Un trabajo al que pocos se le miden

Sep 24, 2007 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Johan Triana Berdugo?
jtriana@unab.edu.co
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Debido al af?n de obtener dinero en buenas cantidades, como sus t?os dedicados a la ganader?a, Jairo P?ez resolvi? abandonar el estudio cuando apenas cursaba sexto bachillerato, y luego, con el paso de los a?os, sus opciones de vida y laborales se redujeron debido a las exigencias que para ciertos empleos piden, entre los cuales se encuentra el haber cursado hasta und?cimo grado – como m?nimo – para hacerse a una vacante de celador, la cual le fue negada alguna vez.?
Para este servidor de la Ciudad de Los Parques, sus estudios s?lo le alcanzaron para trabajar como un ?marrano?, apodo que les tienen por estar siempre metidos entre la basura y por cumplir como en el caso de Jairo, con este oficio al que ?pocos se le miden?, adem?s, por la dif?cil situaci?n laboral del pa?s.
Esta rutina de trabajo empez? cuando ten?a 20 a?os, ?y desde ese tiempo hasta el momento poco ha cambiado?, pues a las 4:00 a.m. de casi todos los d?as, P?ez se despierta a tomarse una taza de tinto junto con Gabriela Sep?lveda, su esposa. Ella, quien lo acompa?a desde el mismo tiempo de su ingreso a la empresa, le prepara desayunos cargados ?para que no le vaya a dar la p?lida y no se enferme?. Adem?s, es su primera compa??a a esa hora de la madrugada.
Una hora y media despu?s, cuando llega a una estaci?n de gasolina en el Anillo Vial donde est? ?la base?, este trabajador de uniforme amarillo, guantes gruesos y una gorra del mismo color de su atuendo, empieza la labor que puede extenderse hasta las 6 de la tarde y en algunas ocasiones, finaliza pasado el mediod?a. Sin embargo, otras veces es la lluvia la que hace que todo sea m?s pesado y dif?cil.
A causa de una diarrea y un inaguantable v?mito, P?ez casi renuncia a este trabajo cuando s?lo llevaba tres d?as; adem?s, la necesidad de responder por una familia y las m?nimas esperanzas de una mejor ocupaci?n, fueron ir?nicamente sus fortalezas para no dejar el empleo que, como en sus mismas palabras dice ?ha sido el que me ha dado a m?, a mi se?ora y a mis dos hijos, casi todo?.
Las tres acciones que resumen esta actividad son: saltar del cami?n, correr detr?s del mismo y echar la basura. Adem?s requiere de un estado f?sico envidiable para mantener ese trote de m?s de seis horas consecutivas, hasta que el cami?n se llena y se va al relleno sanitario El Carrasco. Igualmente es necesario tener un sentido del olfato atrofiado para tolerar los nauseabundos olores que salen de los desechos que dejan las personas en los andenes.
En vista de su temprano error, ?l, junto a su esposa les infunden a sus dos hijos, Jos? y Arnold, la importancia de estudiar para ser alguien en la vida, pues con sus vivencia laborales, les ense?a lo duro y desagradable que es su labor; primero por la mala retribuci?n que tiene, pues ?el trabajo es mucho pero el sueldo es poco, porque mensualmente, eso s? cumplidos, nos pagan los 480 mil pesos, de los cuales 60 mil son para transporte, y con el resto toca mantener la casa?, afirma P?ez con resignaci?n.
Las enfermedades a las que se exponen es una de las preocupaciones que a ?l y a sus casi 450 compa?eros de trabajo (recolectores, conductores y barrenderos) los acechan, debido al inminente contacto con residuos t?xicos, elementos en descomposici?n, agujas y latas oxidadas ?tambi?n hay cosas con que uno muchas veces no sabe qu? enfermedad pueda tener?, asegura Jairo, a quien este tipo de situaciones le parecen normales, ?debido a que las ronchas que a veces nos salen en los brazos y las manos, ya se van solas.? Adem?s, cada seis meses, la empresa nos vacuna contra cualquier enfermedad como Fiebre Amarilla, T?tano y otras enfermedades? y agrega: ?Tambi?n tenemos seguro m?dico, y cualquier cosa que nos pase, ?l responde, claro que perder un d?a de trabajo por una enfermedad nos descuadra el sueldo, porque los d?as que no trabajamos, as? sea por estar enfermos, nos lo descuentan; y entonces por la responsabilidad, el temor de que nos echen y la necesidad de completar la plata, nos toca salir a trabajar a veces medio enfermos, para poder pagar deudas y darle a la familia lo que m?s se pueda?.
En compa??a de su equipo de trabajo (un conductor quien responde por? la operaci?n y tres recolectores), Jairo sale todos los d?as a recoger los desechos de solamente la mitad de Bucaramanga, la cual est? dividida de la siguiente manera: desde la Avenida La Rosita hacia el sur, es su zona de trabajo, o como ellos le dicen ?su ciclo? y desde la misma avenida hacia el norte la labor la realiza la Empresa Municipal de Aseo de Bucaramanga (EMAB), y esta labor s?lo la desempe?a en la ciudad de Bucaramanga, pues Floridablanca y Gir?n tienen sus diferentes contratistas para este servicio.
Aunque en la basura es raro que puedan encontrar cosas de valor, a Jairo la vida alguna vez le sonri?, pues cuenta que se encontr? una buena cantidad de dinero (Un mill?n doscientos mil pesos) dentro de lo que ?ya no sirve?. Luego, ?l y su ?combo? repartieron eso en partes iguales, ?porque somos un equipo, y cuando un compa?ero se cuelga, nosotros le damos la mano, y cuando nos encontramos cosas o la gente nos regala algo, lo repartimos?.? Sin embargo, son pocas las personas que valoran su trabajo, y en ?pocas decembrinas les entregan como si fuera un premio, anchetas, cajas de galletas y vinos, como recompensa a su incansable labor; luego, cuando re?nen esos homenajes, hacen lo mismo que cuando se encuentran algo, los reparten entre los miembros del? equipo.
?Lloviendo, al rayo del sol o como nos toque, recogemos y cumplimos con nuestro deber de tener limpia la ciudad, y si bien s? cuando empiezo a trabajar pero no cuando termino, ?sta es la ?nica forma que tengo para vivir, y a pesar de tener esos olores siempre pegados en la nariz, es lo que me toc? hacer, aunque en mi cabeza tengo la esperanza de salirme de ac? para algo mejor, sobre todo por mi se?ora y mis hijos?, afirm? este servidor de la Ciudad Bonita de Colombia.

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