La pasión del fútbol hecha papel

Jun 15, 2006 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Sergio Augusto Sánchez
ssanchez7@unab.edu.co

Cada cuatro años, el globo terráqueo gira alrededor de una esfera diminuta. Cada cuatro años, los ojos del mundo están pendientes de la forma como un balón de fútbol rueda sobre la grama. Alemania, uno de los 204 países miembros de la FIFA es ahora la sede de esta cita en la que 32 seleccionados de fútbol ?se la juegan toda?, en 64 partidos, por alzar la Copa y coronarse campeones.

Si usted pertenece a ese grupo que vive y muere, sufre y llora por el aclamado deporte de reyes, repórtese enfermo en la oficina, dígale a su novia que se va a comprar cigarrillos y no olvide desconectar el teléfono o mande a su esposa de viaje, porque del 9 de junio al 9 de julio formará parte de la alegría mundialista.

Sin importar que la Selección Colombia no clasificó al certamen, se vive el frenesí de un espectáculo que transcurre en las calles neurálgicas de las principales ciudades del país: la afición por completar el álbum del Mundial.

Pitazo inicial

Una vez la ciudad se afecta con la fiebre del Mundial, puede verse como, desde muy temprano, aparecen hombres y mujeres que han encontrado un nuevo oficio.

Pasadas las siete de la mañana, llega el primero: gorra para protegerse del sol, sillita para evitar el cansancio, una libreta para tomar notas, y un cajón de madera. Dentro del cajón carga más de ocho mil láminas del álbum del Mundial, perfectamente organizadas y separadas, en una especie de fichero como el de las bibliotecas de antaño.

Esto sucede en el separador de la calle 36 entre carreras 16 y 18, y en Cabecera, donde una nueva generación de vendedores de láminas se adueña del lugar, mezclándose con uno que otro veterano, desde la caseta de revistas a la entrada del parqueadero del Ley, hasta el puesto de empanadas de la esquina de la carrera 35A con 51.

Algunos de estos vendedores sólo se reencuentran allí cada cuatro años, gracias a la pasión por la Copa del Mundo. Después de su místico reconocimiento del terreno, se escucha el grito de: ?¡láminas, sobres de Panini, Panini!?.

Esta escena lleva repitiéndose por lo menos veinticuatro años, recuerda ?el profe?, quien salió a vender por primera vez durante el campeonato de 1982 que se jugó en España.

?Desde siempre nos hemos parqueado acá, si usted pregunta, siempre lo van a mandar al separador de la calle 36. Antes nos hacíamos ahí en la famosísima Sombrilla?, dice señalando el edificio del Banco de Occidente, en donde hace algunos años existió un puesto de revistas llamado La Sombrilla.

El profe

?El profe? probablemente no esté habilitado para dictar su clase de historia urbana en una universidad, pero sus colegas lo tratan con el respeto que le darían a cualquier catedrático, ante sus respuestas cortas y precisas.

?El profe? es un experto en la materia, sabe diferenciar perfectamente entre la pasión de los niños por las figuras de moda, y la sensatez de los adultos que, lista en mano, compran de a veinte o cincuenta láminas.

?La mayoría de los hombres mayores que usted ve comprando, llenan el álbum para ellos, sólo unos pocos llevan las láminas para algún nieto. Aunque tengo un cliente que dice haber llenado el álbum desde el 70, esperando que los hijos continúen la tradición. La gente se muere, pero las colecciones quedan?, afirma.

También reconoce que todo se volvió negocio, que ahora hasta los niños venden las repetidas o las cambian de a tres por una. Se acabaron los tiempos en que se apostaban las monas jugando a las ?maras, las moneditas, o a la ?turra. ?Esa juventud sí fue bacana?, recuerda con nostalgia.

Historias para el entretiempo

Las láminas escasean, dependiendo de la región, lo que explica la presencia de mercaderes foráneos, inclusive de España, Venezuela y Paraguay, dicen ellos que llegan hasta el separador de la 36 en Bucaramanga, en busca de la estampita de Ronaldinho o Pauleta. Es difícil de imaginar, pero el álbum y sus láminas parece rodeado de la magia y fantasía de nuestro trópico.

En los sitios de venta de Cabecera, las historias son diferentes: ?Aquí vino un tipo, de mucha plata, y pagó tres millones de pesos por el álbum lleno de México 70; fue hasta el cajero y sacó el billete?, asegura el revendedor de láminas, Cristian Delgado, más conocido como ʻel paisaʼ. Una historia difícil de creer, porque no es posible sacar de un cajero automático tres millones de pesos, pero no imposible, en medio de este delirio futbolero, pues cualquiera podría llegar a pagar esa suma por tener el álbum lleno del último mundial que jugó el rey Pelé .

?¡Sobres, láminas, las tengo todas!?. ?154, 155, 156, 473, 00, 01…?, no son números de la lotería ni indicadores bursátiles, es simplemente una de las tantas listas que los clientes regulares ponen a circular por el lugar, en su apetencia por monitas que están escasas, como las de los jugadores brasileños, el logotipo oficial de Panini y Goleo, la mascota del Mundial de Alemania 2006.

Cuando todo termine y se conozca al nuevo campeón, los vendedores de láminas recogerán sus sillas, levantarán sus cajones y todo volverá a la normalidad, hasta dentro de cuatro años cuando sea tiempo para que las monas regresen por la emoción futbolística del 2010, en Suráfrica.

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