En la vida laboral hay trayectorias que trascienden en el tiempo, no solo por los cargos que se ocupan, sino por la forma en que impactan a las personas. La de Juan Carlos Acuña Gutiérrez es, sin duda, una de ellas.

Su vínculo con la UNAB inició como profesor del Programa de Derecho, y con los años se transformó en una vida dedicada al servicio institucional. Fue decano, director administrativo de posgrados y, por último, Secretario General y Jurídico. Roles con los que contribuyó por 35 años al crecimiento de la Universidad, siempre con rigor, compromiso y un profundo sentido ético.
Más allá de su recorrido, su huella se encuentra en quienes trabajaron a su lado.
Las palabras de sus compañeros y familiares coinciden en un profundo agradecimiento por haber sido un apoyo constante, destacando su calidad humana, su vocación de servicio y el ejemplo de una vida dedicada a la institución.
Nuestro Rector, Juan Camilo Montoya Bozzi, lo describe como una persona correcta, clara y rigurosa, además destaca el sentido de pertenencia y de lealtad con la Universidad. “Es alguien que siempre defendió la UNAB y sus intereses, siempre actuó con transparencia, rigor jurídico y buscando lo mejor para la Institución y ese es un gran ejemplo que nos deja a los colaboradores”, afirma. Su deseo es disfrutar esta nueva etapa, “que viva con alegría, aproveche su familia y de la cocina que tanto le encanta, se lo merece”.


Por otra parte, Natalia Granados Ordoñez, destaca el acompañamiento constante que recibió en sus primeros años como profesional en compañía de Acuña Gutiérrez. “Fue mi papá laboral. Me guió, me respaldó y confió en mí, no solo en el ámbito laboral sino también el personal”, recuerda.
Para ella, su liderazgo se destacó por su empatía y cercanía: “Te exigía, pero siempre entendía tus situaciones. Hacer equipo con él era tener un espacio seguro de escucha, donde uno se sentía respaldado”.
Esta percepción la comparte Diana Marcela García Vélez, quien trabajó siete años con él y resalta que su impacto fue más allá del ámbito profesional. “Pensar en el doctor Acuña es pensar en un apoyo genuino. Fue clave en mi desarrollo profesional y personal. Nuestra relación trascendió lo laboral, él fue como un padre para mí”.
También resalta su forma de liderar, “era un jefe justo, humano, que te defendía y te orientaba. Siempre creyó en mis capacidades, me enseñó el valor del compromiso y el sentido de pertenencia”, afirma.


Olga Patricia Rios, quien hace parte de su equipo más cercano, resalta el legado de Juan Carlos, a quien describe como “un ejemplo de rectitud, compromiso y dedicación” marcando su paso por la Universidad. Del trabajo a su lado, asegura que no solo aprendió sobre disciplina y responsabilidad, sino también “la importancia de hacer bien el trabajo”, valores que, según ella, marcaron su forma de ejercer la profesión.
Con emotividad, reconoce que lo que más extrañará de su presencia cotidiana será “su trato amable y cercano, siempre dispuesto a orientar y a escuchar. Le agradezco todos sus consejos oportunos, tanto en lo profesional como en lo personal”.
Para ella, su liderazgo se distinguió por su calidad humana, su comprensión y el apoyo incondicional hacia su equipo. Sus palabras son de agradecimiento: “Gracias por ser mi guía, por su confianza y por su ejemplo como persona”, expresa que su huella permanecerá en quienes tuvieron la oportunidad de aprender y compartir a su lado.
Diana Margarita Trillos, quien lo ha acompañado por 13 años en su cargo como Secretario General y Jurídico, asegura que él deja en la UNAB un gran ejemplo, no solo por su rectitud y hacer las cosas bien y a tiempo, sino también, por las grandes cualidades que lo caracterizan como persona.
Recalca, “él me deja ese conocimiento no solo jurídico sino también cómo ser una persona más humana con el equipo de trabajo”. Sus palabras hacia Acuña Gutiérrez, coinciden con la de sus otros compañeros: desearle mucha felicidad y agradecimiento por su compañía, “lo felicito por haber siempre hecho las cosas bien y le agradezco por su ayuda en mi formación como persona y como profesional. En el camino quisiera seguir encontrándolo como amigo”.

En ese mismo sentido, Juan Pablo Serrano, su yerno, resalta que “siempre está presente, es muy solidario y tiene un afán por ayudar a los demás”, también reconoce su capacidad para anticiparse a los retos y encontrar soluciones con una visión a corto, mediano y largo plazo.
Considera que su mayor aporte a la Institución ha sido el legado que deja, “una vida completa dedicada a la Universidad que gracias a su trayectoria y todo su trabajo deja un gran ejemplo en las nuevas generaciones”.

Hoy, al iniciar esta nueva etapa, la Universidad reconoce no solo su trayectoria, sino el impacto de su trabajo. Su legado permanece en cada profesional que formó, en cada equipo que lideró y en cada historia que ayudó a construir.
Porque más allá de los años de servicio, hay liderazgos que se quedan para siempre en las personas; y aunque hoy es una despedida de la etapa laboral, la UNAB siempre será su casa.






