Una locura para una fecha especial

Mar 5, 2007 | Institucional

Por Pastor Virviescas Gómez
El presidente de la Academia de Historia de Santander, Armando Martínez Garnica, no tiene un tornillo suelto. Otra cosa es que se entusiasme tanto con los 150 años de creación del Estado Soberano de Santander, que se atreva a lanzar ideas que pueden desentonar en la apacible rutina de esta villa de Bucaramanga, hoy convertida en ciudad.

Martínez Garnica, conocedor como pocos de la evolución de la historia de la región, fue el invitado especial a la Tertulia realizada el martes 27 de febrero en el Hostal UNAB, por iniciativa del vicepresidente de la Junta Directiva de la Universidad, Alfonso Gómez Gómez, y la Asociación de Egresados, Aseunab.

Durante dos horas sumergió a los 45 asistentes en los orígenes del Estado de Santander y llamó su atención sobre la importancia que el sesquicentenario tiene para las gentes que aquí habitan. En su concepto, es una efemérides que renueva la idiosincrasia del pueblo santandereano y su fe en el porvenir, y por ello 2007 debe ser el Año de la Santandereanidad.

Vivir la UNAB dialogó con Martínez Garnica. 

¿El 13 de mayo de 2007 qué hay para conmemorar?
Ese día es domingo, Día de la Madre. Yo he propuesto una locura ciudadana y es regalarle a la ciudadanía un concierto espectacular a las 6 y media de la tarde, en la Plaza Cívica Luis Carlos Galán, sobre una tarima, con 70 músicos dirigidos por el maestro Sergio Acevedo (ex decano de la Facultad de Música de la UNAB y director de la Orquesta Sinfónica UNAB). Tocarán cuatro composiciones de músicos santandereanos del siglo XIX y luego la Obertura 1812 de Peter I. Tchaikovsky con las campanas de la iglesia de San Laureano, 18 cañonazos de salva de la Quinta Brigada y juegos artificiales.

Pero antes de eso propongo una marcha ciudadana que arranque a las tres de la tarde del Parque de los Niños por la carrera 27, baje por la calle 36 hasta la Plaza Galán, en donde todas las personas sin distingo, organizadas en subgrupos profesionales, sociales, manifiesten su adhesión a los atributos culturales de la santandereanidad y a la grandeza de Santander. Al llegar allá, dos discursitos y luego el concierto.

En Colombia solamente una vez se puso en escena la Obertura 1812 en la Plaza de Bolívar de Bogotá, con las campanas de la Catedral y los cañones de la Guardia Presidencial. El maestro Acevedo sabe que en Bucaramanga no hay tantos músicos, por lo que hay que traer 30. Los empresarios los traerían de Bogotá y Medellín, cinco días antes.

¿Cuál es el valor de eso llamado “Santandereanidad”?
En esencia son atributos culturales, que provienen de la Constitución de Pamplona de 1857. Ellos son: la autonomía, la libertad, la igualdad, la fraternidad. Nosotros somos un pueblo absolutamente moderno en términos políticos. Hay pueblos en Colombia que hablan de tradiciones ancestrales, milenarias; nosotros no tenemos nada de eso, Nacimos en 1857 como santandereanos por obra de la libre voluntad de los legisladores.

Todo es un artefacto político pactado de ciudadanos, libremente, y nosotros no reclamamos nada ancestral, porque somos hechura política de la Asamblea de Pamplona. Antes no éramos sino provincias: Socorro, Pamplona, Vélez, Girón… pero como santandereranos solamente existimos después de 1857. Atributos, en resumen, de la ciudadanía moderna, de igualdad ante la ley.

