Los atletas del espíritu

Feb 4, 2020 | La calle del medio

La maldita Casandra puede parar de gritar, el teatro no ha muerto, sigue tan vigente como hace 2.500 años a. C. porque quienes lo hacen posible, los actores, no han dejado de ofrendarse al infinito misterio, al tentador secreto que les permite verse y reconocer que no son ellos. Desde que los homo sapiens o se podría afirmar que los homo ludens descubrieron la danza, ya fuera para venerar a sus dioses, para celebrar la caza o invocar fertilidad en las cosechas, no han parado de beber del delirio del movimiento; pero fue justo cuando se enmascararon que nació, como diría Oskar Eberle, el arte inmortal. El teatro está vivo porque al ser un acontecimiento que inmediatamente desaparece siempre revela un momento único e irrepetible; está vivo, porque aún continúa llamando la atención de todos los espectadores que se encuentran para sentir el espíritu de los danzarines enmascarados.

La presentación de una obra que aparentemente tiene una duración de 45 minutos, dos horas o en algunas ocasiones un día entero, en realidad ha sido preparada durante meses o incluso años; ese es el trabajo del actor: repetir para no repetir. Su entrenamiento físico y mental es riguroso; porque sí, los actores leen, leen mucho, investigan, estiran neuronas.

Eso es lo que más motiva a Julián Murillo a continuar asistiendo al Laboratorio Permanente de Experimentación Teatral, que se lleva a cabo todos los miércoles y sábados en el Teatro Coliseo Peralta, ya que en cada encuentro se siente retado mentalmente. “Esta sí es la vuelta”, comenta emocionado, “no estamos cogiendo un texto y recitándolo, porque si se tratara de eso mejor lo hacía en mi casa. Aquí nos rebanamos los sesos”. Permanece un segundo en silencio y comienza a entonar el acto cuarto de ‘Romeo y Julieta’: “Sí el amor es cruel contigo, sé cruel tú también con el amor, hiérelo pues él hiere y así podrás vencerlo”. 

Y también estiran los músculos. El entrenamiento físico al que se entrega el actor busca deformar todas las mal formas que el cuerpo ha adquirido en la cotidianidad, las que le ha impuesto la cultura, las que lo hacen caminar jorobado, con los pies hacia afuera, sin consciencia de que la respiración diafragmática es el movimiento universal en el que confluyen todos los seres. Cuando se buscan todas las posibilidades que tiene el cuerpo extracotidiano para comunicar, es cuando Jennifer Blanco se siente más plena y poderosa. “El cuerpo tiene tanta creatividad y tantas opciones para expresar una idea, que no nos damos cuenta de que lo tenemos en desuso, siempre sorprendo una nueva parte que tenía olvidada, que nunca había utilizado”. Ella afirma, después de tres meses de estar asistiendo a los talleres, que a pesar de que nunca en su vida había pensado ser actriz, ya no puede vivir sin en el teatro, que es lo único que la hace feliz, que quisiera sentirse así en todos los aspectos de su vida.

El nuevo grupo de jóvenes actores también cuenta que a partir de la atención sobre sí mismos es que han logrado tener un descubrimiento personal, sobre la idea del colectivo, el control de sus emociones, las falsas relaciones de poder. “Esta nueva visión del teatro en la que no hay un protagonista sino que es un trabajo en grupo, es lo que inmediatamente me hace pensar”, así lo cuenta Jonathan Valencia, quien reflexiona sobre cómo la práctica del teatro puede ser el vehículo que propicie cuestionamientos respecto a los comportamientos que construyen, o no, transformaciones sociales.

Ya sea que se tenga la visión del teatro que educa a la gran polis como lo concebían los griegos, que sea el medio para narrar leyendas como el Kathakali hindú, que mantenga una arraigada tradición familiar y cultural como el teatro No’h japonés; mientras el teatro estremezca, transgreda, cuestione y subvierta, tanto a los actores de la escena como a los de la sociedad, seguirá estando vivo, incitando a la reflexión.

Trabajo de aula del curso Fotografía y lenguaje visual, correspondiente al primer semestre del Programa de Comunicación Social de la UNAB dictado por el docente Ricardo Jaramillo
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