Cien años de un santandereano incomparable

Oct 19, 2021 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez

En 1949, cuando Bucaramanga era una apacible ciudad y la meseta parecía tan grande que tardaría siglos en ser rebasada por el crecimiento urbanístico, en la cabeza de un joven de 28 años rondaba un sueño que más temprano que tarde marcaría el destino de la capital santandereana. 

Se trataba de Armando Puyana Puyana, quien a esa edad y con tanta anticipación ya estaba concibiendo el proyecto que convertiría a la ‘Mesa de las Tempestades’ en el polo de desarrollo que es hoy Ruitoque Condominio.

Tres años después –en 1952–, junto a amigos del mismo talante como Alfonso Gómez Gómez y Carlos Gómez Albarracín, darían vida al Instituto Caldas, semilla de la Escuela de Administración y Finanzas (EDAF) y posteriormente de la UNAB, primera universidad privada del Oriente colombiano. Instituciones basadas en los principios de libertad, autonomía y democracia, las cuales han forjado miles de bachilleres, técnicos, tecnólogos,  profesionales y ciudadanos ejemplares.

Con realizaciones como estas, así como los proyectos de Cabecera del Llano, Cañaveral, Pan de Azúcar, El Jardín y Cenfer, entre otros, así como su liderazgo férreo en defensa de los intereses de la región, Don Armando pasó a la historia como uno de los santandereanos más valiosos de los últimos tiempos.

Esas fueron algunas de las tantas razones que le hicieron merecedor de la Cruz de Boyacá – máxima distinción que puede recibir un colombiano–, la cual le fue otorgada el 2 de diciembre de 1999, ocasión en la que conmovido manifestó: “Cuando se está llegando a los ochenta ya no queda más remedio que sentarse la persona a ver la película de lo que fue su vida. Esta se nos fue en tres actividades: la de desarrollador de tierras o urbanizador; la de distribuidor de vinos y licores legalmente importados al país, y la de impulsador de la educación privada sin ánimo de lucro. Varias veces se nos ha preguntado cuál de las tres preferimos, y la respuesta siempre ha sido igual: aunque todas nos han agradado -porque se debe procurar hacer lo que a la gente le gusta-, mi preferencia ha sido por la tercera; la que no nos ha producido dinero, pero sí la que mayores satisfacciones nos ha deparado”. 

Un bumangués irrepetible en cuya memoria, y la de su coetáneo Alfonso Gómez Gómez, se realiza la exposición fotográfica que hasta finales de noviembre permanecerá abierta en La Casona UNAB de la calle 42 con carrera 34. Lo mismo que el homenaje que sus amigos entrañables y su familia le ofrecieron en el club de Ruitoque el pasado viernes 1 de octubre, día de su nacimiento hace cien años. Una muestra de agradecimiento para con un ser íntegro, en la que las palabras francas dieron paso a la obra artística del bogotano José Laverde, quien en apenas siete minutos y 48 segundos –y sin tener boceto o imágenes de referencia a la mano– pintó el retrato en el que Don Armando permanecerá sonriente y optimista, como lo fue en sus 86 años de existencia.

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