Silvia se bañó en oro bolivariano

Ago 29, 2005 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez
Como serpientes tricolores, una tras otra, así fueron saliendo de su
bolso las tres medallas de oro que Silvia Victoria Angulo Rugeles acaba de ganar
en los XV Juegos Bolivarianos realizados en Armenia, Pereira, Cartagena y Bogotá
entre el 12 y el 21 de agosto.

Esta joven de 21 años, que cursa sexto semestre de Ingeniería
Financiera en la UNAB, pesa 47 kilos y es de signo Virgo, ratificó en
las recientes justas andinas por qué desde hace tres años es la
reina indiscutible de este deporte en el ámbito nacional, la segunda
en Suramérica y medalla de bronce en los Juegos Panamericanos.

Esta santandereana contribuyó con sus tres preseas a que Colombia, con
173 medallas de oro, 181 de plata y 116 de bronce, le pisara los talones a la
delegación de Venezuela, que se coronó con una ventaja de seis
doradas.

"La primera fue la más sufrida, la más importante y la más
difícil", dice Silvia al recordar el partido frente a la antioqueña
Isabel Restrepo, a quien ya le había visto la cara en la final de los
Juegos Nacionales en 2004 y había derrotado por tres a dos. Para llegar
a esa instancia debió también imponerse sobre otra colombiana,
una ecuatoriana y una venezolana.

Silvia fue de las pocas afortunadas que viajó en avión a Armenia,
porque la mayoría de los deportistas debió hacerlo en bus, y cuando
se subió al aparato acompañada de su hermano Daniel que estudia
Comunicación Social en la UNAB, y de sus padres Carlos Adolfo y Laura
Victoria, estaba convencida de cumplir con su cometido en un deporte que si
bien no es novedoso, tampoco cuenta con el patrocinio de las grandes empresas.

Para la segunda medalla, frente a Venezuela, hizo pareja con la Restrepo y
se impusieron 2-0. Para el tercer oro vencieron a Ecuador 3-0.

"Es superemocionante y uno siente orgullo de haber ganado y cumplido con
Colombia", manifiesta Silvia, quien le da las gracias a los metodólogos,
personal técnico y directivas de Indersantander, y a la UNAB, porque
"tengo beca completa y los profesores son muy flexibles con las fechas
de los exámenes cuando debo viajar".

Silvia ha sabido combinar el deporte (empezó jugando tenis cinco años
y alcanzó a ser tercera en su categoría), el estudio y la rumba,
y es por esa razón que en sexto semestre de Ingeniería Financiera
tiene un promedio acumulado de 4,3 y sueña con ejercer su profesión.
"El campo de acción es muy amplio y me gustaría dar soluciones
a cualquier problema financiero, trabajar en la bolsa de valores, ser una asesora
de inversiones o crear mi propia empresa", afirma.

Mucha dedicación
"Es difícil pero se necesita ser muy organizado", dice Silvia,
quien cada mañana hace una hora de trote, resistencia y velocidad, luego
dos horas en la cancha, estira, va a la casa, se baña, almuerza pollo,
frutas y papas -ensaladas no le gustan pero debe comerlas-, se da un "motoso"
y viene a clase toda la tarde en el bloque L, entre el calor y los vallenatos
a alto volumen de los negocios ubicados frente a la Universidad.

"A las seis y media juego una hora sola, como, hago tareas, estudio y
me acuesto a dormir. Los sábados entreno por la mañana, estudio
en la tarde; y los domingos estudio lo que más se pueda y descanso",
dice Silvia, consciente de que el trasnocho le afecta su condición física
y además llega a casa con pocas energías como para irse de fiesta.

"En el squash uno tiene que manejar unos niveles de adrenalina muy altos.
Es un deporte rápido que exige mucha preparación tanto física
como mental y eso es lo que me ha gustado, porque se necesita estrategia, saber
controlarse y tener una buena concentración", subraya Silvia, quien
cuenta con el patrocinio de la empresa francesa Tecnifibre, que le da tres raquetas
al año ($150 mil cada una) y ropa deportiva.

"Yo quisiera competir por la UNAB, no por el Club Campestre, y solamente
necesito que me paguen los $50 mil que vale la inscripción a los torneos",
expresa Silvia. Luego recoge sus galardones y se va presurosa a clase de Estructura
Financiera, para después poderse ver con su novio, el venezolano Hernán
Mariño, quien "apenas" ganó dos de bronce en el squash
bolivariano.

El 6 de septiembre próximo Silvia viajará a Ecuador, donde participará
en el campeonato mundial con la esperanza de no regresar con las manos vacías.
De las tres medallas bolivarianas solo le quedan dos, porque la otra se la regaló
a su abuela Mireya de Angulo, quien a sus 73 años se la ha pasado donde
sus amigas mostrándoles el logro de su nieta consentida. Otra persona
que está orgullosa es el rector Gabriel Burgos Mantilla, "mi tío
consentido", agrega.

Mientras tanto Silvia le recomienda a los estudiantes y profesores de la UNAB
que poco o nada practican deporte, "que no sean tan perezosos, que hagan
algo bueno en la vida y que con el deporte se les pueden abrir muchas puertas
y también divertir".

"Cuando tenga 35 años y haya conseguido ser campeona suramericana
y panamericana y esté entre las mejores 50 del mundo, podré colgar
la raqueta satisfecha; por ahora voy a darle duro", concluye Silvia Victoria.
Ella no cambia por nada el millón de gracias y las felicitaciones que
le dieron, así a los venezolanos el Gobierno de Hugo Chávez los
recompensara con el equivalente a cinco millones de pesos por medalla.

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