Fútbol y derechos humanos, la carreta de Jhon Ardila

May 6, 2008 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez

El 19 de julio de 1990 el país se paralizó cuando Freddy Rincón se escapó por la punta derecha y marcó de ¿cartucho¿ el gol con el que Colombia le sacó un empate a Alemania en el campeonato mundial. El corazón de algunos hinchas no resistió la emoción y este partido pasó a la historia como uno de los tres grandes triunfos, junto al 5-0 contra Argentina y 4-4 con la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Urss.

Pero este episodio deportivo, que dio pie para que más de uno se enloqueciera con la celebración, sirvió también para que el abogado egresado de la UNAB, Jhon Alberto Ardila, creara el cuento ¿¿Por qué no me gusta el fútbol?

Una obra dirigida a ¿quienes adoran y odian el fútbol, creyentes y ateos, patriotas y los que les importa un¿, para recordar y no olvidar, para celebrar la vida y condenar la muerte, para que no vuelva a suceder¿, dice Jhon, quien estará presentándose, vestido con la camiseta azul de la época, en el Teatro de Comfenalco (Avenida González Valencia No.52-69), los días 30 y 31 de mayo a partir de las 7 de la noche.

Ardila, de 25 años y graduado en marzo de 2007, es un abogado que desde sus tiempos de estudiante se ¿encarretó¿ con los derechos humanos, se volvió un defensor de esa causa e hizo de la cuentería su segunda profesión, para lo cual cursó cuatro semestres en el taller de narración oral escénica de Bienestar Universitario de la UNAB.

¿Deseo interpretar el Derecho a favor de las personas, de quienes no pueden acceder a él o para proteger sus propios derechos¿, responde cuando se le pregunta por qué fue abogado y no veterinario. Desde los primeros semestres sintió esa sensibilidad, que fue tomando forma con su participación en colectivos de defensores de derechos humanos.

Paralelamente empezó a formarse como narrador oral e intentó escribir, hacer poesía y teatro, pero no se sintió tan a gusto como desde cuando incursionó en el cuento, ¿un espacio personal para poder expresarme, para sentirme bien, para soñar y decir cosas que solamente puedo manifestar en el escenario; pero a la vez una excusa apropiada para visibilizar, conmover e intentar movilizar a las personas respecto a la temática que abordo desde mi profesión como abogado¿, explica.

Entonces se dio cuenta que motivos de inspiración no le faltarían, porque la misma Colombia fanática del ¿Pibe¿ Valderrama y el ¿Tino¿ Asprilla le proporcionaría una realidad desgarradora, cimentada en el conflicto armado interno y las innumerables historias de desplazados, desaparecidos, masacrados, perseguidos políticos y toda clase de violaciones a los derechos humanos.

Episodios como los que presenció en 2007 cuando recorrió el Catatumbo (Norte de Santander) y palpó los problemas de los indígenas Motilón-Barí, que intentan sobrevivir en medio del fuego de guerrilla, paramilitares, narcotraficantes y Ejército, cuando no de las presiones de compañías petroleras que pretenden expulsarlos de sus tierras ancestrales.

Jhon Ardila es autor de otras obras como ¿Abracadabra desaparecidos¿, ¿Cuentos de terror¿ y ¿¡A luchar por la justicia!¿.

Pudo haber contado relatos de príncipes azules o hacer comedias saturadas de vulgaridades y chistes flojos; también hay quienes le reprochan que ponga su dedo en la llaga de la guerra, pero él advierte que su tratamiento no es el habitual de los medios de comunicación, ¿sino que a través de mis cuentos reivindico la memoria de las víctimas invisibles, de quienes no salen en la televisión ni en los periódicos¿.

Tampoco cae en el lugar común de hablar de los victimarios, porque cree que ¿Macaco¿, Mancuso y ¿Don Berna¿ no le pueden robar el protagonismo a quienes han sufrido los horrores de las motosierras o de las ejecuciones sumarias. Apela a la metáfora, con personajes como los enanos, el lobo y las ovejas de tal forma que cuando su público lo ve ¿todo parece ser un cuento de hadas pero con un contenido político enmarcado en situaciones de humor negro¿.

Su compromiso como abogado, ciudadano y narrador -no duda en decirlo-, ¿es a favor de los derechos humanos y a pesar de los riesgos debo hacer mi aporte¿, sin importarle que los exterminadores lo vean como un payaso o que una señora aristocrática lo tache de peligroso, le tire un tomate y deje la silla vacía.

Recuerdos y sonrisas es lo que les espera a quienes vayan a verlo a Comfenalco. También una sorpresa que pondrá a meditar a quienes se toman las calles cuando de un partido se trata, mas no cuando se ha cometido un crimen o alguien ha tratado de burlar a la justicia.

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