¿Santander es un accidente histórico?
Los legisladores de 1857 no sabían qué iba a resultar y perfectamente pudieron haber resultado los Estados del Socorro y de Pamplona. Ocaña pudo haberse quedado con el Estado de Bolívar; Vélez pudo haberse quedado con el Estado de Boyacá. Somos el resultado de una cosa no planeada por nadie en especial, que resultó finalmente así y luego la Carta del Estado homogeneizó políticamente a los que quedaron adentro y nos sigue homogeneizando porque esos son los valores de la ciudadanía que hoy en día están incorporados a la Carta Constitucional de 1991. Ya no son sólo santandereanos, sino de todo el país, pero nosotros los estrenábamos primero que todos y eso hizo que fuéramos la vanguardia política en 1857.

Cuéntele a un joven de hoy, que hace 150 años hubo un ente llamado Estado Soberano de Santander. ¿Eso cómo se come?
Se come como un experimento político que dejó atrás una tradición colonial de provincias en las cuales la gente se dividía por estamentos, se separaba por fueros especiales y transitaron a la vez a un mundo donde todos somos iguales ante la ley, dejando atrás las preeminencias y las prohibiciones de los estamentos. Esa fue la transición: pasamos todos a lo que hoy en día disfrutamos y que los jóvenes piensan que es gratis, que todos seamos iguales ante la ley. Eso no fue gratis; es una conquista política que tomó guerras y sacrificios para haber dejado atrás, en 1857, la desintegración social y la división por estamentos, clases, estatus.

¿Eso da pie para pensar que hay una raza santandereana? ¿O no es para tanto?
No somos una raza; somos un cuerpo político de ciudadanos iguales ante la ley. Ciudadano no es raza, porque la ciudadanía no tiene atributos. La ciudadanía son unos pactos en que somos libres, autónomos, iguales y solidarios. La raza es un atributo de los regímenes antiguos. Los santandereanos somos un cuerpo ciudadano moderno, de vanguardia, no somos raza.

¿Comparados con el engendro de hoy, usted ha notado alguna evolución de los partidos políticos tradicionales, Liberal y Conservador?
Hoy en día no hay partidos. Esos eran partidos que tenían líderes ideológicos; hoy en día son empresas privadas. No hay ninguna semejanza entre la política actual y los partidos que contendían por programas ideológicos en el siglo XIX, que construían el mundo político a partir de sus ideas y en el que la gente iba a la guerra por la defensa de un credo ideológico.

¿Hay que sentir nostalgia porque se haya acabado el Estado Soberano de Santander o ese era su destino?
Tenía que acabarse porque tenía una limitación. Fue un paso adelante en el proceso de integración de la Nación, pero el siguiente paso fue una mayor integración y no podemos devolvernos. La Nación proyectó una integración social y lo hizo, así que no podemos regresarnos. Hoy en día somos ciudadanos de Colombia; no podemos regresarnos a una ciudadanía santandereana, sería un retroceso. No hay que sentir nostalgia, porque hicimos lo que hubo que hacer y hoy en día somos ciudadanos de Colombia y estamos integrados con los demás Estados. Dimos un paso adelante y no hay marcha atrás.

Pensemos por un instante que esos 35 políticos y dirigentes que crearon el Estado Soberano de Santander se levantaran de sus tumbas. ¿Qué sentirían al ver el Santander de hoy?
Se sentirían orgullosos de pensar que lo que ellos propusieron para un pequeño Estado, hoy en día se realizó en todo el país. Dirían, lo que inventamos hoy es patrimonio de la Nación colombiana y estarían satisfechos de su obra política, porque su obra no fueron proyectos económicos. Ahora bien, si Santander se integró por caminos y tiene tantas universidades, eso fue parte del proyecto federal: escuelas y caminos. Estamos llenos de universidades y eso fue parte del proyecto. Nos faltan más vías, también es cierto.

¿Cuál fue la herencia negativa que nos legó el Estado Soberano de Santander?
Quizás el lastre es seguir sintiéndonos santandereanos porque ese es un obstáculo para la integración total en la Nación colombiana. El día en que se nos olvide que somos santandereanos, antioqueños y boyacenses, y seamos colombianos a secas, ese lastre ya no existe y será una Nación absolutamente integrada y modelo. El regionalismo es un lastre para la integración.

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