Juan y sus aventuras soñadas

Abr 2, 2011 | Institucional

AUTOR: SERGIO ANDRES NIÑO SALAMANCA.  6ºB
Había una vez un niño llamado Juan. Era un niño de cabello marrón, ojos verdes, y de estatura baja. Normalmente utilizaba zapatos color azul. Él era amigable, juguetón, cariñoso, inteligente y ecologista, pues amaba la naturaleza, ayudaba a cuidar los ríos, no contaminaba y reciclaba. Un día él escuchó a una mujer que gritaba: ¡Ayuda!.  “Se cae el cielo”. Juan salió a mirar qué pasaba y ella se fue corriendo. Algo increíble ocurrió. Se encontró con una nave espacial.  De allí salió un extraterrestre, un personaje extraño de aproximadamente  8 años de edad, con las orejas más largas de lo normal, dorado y con ojos muy grandes, era pacífico. Juan no lo podía creer, pensaba que era un sueño. Le contó a sus amigos y familiares, pero nadie le creyó.

Todos decían que él estaba loco, pero un día el extraterrestre llegó a su casa Él no sabía qué hacer hasta que se dio cuenta que el extraterrestre le entendía. Le decía que él era amigable, que venía en son de paz y que no sabía quién era bueno. En ese momento Juan se dio cuenta que él no se lo podía contar a nadie, lo tenía que esconder. Como él era ecologista,  le podía mostrar todos los animales, plantas, ríos, y toda la variedad de vida en el planeta Tierra.

Así que se fueron en la nave espacial. El primer día vieron el río Magdalena, el Orinoco y el Vaupés. Más tarde Juan le enseñó que ahí no se podía botar basura porque en ese lugar había vida, diferentes especies vegetales y animales y peces en abundancia. Luego fueron a conocer el parque Chicamocha y otros parques más, donde le mostró la variedad de flora. Otro día, se fueron a conocer animales como serpientes, diferentes aves y peces.

Él le enseñó a reciclar. Le explicó que  el plástico y el papel se botan en bolsas diferentes, para ser utilizados nuevamente. Además le enseñó a no contaminar no botando los papeles en las calles, ríos y parques y a cuidar a los animales, no maltratándolos y  dejándolos libres.

Finalmente,  cuando llegaron a casa,  Juan se dio cuenta  que ese era el amigo que él siempre había querido tener. El extraterrestre era un niño y por eso un día sus padres vinieron por él. Tristes se despidieron, pero felices por haberse conocido. Por eso se dice que los mejores amigos llegan al corazón y ahí se quedan para siempre.

Ir al contenido