Reestructuración estratégica y cambio de estilo

Feb 5, 2007 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez

Así lo ha hecho saber en más de seis reuniones colectivas y un centenar de contactos individuales que desde cuando asumió el cargo en el pasado mes de diciembre ha sostenido con decanos, docentes, estudiantes y personal administrativo.

Encuentros en los que ha reconocido el alto valor del recurso humano y la infraestructura con que cuenta la Universidad, pero a la vez ha insistido en que no basta con tener puesta la camiseta de la Institución, sino que todos los integrantes de la comunidad UNAB deben sudarla y tatuársela porque está convencido que de esta forma se convertirá en la primera Universidad de la Región Nororiental de Colombia.

Sin temor a hablar con franqueza, en la cita que sostuvo con los directores de dependencias el pasado martes 30 de enero, Montoya Puyana manifestó: “Si a alguien le parece que no es capaz de asumir esta nueva responsabilidad, necesito que me lo digan de una vez. Quiero contar con los que son y quien de pronto se sienta cojo por favor me lo dice, con el fin de que después no me vengan con excusas”.

Montoya Puyana lidera el proceso de reestructuración estratégica avalado por la Junta Directiva de la UNAB, el cual es considerado como la herramienta que le permitirá aplicar los ajustes y redireccionamientos necesarios de manera inmediata, para asegurar la solidez y el futuro de la Institución, y de paso no tener que aplicar correctivos más drásticos en el corto plazo.

Su constante, dice, es la búsqueda del mejoramiento permanente de la calidad académica que se imparta en todos los programas y la sostenibilidad de la Entidad.

Por esa razón el rector y los vicerrectores Administrativo y Financiero, Gilberto Ramírez Valbuena, y Académica, Eulalia García Beltrán, así como parte de sus inmediatos colaboradores, no tuvieron vacaciones plenas en el periodo diciembre-enero y junto con el asesor externo Camilo Gaitán García han estado estudiando las recomendaciones de la consultoría que fue contratada en julio de 2006 y planteando modificaciones, aprobadas por la Junta Directiva.

Resultado de ese trabajo es el nuevo organigrama que Vivir la UNAB publica en las páginas 6 y 7 de esta edición. Sus rasgos distintivos son la claridad en las líneas de responsabilidad y autoridad, el orden, la integración y la modernización.

Origen, evolución y resultados
El rector Montoya Puyana tiene claro que el Equipo UNAB debe tener el conocimiento de los nuevos parámetros y hablar un mismo lenguaje. Por esa razón explica que la actual reestructuración estratégica tiene unos orígenes, los cuales son las alarmas que empezaron a encenderse en el año 2001, producto de la recesión económica y la derivada reducción en el poder adquisitivo de los hogares que vivió el país desde mediados de la década de los 90, así como por la elevada oferta de programas en educación que se han generado en la región, sin dejar de lado causas internas ya detectadas.

La señal concreta fue la disminución en el número de estudiantes que ingresaban a la educación superior y la deserción, que en el caso de la UNAB se tradujeron en una merma del 25 por ciento de la población de pregrado en los últimos seis años.

Desde ese mismo momento la Junta Directiva y la Rectoría empezaron a tomar medidas para contrarrestar ese fenómeno (como el fortalecimiento del Plan de Mercadeo), que sin embargo continuó con la consabida disminución efectiva en término de ingresos.

Las repercusiones por ende se vieron en el renglón de la inversión, ya que de los 11 mil millones de pesos que se destinaron para ese propósito en el año 2001, se pasó a cerca de $1.000 millones durante 2006. Así mismo, los ingresos de matrículas de manera holgada permitían a comienzos del citado periodo cubrir los gastos de la Institución y parte de la inversión, pero desde 2005 se debió recurrir a créditos de tesorería.

Esta situación generó una reacción inmediata de los directivos, la cual implicó echar mano de sus reservas y proceder a la venta de activos, explica Montoya Puyana y hace referencia a que la UNAB es una entidad sin ánimo de lucro, que no obstante requiere un margen importante en los ingresos y unos excedentes en la operación que permitan su consolidación y crecimiento.

Sin embargo, la planta de personal administrativo y docente se mantuvo sin mayores modificaciones entre 2001 y 2006, lo cual representó sostener unos costos fijos ante una disminución fuerte en los ingresos. Una repercusión directa ha sido la imposibilidad de un reajuste salarial durante los últimos tres años.

¿Cómo romper esa tendencia negativa?, se pregunta el rector. Una luz en el camino es que para el semestre que acaba de empezar aumentó en 120 el número de estudiantes que se han matriculado, con respecto al mismo periodo del año pasado. Él interpreta este hecho como una base positiva para arrancar 2007.

Pero para ir al fondo del análisis y la búsqueda de soluciones, Montoya Puyana recuerda que desde mediados de 2006 la UNAB contrató la consultoría externa, que a finales de 2006 entregó el documento base para la reestructuración.

Se trata entonces de una “reestructuración estratégica”, insiste Montoya Puyana. Así que no es solamente el factor económico el que se está teniendo en cuenta para hallar una salida lógica, dice y recalca que todos sus colaboradores deben tener la conciencia de que “esa abundancia que en algún momento se pudo llegar a tener en la UNAB, ya no existe, y que tenemos que trabajar con intensidad y modificar muchos aspectos”.

