Salones de belleza, punto y aparte

May 2, 2005 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

En la calle 56 con carrera 32 está ubicado un reconocido salón de belleza que sobresale por su gusto particular: local grande, decoración elegante y afluencia de mujeres.

Las charlas de l os clientes se oyen a volumen moderado. En ellas los problemas caseros están a la orden del día y la política casi no se escucha. La consulta al peluquero es relajada y tiene que ver con estilos de peinados y cambios de apariencia.

Un hombre de unos 40 años lee el periódico, se levanta para preguntar a una muchacha recién peinada si le gustó el trabajo. Se trata de Joselín Cáceres, dueño tanto del establecimiento como de una trayectoria de 30 años en el negocio de la estética.

Su salón cumple con todas las normas exigidas por la Ley 711 por lo que considera no es justo que se permita el funcionamiento de lugares en los que no tienen el espacio adecuado: ?Los salones que funcionan en casas o garajes son peligrosos porque allí es muy fácil contraer infecciones. Por eso la ley me parece buena?. Aún así, Cáceres no augura siquiera el fin de los barberos, a quienes la normatividad parece afectar más: ?Nosotros no arreglamos bigotes ni barbas, por eso creo que pese a todo no van a desaparecer?.

En una peluquería tenga en cuenta

– La higiene del lugar.

– El certificado de funcionamiento otorgado por la Secretaría de Salud Municipal.

– La esterilización de los instrumentos de trabajo.

– Que los productos estén debidamente autorizados por el Invima.

– El uso del uniforme del peluquero.

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