agosto (a la hora de cierre de  esta edición todavía no se conocían los resultados) en el municipio de Guatavita, (Cundinamarca), donde se puso a prueba lo que mejor saben hacer: navegar.

Estos jóvenes que lograron clasificar por medio del Torneo Nacional de Navegación a Vela en el embalse de Tominé, en cercanías a Bogotá, han demostrado el “empuje” santandereano.

Ellos no cuentan con entrenador deportivo, su entrenamiento corre por cuenta de ellos mismos, pero han logrado destacarse entre los mejores del país, al hacer parte del grupo que compite por Colombia en diversos torneos.
De esta forma, afirman que gracias al intenso trabajo que han realizado los fines de semana durante algunos años pudieron estar allí.

Samuel Hormiga López, a sus 17 años, ha sido siete veces campeón departamental en modalidad Sunfish, y asegura que su vida se inclinó al deporte gracias a la vela. Ahora espera especializarse profesionalmente en este deporte.

“Es una responsabilidad muy grande, representar no sólo a un departamento, sino a todo un país” afirma Hormiga López, reconoce que para él y sus compañeros no fue fácil la competencia.

En un torneo de este tipo participan los mejores de cada país. “Lo más satisfactorio de este deporte es unir la potencia del agua y el viento sin necesidad de máquinas, sólo con la ayuda de los conocimientos obtenidos”, comenta.

El dilema de la vela

Hace algunos días Felipe Castillo, presidente de la Federación Colombiana de Vela, manifestó ante los medios que “los deportistas deben entrenar en el mar, si quieren ser navegantes de alto rendimiento”.

Pero para deportistas como Hormiga López, esa idea no es tan válida porque asegura que este deporte se debe practicar en cualquier lugar, sin importar las condiciones a las que se enfrente: en eso consiste su preparación.

“A nosotros no nos importa si hace poco sol, si llueve. Sólo nos importa poder navegar
y de esta forma, demostrar que se tiene entrenamiento”.

Para él, no es válido memorizar maniobras, por esta razón no existe un mejor escenario
para practicarlo, como piensan muchos. Cada lugar tiene características diferentes que hacen única esa regata, debido a que sólo se pone en juego la capacidad de estrategia
y la resistencia del deportista.

“Los aires de Santander, son suficientes para impulsar la vela. No necesitamos de mar”, puntualiza.

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