ENRON, 20 años después

Ago 10, 2021 | econtable-21

Tomado de Auditoría interna. Revista editada por el instituto de auditores internos de España. Consuelo Calle.

Síntesis preparada por Arnaldo H. Solano R.

Se cumplen 20 años de la mayor quiebra empresarial de la historia: Enron. Un escándalo de origen contable en el que fallaron todos los controles internos y dio lugar a una férrea regulación y al impulso del gobierno corporativo. ¿Qué aprendimos y qué no de aquel escandalo? ¿Qué nos queda por andar?

El escándalo Enron se gestó durante décadas sin que saltara ninguna alarma, hasta que en 2001 un artículo de Fortune apuntó posibles problemas financieros. El 2 de diciembre Enron se declaró en bancarrota, tras haber escondido durante años fuera de balance deudas que, al consolidarse, generaron pérdidas millonarias. Era la séptima mayor compañía de EEUU, presente en 40 países con 25.000 trabajadores y 63.000 millones de dólares en activos. También llevó a varios directivos a la cárcel y ocasionó la disolución de una de las cinco grandes auditoras de cuentas, Arthur Andersen que, desde 1985, era auditor de cuentas y auditor interno de Enron, un doble papel inconcebible hoy en día.

Este escándalo generó:

  • Cambios contables y férreas regulaciones para mejorar el control interno de las empresas y la integridad de la información financiera.
  • Se promulgó la ley Sarbanes-Oxley Act (SOX), que fijó duras sanciones por alterar y falsear registros contables y obligó a separar los servicios de consultoría y auditoría de cuentas para garantizar la independencia respecto de los clientes.
  • Se estableció la necesidad de que las empresas implementasen un sistema eficaz de control interno y de gestión de riesgos y se formalizó la responsabilidad del Consejo de Administración en la supervisión de los sistemas de control y de los riesgos.

El caso de Enron dejó varias lecciones:

  • Precisar legalmente las funciones indelegables del Consejo de Administración y su responsabilidad.
  • Dio origen a una gran transformación del buen gobierno corporativo. Necesidad de ser críticos, exigentes y vigilantes respecto a los conflictos de interés.
  • Independencia del auditor de cuentas versus la auditoría interna.

Pero parece que no aprendimos bien la lección porque la corrupción generó grandes escándalos posteriormente: Petrobras (2.013), Volkswagen (2.015), Odebrecht (2.016), entre otros. Parece que ser que estos problemas no se arregla a base de decretos. Lo importante es cambiar la mentalidad, la cultura empresarial, la manera de hacer negocios y de entender lo que es el éxito. En otras palabras, poner en valor la honradez, la veracidad, la palabra, la transparencia y la calidad de los reportes.

Debemos reconocer que hoy, 20 años después, los escándalos son de otra naturaleza. En el pasado la falsedad y manipulación contables eran el principal modus operandi. Estos delitos apenas representan hoy el 10 % del total, según el informe 2020 Report of Nations de ACFE. Hoy surgen nuevos escándalos ligados a la información no financiera o sostenible, que implica reportar sobre temas medioambientales, sociales y de gobierno. Es el caso de Volkswagen y de Johnson & Johnson que han tenido que pagar millones de dólares en multas e indemnizaciones.

Las empresas deben ir voluntariamente más allá de códigos éticos, protocolos de actuación u otro tipo de herramientas que afinen una cultura corporativa sólida. La transformación digital está acabando con la cultura de la exclusividad de la información, donde prime la colaboración y las funciones transversales en organizaciones cada vez más horizontales, menos verticales. Precisamente la transversalidad es una de las características de la auditoría interna, que junto a la independencia, objetividad e integridad nos convierten en actor relevante del gobierno corporativo. 

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