Los Izquierdo estudian Derecho

Nov 26, 2007 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez
Enviado Especial
El Yopal, Casanare
Con 84 años recién cumplidos y viuda, a Emma Beatriz Izquierdo Serrano de Moreno la desvelan el Código Penal, la Tutela y la Lógica -que le parece ilógica-. Lo mismo le acontece a su hijo Guillermo Moreno Izquierdo, de 46 años, y su nieto, Carlos Arturo Moreno Nuñez, de 21.
Los tres, aunque cueste trabajo creerlo, están estudiando Derecho en la Alianza Unisangil-Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB, en la capital de Casanare. Ella cursa cuarto semestre, al igual que su hijo, mientras que su nieto está terminando el primer nivel.
Emita, como le dicen con cariño sus compañeros de pupitre, frunce el ceño cuando por casualidad alguien le dice ¿vieja¿ y les responde con una sonrisa a quienes intentan apiadarse o verla como un ser extraño.
Irradia ganas de vivir, las mismas que la hacen levantar temprano a repasar sus apuntes o llegar a las 5:59 de la tarde a tomar la primera clase y continuar con el mismo entusiasmo hasta las 10 de la noche, hora en que se va a su hogar a realizar trabajos y seguirse preparando. En lo que no está al día es en telenovelas, porque piensa que el tiempo se puede destinar a actividades más provechosas.
Por más problemas que tenga Emma Beatriz, como ahora que un abogado pretende embargarle la casa, cuando pisa las aulas deja atrás toda su fatiga y algunos quebrantos de salud.
Sus compañeros ya se habituaron a verlos, pero les sigue provocando curiosidad cuando se reúnen los tres en el ¿recreo¿ a tomarse un tinto o sacar fotocopias. ¿Ahí va su abuelita¿, le dicen a Carlos Arturo, pero éste no se molesta. Menos su padre, quien al principio se sentía como un Sancho Panza al lado del Quijote, aunque a las pocas semanas aprendió a ¿sacar pecho¿ por su condición particular.

Una vida dura
Emma Beatriz es una mujer de una larga cabellera en la que abundan las canas, tiene unos ojos verdes enormes y a toda hora está sonriente. Con tenacidad ha sorteado mil y una dificultades. Su madre era la maestra de El Morro y aunque le insistió en la necesidad de estudiar, la pobreza y la marginación de las mujeres (albores del siglo XX) no le permitieron ir a la escuela, lo cual no fue impedimento para que aprendiera a leer y se apasionara por ¿devorar¿ todo libro que llegara a sus manos, así como en prestar atención a las conversaciones de los adultos, más si trataban asuntos políticos o ideológicos.
Mirando los cuadernos de sus nueve hermanos y con el beneplácito del obispo que sólo los visitaba en temporada de verano -porque en invierno el pésimo estado de las carreteras no lo permitía-, se convirtió a los 12 años en la maestra de los niños que cursaban de primero a quinto de primaria.
¿Me iba muy bien, hasta que cuando tenía 16 años llegó la violencia bipartidista tras el asesinato en 1948 del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán y debí salir corriendo¿, recuerda. Entonces, con el paludismo a cuestas, buscó calor en el frío de Bogotá, donde prácticamente cambió su identidad, dejando atrás sus ideas y sus orígenes, para así poder encontrar un ingreso que le permitiera salir adelante.
Sin saber escribir a máquina, Emma Beatriz se volvió ¿lentejista¿ para sobrevivir, logró hacerse a un puesto como auxiliar en la Registraduría Nacional con la ayuda de Hernando Soto Uricoechea, probó ocho años en un laboratorio multinacional como jefe de cobranzas sin tener conocimientos de contabilidad, más tarde trabajó dos años en una importadora de camperos en la que llegó a ser subgerente, se casó con el amor de su vida, el médico Carlos Hernando Moreno, con quien regresó a El Yopal, el caserío de cinco casas que pronto tomó cara de pueblo y luego de la capital con más de 80 mil habitantes que es hoy, después de que su padre, Luis Antonio Izquierdo, lo fundara hace 63 años.
Aquí, con cuatro hijos de su esposo y cinco más de su cosecha, en un pueblo sin luz y sin agua, le picó el bicho de la política, ayudó a levantar el Colegio ¿Braulio González¿, tomó las riendas de la educación pública, pasó a ser alcaldesa por casi dos años y después secretaria de Gobierno. Emma Beatriz manifiesta que logró la pavimentación de las primeras calles a la vez que luchaba por tener un acueducto apropiado y darles amparo a los ancianos desprotegidos.
Quitándole tiempo a la crianza de sus hijos, validó el bachillerato y, cuando tenía 60 años, alcanzó a cursar un par de semestres en la Universidad San Tomás de Bogotá, aunque también había aprobado los exámenes de admisión en otras dos instituciones capitalinas. Pero enviudó y debió suspender sus estudios, hasta hace dos años que retornó a clases en la Alianza Unisangil-UNAB.
Tía de la ex congresista María Izquierdo -de quien dice que no tiene la lengua ¿igual de brava¿-, y de ascendencia santandereana, doña Emma Beatriz explica que su empeño en estudiar a estas alturas de la vida tiene varios propósitos: transmitir su ejemplo, influir en la gente que está estudiado para que tengan un poco más de responsabilidad y recibirse como abogada para montar una oficina con su hijo, su nieto y Dorita, una compañera de 18 años de edad que ya le prometió ser su socia.
También porque sostiene que los abogados, ¿que deberían ser rectos y manejarse bien, ahora encontramos una cantidad de gente torcida que tiene desacreditada esta carrera, la cual debemos ejercer correctamente mas no en beneficio propio¿.
Su promedio acumulado está en 4,2 y dentro de tres años, porque no está dispuesta a perder ninguna materia, se va a graduar sin ningún estruendo.
Pensando en voz alta dice que se pondrá un vestido de flores y se alegrará si están presentes sus 14 nietos. Al día siguiente enmarcará el diploma y lo clavará en una oficina que acondicionará en su casa, donde atenderá de lunes a miércoles a los clientes particulares que le proporcionen los ingresos para servirle el resto de la semana, de manera gratuita, a quienes ¿los grandes humillan y devoran¿, promete.

