Taller sobre animación tridimensional

Ago 21, 2008 | Institucional

Como parte de las actividades previstas por la adquisición del Laboratorio Educativo 3DS MAX a Nazca Digital, el único Centro de  Entrenamiento Especializado en Colombia en Animación 3d y Composición Digital, Jimmy Martínez, artista digital y representante de esta  organización, dictará un taller sobre animación tridimensional a los  estudiantes y docentes del programa de Artes Audiovisuales el próximo martes 26 de agosto entre las 2:00 p.m. y las 6:00 p.m. en el Aula de Animación.

Así mismo, el miércoles 27 de agosto ofrecerá en el Auditorio Menor,  entre las 2:30 p.m. y las 5:00 p.m la conferencia, "Efectos Visuales y Construcción de Personajes en 3d".

el patio, desde allí contempló una cantidad de ancianos y ancianas sentados en bancos; unos parecían dormidos, vio rostros deformados, retorcidos y exprimidos por los corredores que iba caminando; vio rostros empequeñecidos por la codicia, la envidia, la soberbia, pidiendo perdón al eterno Demiurgo y limpiándose las lágrimas con los mantos de las esculturas de los santos. Vio la enfermedad deambulando de la mano de otras enfermedades que se engolozaban con sus viejas víctimas; la enfermedad como leona hambrienta atacaba por todos los costados a seres indefensos y de paso moribundo.

En el ambiente del ancianato se respira un olor de viejo que a los viejos deprime, es un olor que pervive, se multiplica, se transmuta, se vuelve carne y se pudre; el silencio de los otros ancianos era monumental ante la presencia del viejo Camilo; era el mismo silencio que precede a una conferencia inédita, que huele a paradigma, hierro calcinado o a ostracismo.

Al viejo Camilo le parecieron los ancianos del último pasillo muñequitos de cera, sin embargo la muerte estaba allí apoltronada en su sabiduría milenaria contemplándolo, señalándole cada segundo que se acercaba a su fin terrenal; sonriendo en su espera inmortal; marcando en el rostro de los ancianos allí sentados, los segundos extras que la muerte les ha concedido, para su propio deleite; la muerte disfruta la espera, como el gato erotiza el momento que precede al clavar los colmillos en la yugular de la víctima a quien le ha dado unos minutos de espera; alguien ha pensado por un momento el terror del ratón condenado a muerte por el gato y que él solo se dedica a esperar y mirar con sus ojos devoradores, el momento del zarpazo.  La muerte le había ordenado a esos ancianos de cera que desocuparan la materia; y ya en varias oportunidades les había advertido con enfermedades incurables que ese cascaron era solo prestado de la vida, cuya esencia es la muerte.

Los viejos no eran personas, sino objetos que los mismos seres humanos, identifican, coleccionan, desechan, amontonan, clasifican, codifican, y microfilman, en los ancianatos. Algunos ancianos disfrutan una sonrisa piadosa imaginaria que les calmará la infinita soledad de estar perdidos en medio de tantos objetos condenados al olvido.

El Viejo Camilo, quiere huir del asilo, no soporta la entrega pasiva a la muerte, así sea la única certeza de la vida; detesta a los ancianos, congelados, momificados, alcanforizados cuyo único anhelo es formar parte del deplorable espectáculo llamado vejez. “De por si la vejez es miserable”. –Gimió para sus adentros-, e intenta huir.  

Sin embargo, en el preciso momento en que va a girar su cuerpo, para traspasar el portón del Ancianato y retornar a la incertidumbre de la calle, percibe con el rabillo del ojo, una anciana vestida de blanco. Sus recuerdos lo llevan a trastabillones al rostro amado de su divina juventud.

No podía ser Diana, ella según sabia se había casado con un ingeniero de petróleos de los Emiratos Árabes y era asesora de la cancillería de relaciones internacionales para uno de esos países.

La contempló absorto confundiendo la realidad con la fantasía; ella debería tener los signos de la piel envejecida; por el contrario, ella mostraba lozanía; sus ojos oscuros mantenían aquel negro hechio del misterio de la materia; no pudo aguantar su emoción, buscó un banco y como pudo se sentó embelesado; sacó de la cartera de cero una foto laminada de una mujer; sus cabellos negros caían como cascadas por el brazo desnudo.  Tomó la foto entre sus dedos temblorosos; alzó la foto en dirección de la anciana; comparo. ¿Era ella su amor?

Se acercó tembloroso a Diana y le dijo: – Yo soy Camilo el amor eterno de tu juventud.

Ella sonrió, emocionada, dobló la rodilla y le dijo inclinada al oído –Yo soy Manuelita Sáenz, el eterno amor de Bolívar.

El viejo Camilo decidió ingresar al Ancianato la Divina Inmaculada para vivir la paradoja de huir de la vejez, viviendo en la vejez.

Por: Alhim Adonaí Vera Silva
Decano Facultad de Educación

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