Un nuevo espacio, una nueva etapa

Ago 15, 2006 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Instituto de Estudios Políticos IEP–UNAB
iep@unab.edu.co 

El IEP–UNAB es una dependencia adscrita a la Escuela de Ciencias Jurídicas y Políticas, que desde julio de 1998 ha centrado sus esfuerzos en promover el estudio de la ciencia política, la investigación interdisciplinaria de los fenómenos sociales y políticos y, la asesoría y promoción de la participación política.

Para ello, el Instituto cuenta con tres grupos de investigación en: Ciencia Política, Instituciones Políticas y Opinión Pública, y Democracia Local; los cuales están clasificados por Colciencias, uno en categoría B y dos en categoría C.

Igualmente promueve la formación de jóvenes investigadores, mediante sus dos semilleros de investigación: Procesos Democráticos Juveniles y Estudios de Paz, Noviolencia y Reconciliación.

Contando así mismo el IEP, con la revista académica Reflexión Política, que se encuentra indexada por Colciencias y que se constituye en un medio de difusión de la labor investigativa, del análisis social y político, y del debate multidisciplinar.

Por tanto y conforme con los fines del IEP–UNAB, este espacio busca promover la formación de una cultura política, donde los ciudadanos sean cada vez, con mayor fuerza, los protagonistas de los espacios públicos.

Otro de sus objetivos es generar en las personas pensamientos críticos ante su realidad, y sobre todo entiendan que la política, tal como lo afirma Hanna Arendt “se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres, se trata del estar juntos los unos con los otros…la política surge en el entre y se establece como relación” ** , es entonces la actividad que más acerca a la convivencia pacífica y a la creación de alternativas de desarrollo para sí mismo y para su comunidad.

Por eso, en el afán por fomentar la reflexión y aprovechando que en nuestro país también comenzó el segundo mandato presidencial de Álvaro Uribe Vélez (2006–2010), queremos analizar uno de los aspectos mas relevantes de su discurso de posesión del pasado 7 de Agosto, el cual tiene que ver con la paz y los medios para conseguirla.

Sin lugar a dudas y tal como lo demostró en el período inmediatamente anterior, la política de seguridad democrática continuará siendo la prioridad en el gobierno, estableciéndose como una política de Estado, como un valor democrático, que según el Presidente, es la base fundamental de la reconciliación total.
Una reconciliación que se lograría con el establecimiento de la paz, una paz para la que se piden hechos que generen confianza, y abran la posibilidad de diálogo con los actores involucrados en el conflicto.

En este sentido, se debe comprender que para promover una salida al conflicto armado que vive el país, la primera condición es que exista una voluntad real de las partes enfrentadas, un cese al fuego inmediato y expresiones mutuas de paz.

Sólo así, es posible comenzar a discutir una salida negociada, cuyo diálogo debe incluir como voz principal a la sociedad en su conjunto, pues ha sido “ toda” la sociedad colombiana la víctima de estos años de violencia.

Por eso, hablar de Reconciliación en una coyuntura como la colombiana, no es nada fácil, aunque si deseable.

Un proceso de reconciliación es complejo, pues debe incluir en torno a los mismos objetivos a todos los actores, debe marcar derroteros que garanticen que las expresiones violentas del conflicto no volverán a surgir: apertura y garantía de espacios democráticos plurales e incluyentes, condiciones de vida digna y fortalecimiento del estado social de derecho; aplicación y fortalecimiento de la justicia, reparación y restitución efectiva para las víctimas y por supuesto planear escenarios de convivencia basados en la reinvención del pacto social.

Lo que nos demuestra el discurso del Presidente es que no es descabellado pensar en una salida negociada al conflicto armado, que la opción de la derrota por la vía militar ha demostrado ser poco viable y nada sostenible; y lo más importante es que se convierte en un invitación a la sociedad civil en su conjunto, a tomar las riendas del proceso y exigir hechos concretos de paz de parte de cada uno de los actores implicados.

Arendt, H. (1995) De la historia a la acción. Barcelona. Editorial Paidos. Pág. 165.

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