De las cabañuelas al internet de las cosas en el campo

Ago 19, 2021 | Institucional

La cara de asombro de Rodolfo Pedraza duró mientras los expertos de la UNAB desempacaban e instalaban los equipos de aspecto extraño o al menos desconocido para este curtido campesino de la vereda Vijagual, al norte de Bucaramanga.

Paneles solares, nodos sensores, circuitos integrados, controles, cables… con el prefijo: ‘Internet de las cosas’ y el sello ‘Think Link’. Todos esos recursos permanecieron seis meses en sus cultivos de plátano y cacao con un propósito principal: demostrarle que la tecnología hace rato fue llamada a sustituir la pispicia. Que su bolsillo no puede seguir condicionado al conocimiento empírico para predecir los fenómenos atmosféricos, porque más de una costosa lección ha aprendido en esas breñas secas de Santander.

Es decir, que con la debida asistencia técnica, el riego de su finca ya no va a  depender de su ojo de buen cubero o de la interpretación de las cabañuelas, sino de bases de datos y satélites internacionales, combinados con aparatos sencillos encargados de monitorear la humedad del suelo, los cuales al instante le estarán enviando a su teléfono celular el reporte actualizado de cuándo y cuánto debe regar sus plantas, lo cual le permitirá ahorrar esfuerzo, dinero y agua, ese vital recurso que escasea en cada vez más regiones de Colombia y del mundo.

“Yo lo hacía a tientas y si había mucha calor pues le echaba agua, y si no pues lo dejaba así, pero con estos equipos podemos tener una información completa y útil”, afirma Pedraza en su finca “Villa María”. 

La solución AgroRiego y su derivada JardínRiego (que se ha puesto a prueba en el campus principal de la Universidad) fueron craneadas por los integrantes del Centro de Excelencia en Internet de las Cosas y cuenta con la visibilidad de “Think Link” como la spin-off de la UNAB que trabaja en su perfeccionamiento y comercialización.

“Por supuesto que existen soluciones similares que generan recomendaciones o acciones de riego, pero estas dependen únicamente de la comparación de la humedad del suelo con un valor umbral. En cambio, la tecnología de Internet de las Cosas en la que se sustentan AgroRiego y JardínRiego, incluye datos meteorológicos y climáticos para mejorar la toma de decisiones en un algoritmo inteligente”, explica César Darío Guerrero Santander, uno de sus gestores y a la vez director de Investigaciones de la UNAB.

Según datos del Banco Mundial, alrededor del 70 % del agua dulce del planeta se emplea en agricultura. Este alto consumo representa un reto frente a la escasez  del líquido y por lo tanto demanda soluciones que contribuyan a su uso eficiente. La falta de agua en un cultivo puede afectarlo tanto como el exceso de irrigación. Por otra parte, entre el 70 y 80 % de la producción de alimentos en el mundo proviene de pequeños agricultores que tienen cultivos de entre 2 y 5 hectáreas.

Pensando en estos últimos, fue que en 2015 María Alejandra Culman (graduada de la UNAB como ingeniera en energía y también ingeniera mecatrónica) se metió de lleno en la propuesta gracias al programa de Jóvenes Investigadores de MinCiencias. Posteriormente la UNAB fue beneficiada con recursos para crear un Centro de Excelencia y Apropiación en Internet de las Cosas. Luego se le sumaron el propio Guerrero así como Eddison Landazábal, José Yon García, Javier Pinzón, Johan Smith Rueda, Juan Pablo Peláez y José David Ortiz.

Ellos probaron que podían enviar los datos a través de Internet y procesarlos en la ‘nube’, para posteriormente transmitirlos de vuelta al lugar donde está el cultivo. Pero requerían un complemento. Y es que cómo iban a hacer para articular esta   herramienta a las actividades cotidianas de labriegos que se ciñen a tradiciones heredadas de sus padres y abuelos.

Este es un aspecto que vienen abordando en otro proyecto financiado por MinCiencias y denominado AgrIoT, con el cual se busca generar un modelo de transferencia tecnológica para los agricultores colombianos. “La tecnología puede generar soluciones efectivas que son inservibles si se desconocen aspectos antropológicos, culturales, de educación, entre otros, que influyen en la apropiación de las soluciones tecnológicas desarrolladas. AgrIoT tiene como tecnología de validación AgroRiego, con el fin de lograr la apropiación de la tecnología por parte del pequeño agricultor”, subraya Guerrero.

Una ventaja adicional es que teniendo en cuenta la poca sofisticación de los datos que se envían, no es necesario contar con acceso a Internet como el que se tiene en zonas urbanas. Una conexión de baja capacidad a través de telefonía celular es suficiente para que el sistema funcione. Sin embargo, existen otras alternativas de procesamiento en sitio (si el acceso a Internet es nulo) o de procesamiento asincrónico para cuando se cuente con una señal para transmitir. El procesamiento en el lugar (usando sólo información de humedad de suelo) puede reducir la precisión, pero es suficiente para tomar una decisión sobre el riego con más elementos de los que actualmente dispone el pequeño agricultor (su intuición o riego a determinadas horas del día).

AgroRiego y JardínRiego se pueden utilizar con cualquier tipo de cultivo y plantas ornamentales. La decisión de dónde usarlos depende de factores como la necesidad de irrigación del cultivo, la topología del terreno, la ubicación en el país (por aspectos climáticos) y la oportunidad de comercialización.

Su costo es de dos millones de pesos con tres nodos sensores por hectárea, más un valor mensual de $100 mil por hectárea para gestión y análisis. La infraestructura recomendada debe constar de conexión a Internet vía WiFi o GPRS. Los datos suministrados por los sensores son almacenados en Amazon Web Services, donde son analizados para generar las recomendaciones de riego.

Para que los dos sistemas entren al mercado se requiere elaborar un estudio que permita generar un cálculo sobre la efectividad del sistema en la productividad de un cultivo específico o en el consumo de agua. Esta es una pregunta que han hecho los posibles compradores y no hay datos a nivel mundial que permitan tener un estimado con sistemas similares. Adicionalmente, se debe establecer una estrategia de comercialización que no se ha definido y disponer de un refuerzo en esa área.

En el mundo solo existen 18 soluciones similares. AgroRiego y JardínRiego son el aporte de Colombia, validadas por una convocatoria que les permitió a los investigadores UNAB trabajar con la Universidad de Oxford (Inglaterra), efectuando un estudio que mostró su efectividad en cuanto al manejo de variables climáticas, soporte local y autonomía, así como su aporte a objetivos de desarrollo sostenible como hambre cero y agua limpia.

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