La UNAB en el sendero de la Carta de Bolonia

Dic 1, 2008 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez

¿Nel rifiuto dell¿intolleranza en el dialogo permanente l¿Universitá diviene portanto luogo privilegiato d¿incontro fra professori, che abbiano la capacitá di trasmettere il supere e i mezzi di farlo progredire attraverso la recerca e l¿innovazione, e studenti che abbiano il diritto, la volontá e la capacitá di arricchirsene¿.

Esta es la versión en italiano de uno de los principios fundamentales de la Carta de Bolonia, a la que se han comprometido los rectores de las más reconocidas universidades del mundo entero, y entre ellas la UNAB, que en cabeza del rector Alberto Montoya Puyana suscribió este documento el pasado 18 de septiembre, en un acto solemne llevado a cabo en esa ciudad del norte de Italia.

Su traducción al castellano señala: ¿Con el rechazo de la intolerancia y mediante el diálogo permanente, la universidad es un lugar de encuentro privilegiado entre profesores -que disponen de la capacidad de transmitir el saber y los medios para desarrollarlo a través de la investigación y de la innovación- y estudiantes -que tienen el derecho, la voluntad y la capacidad de enriquecerse con ello-¿.

Ese es, en esencia, el espíritu que inspiró este documento de referencia obligatoria para la academia universal al aceptar la misión de responder con oportunidad y excelencia a los desafíos del tercer milenio, poniendo de presente el deber de asegurar a las futuras generaciones la educación y la formación necesarias que contribuyan al respeto de los grandes equilibrios del entorno natural y de la vida.

Tomada como la hoja de ruta de universidades de la trayectoria de Oxford, Sorbona, Granada, Alcalá, Gotenburgo, Belgrado, Salzburgo, Osaka, Bremen, Londres, Leicester, Estambul y Lübeck, entre otras, estipula que el provenir de la humanidad depende en gran medida del desarrollo cultural, científico y técnico, que se forja en los centros de cultura, de conocimiento y de investigación en que se han convertido las auténticas universidades, manifestó Montoya Puyana, quien recalcó que el porvenir cultural, social y económico del conjunto de la sociedad exige especialmente un considerable esfuerzo de formación permanente.

El rector de la UNAB formó parte de la delegación de universidades colombianas, entre las que se contaban La Salle, Externado, Libre, de Antioquia, Tecnológica de Pereira y de la Sabana.

El evento empezó el 17 de septiembre y se extendió hasta el 19, días en los cuales los asistentes concurrieron a ciclos de conferencias sobre el sentido de la universidad moderna, autonomía, libertad y globalización, entre otros temas planteados.

Como parte de la ceremonia central, el rector anfitrión, Pier Ugo Calzolari, disertó sobre la validez de la Carta de Bolonia, luego se procedió a la lectura en público del documento y después al acto en el que los rectores debidamente vestidos con togas asignadas de acuerdo con la formación universitaria de cada quien, pasaron a la mesa de honor y refrendaron con su firma la adhesión de sus correspondientes instituciones, mientras un grupo de música de cámara engalanaba la tarde.

 Los orígenes

La iniciativa de la Carta de Bolonia tomó forma en 1988 con motivo de los 900 años de fundación de la Universidad de Bolonia, cuatro años antes de la supresión definitiva de las fronteras en la Comunidad Europea y ante la perspectiva de una colaboración más amplia entre todos los pueblos del Viejo Continente, quienes junto a sus Estados son conscientes del papel que las universidades tienen en el futuro en una sociedad que se transforma y se internacionaliza.

Estados y sociedades que aceptaron sustentar la vocación de la universidad en los siguientes principios fundamentales:

La universidad -en el seno de las sociedades organizadas de forma diversa debido a las condiciones geográficas y a la influencia de la historia- es una institución autónoma que, de manera crítica, produce y transmite la cultura por medio de la investigación y de la enseñanza.

Abrirse a las necesidades del mundo contemporáneo exige disponer, para su esfuerzo docente e investigador, de una independencia moral y científica frente a cualquier poder político, económico e ideológico.

En las universidades, la actividad docente es indisociable de la actividad investigadora, a fin de que la enseñanza sea igualmente capaz de seguir la evolución tanto de las necesidades y de las exigencias de la sociedad como de los conocimientos científicos.

Siendo la libertad de investigación, de enseñanza y de información el principio básico de la vida de las universidades, tanto los poderes públicos como las universidades, cada uno en sus respectivos ámbitos de competencia, deben garantizar y promover el respeto a esta exigencia fundamental.

La universidad, depositaria de la tradición del humanismo europeo pero con la constante preocupación de alcanzar el saber universal, ignora toda frontera geográfica o política para asumir su misión y afirma la imperiosa necesidad del conocimiento recíproco y de la interacción de las culturas.

En el marco de tales principios, la realización de estos objetivos exige medios eficaces y, por tanto, adaptados a la situación contemporánea.

A fin de preservar la libertad de investigación y de enseñanza, deben facilitarse al conjunto de los miembros de la comunidad universitaria los instrumentos adecuados para su realización, destaca la Carta de Bolonia.

La selección de los profesores, así como la reglamentación de su estatuto, deben regirse por el principio de la indisociabilidad entre la actividad investigadora y la actividad docente.

Respetando la especificidad de su situación, cada universidad debe garantizar a los estudiantes la salvaguarda de las libertades, así como las condiciones necesarias para alcanzar sus objetivos en materia de cultura y de formación.

Las universidades consideran el intercambio recíproco de información y de documentación y la multiplicación de iniciativas comunes, como instrumentos fundamentales para el progreso continuado de conocimientos.

Por estos motivos -volviendo a sus orígenes- las universidades alientan la movilidad de los profesores y de los estudiantes, y estiman que una política general de equivalencia en materia de estatutos, de títulos, de exámenes (aún manteniendo los diplomas nacionales), y de concesión de becas, constituye el elemento esencial para garantizar el ejercicio de su misión contemporánea.

Los rectores firmantes se comprometen a hacer todo lo posible para que los Estados, y los organismos supranacionales implicados se inspiren progresivamente en las disposiciones de la Carta de Bolonia, expresión unánime de la voluntad autónoma de las universidades, que para quienes quieran refrescar su conocimientos de latín dice: ¿Rectores, quorum nomina subscripta sunt, suarum Universitatum nomine profitentur se omnem operam dataros ut qui gentibus es institutos omnium Pentium communibus paresunt huius Chartae decretis, libere et concorditer ab Universitatibus conscriptae, magis magisque obsequantur¿.

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