La Anapo se juega su propia final

Feb 15, 2006 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Texto y foto Marcela Vargas Cabrera
mvargas5@unab.edu.co

Los jugadores ya estaban listos para el partido. En el camerino del estadio Villa Concha, de Piedecuesta, el entrenador animaba a sus muchachos para que salieran a ganar. Mientras, el candidato Jorge Navas calentaba en otro lugar del municipio. Se encontraba en el parque principal del pueblo y con afiches en mano realizaba estiramientos para saludar a todos los ciudadanos.

– Buenos días, ¿cómo está mi señora, cuento con su apoyo? Mire que yo soy el único candidato a la Cámara por Piedecuesta. Ahora sí vamos a tener un representante de nuestra tierra en el Congreso.

Mientras algunos de sus hinchas estaban en el mercado, los taxistas ponían en sus carros cintas moradas para solidarizarse con la muerte de 2 compañeros y en el estadio el ambiente se prendía, Navas realizaba movimientos de banca en banca, hablando con las personas. Se sentaba con ellas, les pedía apoyo y se comprometía a hacer reuniones en sus casas, con los de la cuadra, para que conocieran mejor sus propuestas.

– Tiene que marcar el número 105 y el logo del Polo, no se le olvide -decía mientras recorría el lugar.

Jorge Navas es compañero de escuadra de Iván Moreno Rojas en el equipo político de la Anapo, que decidió unirse al Polo Democrático Alternativo. Juan Bernal, uno de los mejores amigos y colaborador de la campaña del piedecuestano, dice: “Ahora toca decir que somos del Polo para que la gente no se confunda y vote bien”.

Luego de un par de horas de entrenamiento recorriendo y saludando gente, el candidato y sus dos amigos, que portaban chalecos verdes con propaganda política, salieron hacia el gramado del Villa Concha.

Primer tiempo
Ya era hora del encuentro deportivo. Peseros, el onceno patrocinado por Navas, se enfrentaba a Copetrán en una nueva fecha del Hexagonal de Fútbol Piedecuesta.

– Bueno muchachos, a ganar, 10.000 pesos para el que haga un gol -animó Navas a sus pupilos mientras él también se preparaba para hacer lo suyo durante el partido.

Antes de que iniciara el encuentro, dos niñas de 15 y 16 años ingresaron a la cancha con una valla verde promocionando al dirigente político. Detrás entraron los 11 jugadores.

Pitazo inicial. El juego empezó en la cancha y el trabajo para el aspirante al Congreso también: mientras los futbolistas intentaban meter un gol, él se dirigió a las tribunas.

El candidato picó en punta por el flanco lateral derecho de la gradería, se movía con destreza, se sentaba un rato con un grupo de personas, hablaba del juego y de paso pedía apoyo para la campaña.

De pronto el sonido de tamboras y flautas invadió el lugar: un equipo contrario llegó a debilitar las jugadas de Navas. Una mancha amarilla empezó a invadir las tribunas. José Vicente Montañez, de Convergencia Ciudadana, también quería hacer campaña en el Villa Concha y con bullerengues, puyas y cumbias logró captar la atención de los asistentes. Sin embargo, los hinchas de Navas entonaron vivas que por un momento opacaron al rival.

– ¡Qué viva Jorge Navas! ¡Piedecuesta a la Cámara!

El partido terminó y aunque el equipo de Navas perdió en el terreno de juego, el día de campaña hasta ahora entraba al segundo tiempo.

Antes de que empezara la parte final de la jornada, el candidato aprovechó para almorzar y cuadrar un ‘asadito’ con los líderes de los taxistas.

– ¡Yo le regalo el guarapo para ese día, cuente conmigo Jorge! -gritó uno de los meseros que atendía el lugar.

De pronto el celular sonó. La cita era en el barrio La Castellana donde lo esperaban varios seguidores que querían conversar con él y de paso aprovechar para tomarse ‘alguito’ por cortesía del político.

– En esa sentadita con esta gente me gasté 60.000 pesos. Ahora mejor vayámonos para el Refugio -dijo el candidato que sin perder el ritmo salió para otro sitio.

Entrando al barrio, Navas se dio cuenta que una de sus seguidoras tenía pegado en su casa un afiche de otro candidato.

– ¡Uy no, usted cómo me hace esto, ahora resultó apoyando al contrario! -dijo Jorge mientras entraba a la casa de la dama.

– Ay no, yo apoyo al que me ayude, él vino primero y se comprometió a ayudarme entonces toca votar por ese -contestó la señora

– Sí ve, eso es lo que a mí me duele, la insolidaridad de la gente. Yo soy de Piedecuesta y me interesa mi pueblo, pero es muy doloroso que no lo apoyen a uno en su misma tierra -dijo mientras salía de la casa.

De pronto, de otra residencia una señora gritó:

– Yo voy a votar por usted, pero necesito que me ayude con un cupito para una niña de sexto bachillerato. Yo soy franca doctor y le digo las cosas así para que nos entendamos -terminó de decir la mujer mientras le abría la reja de su casa a Navas.

– Deme el nombre de la niña, de pronto le podemos ayudar, pero usted me tiene que apoyar, yo me la estoy luchando por Piedecuesta. ¿Le pego el afichito en la puerta para que me ayude?

El mismísimo candidato salió a pegar el afiche mientras aseguraba: “Cuando uno va solo la gente lo apoya más que cuando está con tanta gente. Además yo les firmo el afiche y eso se convierte en un compromiso de ambas partes, porque ya no lo va a dañar sabiendo que yo se lo regalé con cariño”.

Para él hacer ‘avanzadas’ (campañas puerta a puerta) es una forma directa de llegarle a la gente: “Yo voy a los puntos neurálgicos del barrio, las tiendas, papelerías, almacenes y algunas casas. Las personas siempre quieren hablar con uno y contarle sus problemas, esta es una manera efectiva de comprometerse con la gente”.

– ¡Jorge, Jorge! En la iglesia hay una brigada de salud que organizó el cura, es hasta las 4 de la tarde y no es de ningún partido, vamos rápido para allá -dijo Juan Bernal al tiempo que corría para alcanzar al candidato.

Mientras bajaban a la nueva área de gol (la iglesia) por el camino la gente gritaba y le pedía afiches. Navas se movía de un lado a otro sin descuidar su objetivo y saludaba a quienes encontraba a su paso.

Aunque el lugar de la brigada estaba a sólo 4 cuadras, se demoró más de una hora en llegar, pues cuando veía la puerta de alguna casa abierta entraba a saludar.

– Ayy, ya se acabó esa vaina. Mejor dejemos así por hoy, vamos a cuadrar la agenda para esta semana -dijo el candidato en voz alta.

Final, final, no va más… Mientras salía del barrio, Navas seguía gritando por la ventana del carro a los que estaban por ahí: “Apóyenme, yo soy el único candidato a la Cámara de Piedecuesta, tenemos que votar por uno de nuestra tierra”.

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