En la música hay espacio para todo

May 16, 2013 | Institucional

Por Ricardo Jaramillo P.

Estudiantes y profesores de la Facultad de Música, pero también músicos profesionales y aficionados se dieron cita el jueves 18 de abril en el Auditorio ‘Jesús Rey Mariño’ para tomar parte del segundo Encuentro de Investigación Musical.

La actividad, que tenía como tema central “Las fuentes de información como recurso para la investigación”, contó con la participación de 220 personas, “la mayoría vinculadas a la UNAB como estudiantes o profesores, pero también asistieron estudiantes y docentes de la UIS y de algunos colegios de la ciudad”, explicó el profesor Edwin Leandro Rey Velasco, coordinador del Encuentro.

La actividad tuvo la presentación de ponencias de docentes y estudiantes investigadores de la Facultad de Música y otros invitados locales y nacionales, como las musicólogas Amparo Álvarez García, de Eafit de Medellín, y Ellie Anne Duque Hyman, de la Universidad Nacional de Colombia.

Duque Hyman se especializó en Musicóloga de las universidades de Indiana y de California (Estados Unidos). Está vinculada a la Universidad Nacional de Colombia desde 1978, donde es profesora del área de historia de la música. Realiza investigaciones en el campo de la música colombiana de los siglos XIX y XX. En esa institución ha desempeñado cargos como la dirección del Instituto de Investigaciones Estéticas, del Conservatorio de Música y del Departamento de Divulgación Cultural. Actualmente es la directora de División de Investigación de la Sede Bogotá (DIB).

Su trayectoria ha sido reconocida con premios a la excelencia docente y la Orden Gerardo Molina. Por fuera de la Universidad Nacional ha colaborado activamente con el Centro de Documentación Musical, la Orquesta Filarmónica de Bogotá y la Sección de Música del área cultural del Banco de la República. Vivir la UNAB dialogó con ella.

 

En sus investigaciones afirma que la música y la filosofía tienen una estrecha relación. ¿Cómo es eso?

En la época de los griegos la música era una de las áreas de estudio y no propiamente de un instrumento en particular, lo que se estudiaba a través de la música eran las proporciones, la armonía, pero no en el sentido musical sino por ejemplo la armonía celestial; en la filosofía antigua había una música que era de las ‘esferas’, es decir, la armonía del universo; esa era la mejor música, la que generaba el universo al estar todos los cuerpos celestes armónicamente unidos entre sí. También se hablaba de la música ‘divina’, la ‘humana’ y la ‘mundana’, que era la última de todas, la que se tocaba con instrumentos.

 

¿Cuál es la situación actual de la música colombiana?

Pues realmente no me atrevo a decir cuál es la situación actual, pero por ejemplo en este encuentro de investigadores vimos estudios sobre lo que hacen los músicos ahora y mostraron que interpretan rock, ritmos andinos, música electrónica, lo que demuestra que están metidos en el mundo globalizado de la música. Conozco personas que hacen música a través de técnicas electrónicas sin pasar por un conservatorio, simplemente volviendo al sonido primigenio, a la idea de que ‘suene’, que se combine con otro sonido, produzca algo nuevo, que imite cosas reales o suene abstracto; en ese sentido hay mucha independencia, no hay tanto nacionalismo, pero de todas maneras es conmovedor ver que aún hay festivales como el de Ginebra (Valle del Cauca) que siguen conservando la tradición cultural. En síntesis, hay espacio para todo, está muy bien.

 

Y esos festivales tradicionales que menciona, ¿están cediendo terreno frente a culturas extranjeras o están fuertes?

Están en su sitio. Mientras haya gente que nazca con un talento especial, gente ‘gomosa’ por esa música, pues continuará. Si hay alguien con una voz superdotada, pues habrá ópera; mientras haya personas que toquen el tiple, la bandola o la guitarra como ángeles, la música colombiana tendrá su sitio.

 

También dijo que en siglo XIX nació el concepto de la música como expresión de la nacionalidad. ¿Eso sigue vigente?

Gracias a Dios ya no, ahora esa responsabilidad es de los deportistas (risas). La Nación ya está representada por Falcao (García) y no por un músico, entonces ya los músicos descansan en ese sentido; bueno, tendríamos que incluir en ese grupo a Shakira y Juanes, pero realmente les toca más duro a los deportistas.

El siglo XIX fue cuando se acabaron los imperios, las monarquías, etc. y nacieron las naciones, entonces fue cuando se oyó decir: “De la orilla del río Orinoco para allá, queda un país”, esa es una división supremamente arbitraria, se debía convencer a todos los de esa orilla hasta el Pacífico de que eran colombianos y tocaba hacer un esfuerzo grande por aunarlos, a veces ese esfuerzo iba acompañado con sangre, fue una tarea difícil la que tuvo el siglo XIV y una de esas “estrategias” fue la música, entonces nació el bambuco como una de las cosas más representativas, pero rápidamente -en 1940- ya era la música costeña la representación de la nacionalidad.

 

¿Por qué dicen algunos expertos que la música clásica supera a las demás en términos de valoración estética?

Diría que en manufactura, porque es una música intencionalmente manufacturada… Por ejemplo yo soy pésima para la aritmética, lo único que puedo hacer es pagar y contar los vueltos, pero sé que en el mundo de las matemáticas hay muchos problemas que no tienen ninguna relación con la realidad y en el mundo de la música sucede lo mismo: cuando llego a un conservatorio a estudiar contrapunto de dos o tres especies es para eso, para estudiar música, no para “zurrunguiar” (voz castiza para “hacer sonar la guitarra”), mis matemáticas son “zurrungueo”. El estudio de la música “clásica” es por ejemplo proponerse a poner a cantar dos voces diferentes, que armonicen y que tengan sentido entre sí, todo eso es puro estudio, por eso a esa música prefiero llamarla “académica”.

 

¿Qué valor alcanzan las expresiones musicales populares como el reguetón y los corridos prohibidos, o las que son manifestaciones culturales que trascienden fronteras como el rock pesado?

Hay un dicho muy conocido: solo hay música buena y música mala; bien hecha y mal hecha y ahí caben todas: el reguetón desafinado es horrible, el afinado es interesante. Todo tiene su sitio.

 

¿Pero para una persona del común cuál es el criterio para saber que na música es “buena” o es “mala”?

Para mí la afinación es supremamente importante, dentro de los parámetros de la afinación de esa cultura. Cuando la música realmente no da pie con bola, no tiene ritmo, no es fiel a los parámetros de su estilo es un suplicio y ahí es cuando comienza la música mala. No soy amiga del mal gusto, la chabacanería o la grosería, pero ahí se puede dar otra discusión: ¿qué es chabacanería?, ¿qué es grosería?, depende del momento, del sitio, de la necesidad de expresión, a veces hay que reventar y decir las cosas como son.

 

¿Hasta qué punto lo comercial influye en la música?

Hoy en día mucho. Diría que para bien y para mal, pero eso es parte de la misma música. El progreso me gusta mucho porque el Internet sirve para encontrar una cantidad de compositores alternativos que no se consiguen en discos ni hacen giras, como el inglés Tom Hickox, entonces es una oportunidad para que los músicos independientes se den a conocer.

 

 

 

Ir al contenido