Dentro de ese cambio, señala, está el trazado de una política clara que permita lograr los objetivos que el rector tiene la certeza de que se pueden conquistar. Metas como que la UNAB será la número 1 de la región y afirma que está dispuesto a oír a quien le argumente que ese propósito no es alcanzable. “Contamos con un capital humano excelente, tenemos la infraestructura y las ganas”, subraya el rector.

En su plan de vuelo también está que la UNAB obtenga un elevado reconocimiento a nivel nacional e internacional, proyecto que debe quedar expresado en el Plan de Desarrollo 2007-2012, una vez se oficialice por parte de la Junta Directiva.

Alcanzarlo no es sólo cuestión de deseos, eso lo sabe Montoya Puyana y por esa razón sostiene que hay que definir pasos y responsabilidades que “nos permitan a todos saber con exactitud para dónde vamos”.

Cometido en el que el rector hace una pausa para señalar que dentro del engranaje de la UNAB una parte vital la constituyen los profesores, a quienes expresa un reconocimiento por su alto nivel y permanente afán de preparación en maestrías y doctorados. A los decanos, Montoya Puyana también les abona su importancia como líderes de la docencia, la investigación y la extensión en sus respectivas áreas, asignándoles funciones específicas y delegándoles responsabilidades. 

Fortalecimiento de los posgrados
La estrategia implica el crecimiento del peso de los posgrados en la operación de la Universidad y sin titubear dice que se va a pasar del 25 a un mínimo del 50 por ciento. Su decisión le apunta igualmente a volcar la UNAB al sector productivo, terreno en el que reconoce que se han hecho buenos esfuerzos, “pero falta mucho por recorrer”. “No me cabe duda que la UNAB está colaborando con el progreso de la región, pero a ese motor tenemos que meterle cualquier cantidad de revoluciones adicionales para que sea más efectivo”, dice.

Su mirada se orienta en este aspecto al ofrecimiento de asesorías e investigación aplicada, a sabiendas de que no es un cometido que se pueda alcanzar de la noche a la mañana “pero sí es factible teniendo los objetivos claros y metidos entre ceja y ceja”.

¿Qué resultados espera el rector? Su intención es bajar la presión que en la operación de la Universidad ejerce el área de pregrado, contrarrestándola con el crecimiento en otros renglones, teniendo en la mira el incremento de la calidad de quienes ingresen a la UNAB.

Eso le permite adelantar que “vamos a tener unos niveles de exigencia muy altos”, ya que es consciente de que resultados del Icfes regulares generarán desempeños del mismo tipo, con contadas excepciones, y a la vez si los egresados son de alta calidad y competitividad, ellos mismos van a estar pensando permanentemente en que la UNAB les va a servir tanto para continuar su educación a nivel de posgrado como para suministrarle soporte a las empresas con las cuales estén vinculados, ya sean propias o en calidad de directivos o empleados.

“Si disminuye el número de estudiantes de pregrado por las exigencias que implementemos, no importa. Lo que nos importa es la calidad y podremos exigirla, para que tengamos egresados que se los peleen en el sector real”, asevera Montoya Puyana.

“En la medida en que podamos ir haciendo esa conversión y generando esos nuevos recursos, podremos apretar tuercas por otros lados”, dice.

Cambio de velocidad y de estilo
Ajuste de tuercas y conductas, porque el rector Montoya Puyana sostiene que su esquema de trabajo no es el de que todos los problemas lleguen a sus manos para él solucionarlos. “En el nuevo organigrama (páginas 6 y 7) existen unas líneas suficientemente claras de a quién se le debe reportar en cada caso y para ello cada decano, director o jefe sabrá cuáles son sus funciones y sobre esa base puedan delegar responsabilidad y toma de decisiones, porque no tiene sentido que nos demoremos en el manejo de toma de decisiones de los diversos aspectos que caracterizan la vida de la Universidad”, afirma.

La conclusión: un cambio de marcha con una planta de personal más racional que a su vez tendrá funciones adicionales.

Pero Montoya Puyana no desconoce que es necesario mejorar los salarios de docentes y personal administrativo, factor que ha generado secuelas y permisividad para obtener recursos adicionales. “Vamos a pagarles mejor a los docentes y administrativos, para que trabajemos sobre lo contratado”.

Y prosigue: “No tiene lógica que una persona desarrollando tareas administrativas le quite tiempo al trabajo para dedicarle a la docencia”. Igual tratamiento le dará a tantos procedimientos y costumbres “que no tienen sentido y no van a continuar así”.

En resumen, un estilo distinto, expresado de una manera tajante: “Yo prefiero ponerme colorado una sola vez y no descolorido el resto de la vida”. Y así lo han interpretado los propios vicerrectores, decanos, profesores, directores, secretarias, estudiantes y hasta padres de familia a quienes les ha subrayado: “La UNAB tiene que marchar como un relojito, porque solamente de esa forma es factible que podamos caminar por la ruta de la excelencia”.

“La camiseta no se la van a poder quitar ni por sudada que la tengan”, dice Montoya Puyana, quien aspira a que a su oficina del piso 5 o quienes lo aborden no le lleven problemas, sino soluciones y de una manera ágil. “No me gusta que las cosas se enreden en bobadas y a los estudiantes, nuestro objetivo fundamental, debemos brindarles soluciones y darles herramientas para que se defiendan en la vida, sin aflojar un milímetro en la exigencia académica. Los estudiantes son nuestra razón de ser y hacia ellos tenemos que trabajar”, concluye Montoya Puyana.

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