Los ¿cómplices¿
Guillermo y Carlos Arturo sienten que no pueden ser inferiores al ejemplo que les está dando Emma Beatriz. Mientras el hijo se divierte estudiando y se complementa con su madre, el nieto lo hace porque quiere incursionar en la política y de ello dan fe las ¿quemaduras¿ que le dejaron las recientes elecciones al Concejo, ya que el escrutinio le señaló que no tiene más que 57 amigos y familiares, al menos si se guía por los votos depositados.
Su nieto, bachiller del Centro Social La Presentación, alcanzó a estudiar cinco semestres de Sociología en la Universidad Javeriana, pero retornó a su tierra y optó por el Derecho porque también le gusta. No le ha ido tan bien como a sus mayores, a quienes define como ¿come-libros¿, pero lo que no está dispuesto hacer es aprovecharse de la buena reputación de su abuela o pedirle a su padre que le haga las tareas. Sin embargo, ya homologó los siete niveles de inglés y lo mismo hará con los de informática.
De vez en cuando se le escapa un ¿mi abuelita ya va a ser abogada¿ y lo dice por el orgullo que le despierta ver la superación de la que ella hace gala. Tampoco le fastidia que sus profesores aspiren a que tenga un rendimiento similar.
Los tres juran no haber hecho copia y Guillermo afirma que ante todo está la honestidad. ¿Ir preparado a clase es algo que lo dignifica mucho a uno¿, dice.
Como una ¿goma¿ de familia, Carlos Arturo se inclina por el Derecho aplicado a lo social, a la ayuda de los más necesitados, en un centro de asesoría sin ánimo de lucro, permitiéndole a sus paisanos tomar conciencia de sus derechos para hacerlos valer.
Mientras el papá se rebusca asesorando tesis de grado, y Carlos Arturo retoma la rutina de las clases sin abandonar un pequeño local de videojuegos que montó, Emma Beatriz manifiesta que tiene la energía para seguir viviendo intensa y honestamente. Por esa razón quiere llegar hasta los 100 años, valiéndose por sí misma, sin dejar un solo día de leer y aprender que en esta tierra donde abundan el petróleo, la ganadería, el dinero y la corrupción no basta con tener méritos para surgir con dignidad.
¿Lástima que mi hijo no nos hubiera ¿cogido la flota¿, pero la idea era que arrancáramos los tres a la vez¿, sostiene Guillermo, dispuesto a ¿no tirar la toalla¿ por ningún motivo, ni siquiera ahora que Emma Beatriz debe cuidar más su salud debido a la hipertensión que le afecta sus ojos, según se lo diagnosticaron recientemente los médicos especialistas en la isla de Cuba.
Y su nieto concluye: ¿estoy seguro que ¿por culpa¿ de mi abuela hay muchas personas mayores de treinta años estudiando en la Universidad. Hasta hay señores que le han ido a decir que de sólo verla se animaron a empezar. Esta es la demostración de que el organismo se agota, pero la mente sigue activa. Ella les está dando un ejemplo a los jóvenes y también a quienes piensan que una persona mayor de 50 años debe salir de circulación¿.
El capital de los tres, más que cabezas de ganado o vastas extensiones de tierra, dicen, es nuestra cultura y nuestros valores. ¿Lo que necesitamos es más conocimientos para poder ayudar a la otra gente¿, insisten. Luego se marchan, abrazados, como si fueran tres adolescentes, a atender la charla que el decano de Derecho de la UNAB y ex presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Castillo Rugeles, les dará durante dos horas sobre los intríngulis del Derecho de Familia.

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