“Soy antiuribista pura sangre”, Vladdo

Nov 14, 2006 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez
Vladdo es el muchacho terrible de la caricatura y uno de los principales dolores de cabeza de los mandatarios de turno, en especial del presidente Álvaro Uribe Vélez.

En su registro civil figura como Vladimir Flórez, pero por ningún lado dice que es el padre de Aleida, ese personaje con el que tantas mujeres se identifican. Para su desgracia, es hincha de Millonarios, aunque nació en Armenia (Quindío).

Vladdo estuvo en la UNAB el jueves 9 de noviembre invitado por la Facultad de Comunicación Social, que celebra su acreditación nacional e internacional. No traía más que un computador y una bolsa repleta de ejemplares de la edición número 15 del “Periódico de la O: Un Pasquín”, su obra más reciente. No tiene publicidad ni precio y su valor es “civil”. Es una publicación que se proclama “políticamente incorrecta” y en 12 páginas acoge firmas como Juan Manuel López C. y Carlos J. Villar, además de un “test de medición de la lógica de vender el sofá”.

Declaró que fue de los “culiprontos” que abrió blogs en Internet y al cabo de dos días jamás volvió a actualizarlos. Dijo que sigue creyendo en el futuro de la prensa y subrayó que a los periodistas colombianos, en general, “nos sobra soberbia, porque nos falta preparación”.

Por último, les recomendó a los cerca de 200 asistentes presentes en el Auditorio Mayor que se podían llevar un ejemplar, mas no a los simpatizantes de Uribe Vélez porque con seguridad les saldrían ampollas en las manos.

¿Hay algo peor para Vladdo que soportar al asesor presidencial José Obdulio Gaviria en el programa Hora 20 de Caracol?
Esa es de las pruebas difíciles que hay. Eso es un trago poco grato pero toca hacerlo en aras del pluralismo democrático e informativo.

¿Qué le falta al “Palacito Presidencial” que usted dibuja en Semana, si ya tiene elefante, avioneta, columnas para otro piso, una curita…?
Pues en la medida en que vayan surgiendo cosas se le irán incorporando, y como este Gobierno lo sorprende a uno tanto, entonces no se sabe mañana qué más haya que ponerle.

¿Usted es “cooperante” o no le jala a ese cuento?
Indudablemente soy cooperante, pero no con Uribe, sino cooperante antiUribe. Yo soy antiuribista pura sangre. Desde el 2 por ciento ya lo era.

¿Le pasó el guayabo por la reelección de Uribe, a la que usted tanto se oponía?
El mamonazo ya está asimilado. En todo caso no fue tan sorpresivo, pero el asunto es que ya la estantería uribista está empezando a ceder y estamos viendo como se empiezan a caer los platos. Ese es un proceso irreversible que más temprano que tarde va a terminar consumándose.

¿Por eso el desorden en las filas uribistas, que ni siquiera el propio mandatario logra poner el tatequieto?
Es muy diciente el hecho de que el Presidente de la República no sea capaz de organizar a sus propias huestes. La culpa no es del Congreso, sino del que se supone que es el líder, del que los ayudó a elegir y resulta que ahora no los puede controlar. Ahí es donde se produce el fenómeno que llamo de “Álvaro Montoya”, que es Álvaro Uribe actuando como Juan Pablo Montoya.

Así que Uribe nunca tiene la culpa de las cosas malas y siempre es culpa del equipo, la carretera, las llantas, los rines, la carrocería o el motor. Pero cuando él gana, entonces es él, porque es trabajador, disciplinado, consagrado, responsable. Sin embargo, creo que la gente se empieza a dar cuenta de que eso no es así y de que el Presidente hace cosas mal hechas.

¿Tiene al menos un ejemplo?
No hay que ir muy lejos. En la última edición de Un Pasquín denuncio que la empresa Avantel va a terminar convertida en el cuarto operador celular del país, sin pagar un centavo, mientras que Ola, que fue la que menos pagó tuvo que dar 54 millones de dólares nada más de banderazo. Comcel y Celumóvil, ahora Movistar, pagaron en su momento más de 600 millones de dólares de banderazo y aparte de eso pagan el 5% de sus ingresos brutos cada año al Gobierno, mientras que Avantel en los diez años que lleva operando como empresa de radio ha consignado escasamente unos 30 millones de dólares.

Y así y todo, los van a convertir de empresa de radio –como las empresas de radio de los taxis–, en empresa celular, sin pagar un solo peso. Dándose la coincidencia de que el señor gerente de Avantel es amiguísimo del presidente Uribe. Trabajó en su campaña para el 2002, fue su representante en la Cámara de Comercio de Bogotá, y es un personaje muy cercano al Gobierno.

Además el periódico El Tiempo es accionista de Avantel y eso explica por qué ese diario escribe tantas columnas en contra de los servicios de celular, o al menos ayuda a entender el tema. Y hay tres accionistas de El Tiempo, por consiguiente de Avantel, en el alto Gobierno: el Vicepresidente de la República, Francisco Santos y los ministros de Defensa, Juan Manuel Santos, y de Medio Ambiente, Juan Lozano. Y así como ese debe haber un sinnúmero de casos que empezarán a destaparse y a mostrarnos el Uribe que de verdad es.

Al presidente brasileño Lula Da Silva los escándalos por poco le cuestan la reelección. ¿Uribe Vélez está blindado a los escándalos?
Lo que pasa es que en Brasil son un poco más serios de lo que somos en Colombia, porque aquí pasan muchas cosas graves pero nunca pasa nada serio. Entonces es indudable que esos temas de malos manejos y de amiguismo en algún momento el electorado empieza a cobrárselos y Uribe perdió seis puntos de popularidad en el último mes.

Con esas críticas tan vehementes y constantes contra el Gobierno, ¿teme que un día de estos le falle el rotor al helicóptero en el que usted vaya?
Por eso no viajo en helicóptero, y menos en Antioquia.

¿A la Seguridad Democrática le salió el tiro por la culata?
A los uribistas les va a salir el tiro por la culata y el Presidente va a tener que cambiar el nombre de la Seguridad Democrática y ponerlo Oscuridad Democrática, eso le queda más fácil.

¿Si Juan Manuel Santos es Ministro de Defensa, eso quiere decir que en Colombia todo es posible?
En Colombia todo es posible porque un tipo como Santos, que carece de muchos conocimientos, que no tiene mucho respeto por las normas éticas, como a mí me consta, es un tipo que no debería estar en ningún cargo, ni siquiera de portero de un Ministerio, pero esas son las cosas que da la política.

¿A quiénes está dirigido Un Pasquín?
Un Pasquín es para que lo lea la gente que ve pajaritos de oro por todas partes. Aunque es muy difícil que la gente que está hipnotizada con el Gobierno asuma el reto de ver la otra cara de lo que nos muestran en la gran prensa, es importante que tenga la mente abierta y acepte que hay otras cosas que no nos han contado, que están sucediendo, que son graves y que no tenemos por qué olvidarlas. Esa es la tarea que nos hemos puesto en Un Pasquín: mostrar esas cosas que en los otros medios apenas las tocan de un brochazo o directamente las olvidan, sin hacerle ningún tipo de control cívico.

Aparte de ganarse enemigos, ¿qué más está haciendo con su periódico?
Desde que arranqué este proyecto a finales del año pasado he considerado que esta es mi tarea de Cívica. ¿Por qué hago Un Pasquín? Porque quiero y porque puedo. Porque considero que se necesitan unas voces disonantes, unas voces que no se plieguen a los mandatos ni a las coqueterías del poder. Y puedo hacerlo en la medida en que todavía en este país se puede votar y expresar libremente, y eso hay que aprovecharlo porque no sabemos cuánto nos va a durar.

¿Qué le causa más gracia: el fiscal general consintiendo a su perrita o el diván de su psíquico?
Comparado con lo que hacen otros funcionarios, lo que hace el fiscal es bastante inofensivo. Lo peligroso es que el fiscal se volviera perro faldero del Gobierno y a veces le da a uno ese pálpito, aunque en general ha tratado de mostrarse como un funcionario que no se deja manosear. Vamos a ver si lo logra.

La negociación con los paramilitares va en que falta poco para que llamen “faltón” al Gobierno. ¿Era un final previsible?
Sí y lo he escrito en la columna que tengo en el periódico Portafolio, porque hemos sido testigos de una mentira, de una tapadera, en la que no sabemos qué es lo que el Gobierno ha negociado y les ha ofrecido a los paramilitares. No sabemos si les ofreció el departamento de Antioquia a cambio de que se entregaran. El problema es que el día de mañana dicen ‘es que el Gobierno nos prometió esto y aquello’ y empiezan a pasar la factura. Eso es lo que está haciendo Vicente Castaño.

Este es un proceso que, contrario a lo que ocurrió con otros que se han adelantado en otras oportunidades, se ha hecho a espaldas del país y no tenemos idea de en qué circunstancias se está negociando, qué les prometió el Gobierno a los paramilitares, qué les aceptó. Esa fue una conversación entre el Presidente, su comisionado de Paz y los caballeros de La Ceja y Ralito. Una cosa absurda.

¿Le preocupa el manejo que las Farc y el Gobierno le han dado al llamado “intercambio humanitario” o está de acuerdo con ese tira y afloje de ambas partes?
Nadie se merece ese irrespeto. El primer responsable de ese martirio al que están sometidas tantas familias, son las Farc, que no tienen por qué involucrar a los civiles en el conflicto y no tendrían por qué secuestrar a ningún ciudadano. Las Farc tienen que mostrar que hay voluntad de acabar con esa demencia criminal en la que andan metidos. Pero también hay que tener en cuenta que es obligación del Gobierno procurar las vías para facilitar el regreso de esas personas a sus casas, y eso no se hace a través de pataletas ni de decisiones tomadas con los intestinos sino con la cabeza.

Hay que hacer un proyecto de aproximación con las Farc porque está visto que no los van a poder liberar militarmente, primero porque no están capacitados y, segundo, porque no tienen la más remota idea en dónde están. Eso es una tontería, aparte de los riesgos que conllevaría una operación de esas.

¿Qué consulado o embajada le callaría el “pico” a Vladdo para volverlo uribista?
Si me endosaran vitalicia la embajada en Alemania, de pronto… Pero eso es apenas un chiste. No aspiro a tener cargos en el Gobierno porque no soy como tantos periodistas tránsfugas que hemos tenido que van de un lado para el otro y regresan, sobre todo en el periódico El Tiempo, donde la puerta giratoria la han cerrado tantas veces que se les dañó la bisagra y ya quedó como la puerta de los hoteles.

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